Por Pablo Arahuete

Mía (Martina Guzmán) llega a la estancia de familia tras una larga ausencia europea. Entra en La quietud, nombre del lugar y del noveno opus de Pablo Trapero. La cámara acompaña en un plano secuencia extenso para recorrer los pasillos de esa casa, abarrotada de objetos, lujo, pero la calma se corta con el bullicio, donde su madre Esmeralda (Graciela Borges) y su padre discuten, gritan, sin que ella logre advertir de qué se trata. Paradójicamente, en La quietud prevalece el movimiento y en el cine de Trapero el riesgo de lo nuevo y la capacidad de volver a ciertas obsesiones temáticas para encontrarle una vuelta a la transformación de su cine, que va de aquella minimalista Mundo Grúa a la industrial El clan; que va de algún que otro coqueteo con el cine social de Elefante blanco hasta el retrato descarnado de un sector de la pirámide de la sociedad argentina muy mal visto, y que se vincula con el exceso, con la corrupción y el abuso del tráfico de influencias siempre amparado en el secreto y en la gimnasia social de la negación porque en el fondo a muchos de la pirámide les encantaría ser como esta familia desde el punto de vista material.

Sin preámbulos, es más que evidente que el estatus de los habitantes de La Quietud se acomoda en esa frase popular que reza: “Los números no cierran”. Gozar de las mieles de la riqueza a expensas de otros parece el detonante que moviliza la conexión entre el pasado y el presente del padre de Mía, una inesperada citación a pedido de un fiscal devenida ACV para mantener el secreto hasta la tumba, evitar un juicio público, pero también para desplegar una trama clásica de melodrama de clases, con dosis de erotismo puertas adentro, rivalidades entre hermanas, para ir desmenuzando la telaraña del pasado en cada rincón de esa casona obscena.


La quietud: Negación y abnegación. 1

Y es que tampoco “cierran los números” de las fechas cronológicas entre la jefa Esmeralda y su díscola hija Mía. Dispuesta a enfrentar a esa madre autoritaria y a defender con uñas y dientes el nombre y honor de su padre cuando Esmeralda deja que escape algún reclamo aireado ante tanta asfixia de mentiras. Los gritos clausuran la verdad y el que grita más fuerte gana la disputa para que el rol de madre desacredite ante los otros al de hija, consentida, mal agradecida como si la película de Pablo Trapero a la altura de las luchas familiares buscara inspiración en lo mexicano, en el sórdido melodrama de Arturo Ripstein mezclado con la telenovela de Televisa en lo que podría llamarse Esmeralda Mía, sin duda un éxito garantizado para la televisión for export de estos tiempos.

Pero por suerte y más allá de la humorada, La Quietud intercala ese culebrón de burguesía pampeana con otra película a partir de un punto de inflexión -que por motivos obvios no se revelará aquí- y la encargada de hacerlo no es más ni menos que Graciela Borges, tal vez en una de las mejores actuaciones de su carrera de actriz porque es en ella donde el director de Carancho confía para conducir su propio relato a un peligroso terreno de ambigüedad narrativa y saludable perturbación que pueden llevarlo al abismo.

Si bien Martina Guzmán en su papel de Mía y Berenice Bejó complementan un trío de mujeres fuertes en lo que hace al carácter y a la relación con el mundo masculino, Graciela Borges eclipsa cualquier escena desde su postura, convicción y dolor contenido, incluso en una escena de autosatisfacción sexual al escuchar los jadeos en un cuarto cercano a su habitación.

Pablo Trapero vuelve al núcleo familiar blindado de mentiras como sucedía en su anterior film con el clan Puccio; vuelve al apunte político de una época también de inflexión acompañado de un relato más clásico que moderno en términos de estructura narrativa y deja la incertidumbre para lo que vendrá a partir de este viraje y riesgo, aspecto  que seguramente traerá elogios y frustraciones por parte de la crítica, local, internacional y del público en general.

La quietud: Negación y abnegación. 3

Título: La Quietud
Título Original: Idem
Dirección: Pablo Trapero
Intérpretes: Joaquín Furriel, Bérénice Bejo, Martina Gusman, Graciela Borges y Edgar Ramírez
Género: Drama
Clasificación: Apta mayores 16 años
Duración: 117 minutos
Origen: Argentina, Francia
Año de realización: 2018
Distribuidora: UIP
Fecha de Estreno: 30/08/2018

Puntaje: 8 (Ocho)

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