Por Pablo Arahuete

¿Relato fantástico y misógino o fábula moral y perversa? Lo cierto es que El pasado, noveno film del marplatense Héctor Babenco no se decide por ninguna de estas vertientes y se deja llevar por la corriente de humores y dolores que atraviesan una trama motorizada por las pasiones.

En apariencia, también resulta tangencial el recorte, el abordaje que el director hizo de la novela del crítico y escritor Alan Pauls. Por lo menos, de esa incómoda traspolación del texto literario al rigor del celuloide quedaron afuera -según la opinión de quienes lo leyeron- varias subtramas e incluso la fuerte ausencia de un narrador en primera persona.


No hace falta haber tenido contacto con la novela para descubrir que Babenco suplió la carencia de un narrador por un desdoblamiento de falsas terceras personas, en este caso las mujeres que rodean y atormentan al protagonista. Un tormento real y simbólico que se desprende de la raíz del deseo, de los celos enfermizos cuando no se puede poseer al ser amado y en definitiva de la imposibilidad de olvidar el pasado.

Pareciera que para Rímini (Gael García Bernal en otra gran actuación) y Sofía (Analía Couceyro, por momentos sobreactuada) no hay chance de borrar lo vivido por más de doce años pese a haber acordado separarse. Del amor de temprana juventud a la convivencia en el matrimonio quedaron esquirlas y la sensación de fagocitación que ahoga, condiciona y apresa.

¿Vos tenés una deuda conmigo?, advierte Sofía a Rímini como anticipo de que pretende no ser olvidada o reemplazada tan pronto por otra mujer. Así, la presencia de Sofía es constante en la nueva vida de Rímini, ya sea en llamadas telefónicas, a través de terceros o en encuentros fortuitos donde la memoria del hombre siempre está a prueba. No es casual que este protagonista no tenga un nombre y sí suceda lo opuesto con el trío femenino o triángulo donde se enreda.

Este doble juego de identidad y máscara convierte por un lado a Rímini en un objeto de deseo envuelto en la red de Sofía, Vera (la siempre etérea Moro Anghileri) y finalmente Carmen (Ana Celentano), pero por otro lleva implícita la fijación de cada una de ellas. Y así como Rímini carece de identidad, su cuerpo y personalidad sufren una lenta metamorfosis que refleja diferentes facetas del personaje: el amado, el ingenuo, el sensible, el enamorado, el drogón, el semental joven y atlético y el desolado perdedor, aunque no necesariamente en ese orden.

Ahora bien, fiel al título de la novela, el nudo gordiano de esta historia reaviva un planteo paradojal sobre la memoria y el olvido en su carácter reparador y residual. No sólo la historia con la depredadora Sofía está enlazada con el tiempo pasado, sino las otras historias amorosas en que Rímini se embarca -con la misma compulsión que aspira cocaína- para despegarse de su primer amor.

Son “los pasados” aquellos que vuelven y se sedimentan como un bloque irrompible, indisoluble como el recuerdo que va tejiendo su red con la paciencia de una araña. Tratándose de Héctor Babenco se puede llegar a pensar en Sofía como una viuda negra apasionada que extiende su red desde el primer segundo en que conoció a su objeto de deseo, o quizá no sea más que una mujer enamorada.

El pasado: Todo vuelve 2Título: El pasado
Dirección: Héctor Babenco
Intérpretes: Gael García Bernal, Analía Couceyro, Moro Anghileri, Ana Celentano, Mimí Ardú
Duración: 111 minutos
Género: Drama
Origen: Argentina, Brasil
Distribuidora: Independiente
Año de realización: 2007
Fecha de estreno: 08/11/2007

Puntaje 7 (siete)

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