Por Juan Alfonso Samaja
Documental sobre el Cine Bizarro en la Argentina; sobre sus inicios, sus principales realizadores, y sus condiciones de producción y recepción.
Crítica
Sobre lo documentado
Puesto que el documental tematiza un campo de producción denominado Cine Bizarro, antes de hacer comentarios sobre el documental, es necesario hacer una breve introducción a esta categoría un poco escurridiza.
Entre el espacio de resistencia y el universo de pertenencia
El término, en su sentido más común, parece referir a algo que no encaja en un sistema de valores normalizados: aquello que rompe la continuidad de una tendencia de modo abrupto y desmedido. Se trata, en verdad, de una categoría polisémica, y, por lo tanto, de difícil aprehensión en una sola imagen, pero quizás en esa misma multiplicidad caleidoscópica radique su fortaleza. Asociado tanto a unas condiciones materiales de producción, como a un concepto de lo cinematográfico, el cine bizarro parece ser tanto una filosofía estética, como una preferencia temática por lo extraño, lo extravagante y lo desaforado, pero también un particular modo de ejercer el sentido del humor y la autodegradación.
Si tuviésemos que arriesgar una imagen sintética, diríamos que lo bizarro es un modo de profanar todo aquello que la institución audiovisual pretende clausurar como el epítome del buen gusto y las bondades de la forma y el contenido. Algo así como un espacio de resistencia, de juego, de provocación, donde el exceso es la carta de ciudadanía.

“Que hablen mal, pero gracias por mirar”
El documental refiere 3 acepciones posibles para esta categoría: 1) aquello que se hace mal a propósito, como un divertimento (algo parecido al chiste malo autoconsciente); 2) aquellas producciones que devienen ridículas y extravagantes, aunque no han tenido esa pretensión inicial (como sucede en términos generales con la cinematografía de Armando Bo e Isabel Sarli); 3) lo que pretende ser provocador, sobre todo en términos de un presunto buen gusto normalizado.
Como se advierte, dos de estas tres acepciones están asociadas a la lógica de producción y la forma de establecer comunicaciones, y la tercera, a una impresión subsidiaria y posterior a la realización por parte del público.
Pretender incluir en esta categoría todo aquello que al público actual le parece ridículo, independientemente de sus condiciones de realización, tiene dos inconvenientes: el primero, y más evidente, que el conjunto resultante sería excesivamente heterogéneo; el segundo, que al dejar de lado las condiciones de producción, dejamos de lado el tema de la intención comunicativa, que pareciera ser clave en gran parte de todo lo que se autodenomina bizarro. Como, por otra parte, las mismas acepciones tematizadas en la película dan prioridad a lógicas de producción, consideramos que lo más apropiado es considerar productos del cine bizarro únicamente a aquellas producciones que se auto perciban de ese modo, es decir, que estén soportadas por un sistema de discursos donde la pertenencia a dicho ámbito es parte del ritual de la recepción de las películas para el público que las sigue y las disfruta. Las producciones que no cumplan con este criterio podrían concebirse, sin embargo, materia prima o ingredientes que los productores pueden tomar para organizar el discurso dentro de un régimen enunciativo propiamente bizarro.
Esto no implica negar el rol clave que desempeña el público en estos fenómenos. En efecto, no sólo se necesita de un discurso que busque ser identificado como bizarro, es decir, donde los indicadores de “mala factura” o “mal gusto” sean interpretados como un código interno, por medio del cual el realizador afirma “estoy haciendo esto a propósito”; se necesita también de un público que entienda ese código y disfrute de hacer esa clasificación. Sin ambos extremos lo bizarro se desdibuja.

“¡Te estafaron, pelotudo!”
Como se menciona en la 1ª acepción, una de las características que parece definir de modo eminente el territorio de lo bizarro (al menos gran parte de ese universo) es la mala factura intencional.
Sin embargo, gran parte de la filmografía bizarra se define además por llevar al exceso una premisa hasta que se torna ridícula. Por ejemplo, adjudicar peligrosidad a seres que para nosotros son naturalmente indefensos y vulnerables (las aves de Pájaros, en el film de Hitchcock), o adjudicar conciencia a objetos naturalmente inanimados (Como el episodio de Hugo en Dead of Night de Cavalcanti) son tópicos habituales del cine Terror; pero si llevamos esta premisa por encima del umbral de lo verosímil, y, por ejemplo, tematizamos un sofá asesino, un pantalón asesino, etc. lo que tendremos es la propuesta bizarra por excelencia. Ambas características hacen que sea inevitable el hecho de que estas películas bizarras presenten fuertes articulaciones con la comedia, y, sobre todo, ostenten una elevada autoconciencia de su carácter irrisorio.
Pero hay además una segunda cualidad propia de este tipo de producciones, a saber: el dominio restringido de validez, que deriva eventualmente en dificultad para el reconocimiento pleno de la eficacia reidera de sus productos; como ocurre con los chistes de grupos cerrados (que sólo los entienden quienes pertenecen al grupo), a veces estas producciones pueden resultar algo endógenas para el público más amplio.
Sobre el documental
Lo mejor del documental es el amor, la pasión de sus realizadores; el trabajo notable de relevamiento y edición de los muchos materiales que la película presenta para caracterizar el fenómeno en cuestión, así como el contexto social, político y cultural de la Argentina.
El aspecto más flojo es, a mi entender, cierto carácter rapsódico que tiene el documental, consecuencia –creo- de haberse debilitado ese hilo conductor que desde el principio parecía estar constituido por lo bizarro, el listado de sus producciones y la caracterización del contexto particular de la Argentina donde este movimiento se ha ido desplegando. En su defecto, la segunda parte del documental tiende más bien a orientarse al anecdotario y al carácter testimonial de los realizadores e intérpretes.
Función única
Cine Gaumont – Sala 3
Viernes 12/12 a las 20hs

Ficha técnica:
Título: Bizarrofilia. Dirección: Ayi Turzi. Producción: Maximiliano Zurraco y Ayi Turzi. Producción Ejecutiva: Bruno Flägel, Maximiliano Zurraco, Ayi Turzi y Wanda Barrientos Investigación / Guion: Ayi Turzi. Dirección de fotografía: Cristian Vallejos. Dirección de sonido: Valentín Liendo. Maquillaje: Melisa Carrillo. Edición: Matías Lojo. Música: Valentín Liendo. Producida por Spectra Films & Sewati Audiovisual. Entrevistados: Darío Lavia, Tetsuo Lumiere, Daniela Giménez, Valeria Arévalos, Ariel Sotomayor, Matías Lojo, Bianca Temperini, El Cicho, Hernán Panessi, Mariana Zárate, Andrés Borghi, Germán Magariños, Pablo Parés, Matías Orta, Georgina Zanardi, Eva Dans, Dani Zalenco, Eduardo Peduto, Cristian Sema, Marcelo Leguiza, Pablo Marini, Ezequiel Hansen y Vic Cicuta. Género: Documental. Calificación: AM 16 años. Duración: 85 minutos. Origen: Argentina. Año de realización: 2024. Distribuidora: Vi-Doc Distribuidora. Fecha de estreno: 12/12/2025.
Puntaje: 8 (ocho)
