La legendaria presentación de Keith Jarrett en enero de 1975 estuvo a punto de no realizarse. Basada en hechos reales, La chica de Colonia reconstruye el esfuerzo detrás de uno de los hitos más importantes de la historia del jazz. El relato sigue a Vera Brandes, una joven promotora adolescente cuya determinación la lleva a organizar, contra todo pronóstico, un concierto en la prestigiosa Ópera de Colonia en Alemania.
Crítica
Köln 75 o, en países de habla hispana, La chica de Colonia, es una película sobre ambición, lucha y perseverancia. Vera Brandes, ícono del mundo de la música de los ‘70, es interpretada por Mala Emde para contarnos un poco de su historia.
Desde el primer instante, este film llama la atención y despierta la curiosidad de cualquiera que estuviera medio despistado. Nos avisa lo que estamos por ver de una forma magnética y con una metáfora tan simple que no podemos terminar de entender hasta que no retomamos esa idea al final de la película. Voy a permitirme parafrasear esa misma metáfora para tratar de explicar de qué se trata: Esta no es la historia de Miguel Ángel o de la Capilla Sixtina, es sobre el andamio que lo sostuvo para poder pintarla.

Vera Brandes es una joven que anhela trabajar en la industria de la música y, sobre lo que parece una pequeña oportunidad, construirá las bases para el trabajo de su vida. Desafiante, carismática y ambiciosa, irá detrás de sus objetivos, incluso cuando parecen imposibles de cumplir.
Esta película tiene un excelente manejo del ritmo. En un primer acto, Vera va y viene siempre corriendo, con un desafío tras otro. Cámaras que solo parecen quedarse quietas cuando ella también lo hace (en contadas ocasiones). Este ritmo acelerado, movido por relojes de industrias y ambiciones personales, me recuerda, en parte, a la nominada a los Premios Oscar, Marty Supremo por los movimientos rápidos, los cambios de escenarios y los obstáculos constantes que van siendo salteados. Sin embargo, la película sabe bien cuándo reducir esa velocidad.
No es solo sobre aceleración, los instantes de pausa, abstracción y presente, también son logrados. El tiempo de la película se paraliza y lo hace también el del espectador. En la mayoría de los casos estas pausas temporales son causa de la música, únicos momentos capaces de lograr la abstracción de personajes y audiencia. El trabajo sonoro de este audiovisual es fascinante, los detalles, superposiciones y matices de sonido destacan tanto, o más, que la imagen.

Esta última no deja de tener sus propios juegos. Desde la primera escena, los personajes se dirigen hacia nosotros directamente y nos permiten interactuar. Nos explican de manera directa elementos que nos son ajenos a quienes vemos desde afuera ese universo, utilizando recursos humorísticos que nos descolocan por la ruptura de códigos que implican.
Este film, ganador del Premio de la Crítica (ACCEC), entre varios otros, tiene un trabajo de colorimetría alucinante, desafiando la discutida tendencia actual del color apagado. Asimismo el montaje consigue trasladarnos sin perder en ningún momento la intensidad que tienen incluso los momentos más calmos. La cámara parece estar cómoda en planos secuencia largos, en planos estáticos grandes o chicos.
En fin, esta película merece ser vista con la mente despejada y predisposición a un viaje de subidas y bajadas.
Título: La chica de Colonia.
Título original: Köln 75.
Dirección: Ido Fluk.
Intérpretes: Mala Emde, John Magaro, Alexander Scheer, Michael Chernus, Ulrich Tukur, Jördis Triebel, Susanne Wolff, Shirin Lilly Eissa, Marie-Lou Sellem.
Género: Drama, Musical, Biográfico.
Calificación: Supervisión parental sugerida (SP).
Duración: 116 minutos.
Origen: Alemania/ Polonia/ Bélgica.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Mirada Distribution.
Fecha de estreno: 21/05/2026.
Puntaje: 10 (diez)
