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sábado, 9 mayo 2026
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Los pájaros: Alas del deseo

Por Pablo E. Arahuete

En Los pájaros la propuesta del film es clara: alterar el orden natural de las cosas. Hitchcock nos presenta sus personajes, recurriendo al remanido recurso de opuestos que se atraen (trans-gresora/conservador). Sólo basta una pincelada de rasgos para dibujar a los protagonistas, Melanie Daniel (Tippi Hedren) y Mitch Brenner (Rod Taylor), quienes interactúan en un juego de seducción mutuo. De antemano, Hitchcock aplica el habitual recurso del MacGuffin, pretexto o información falsa representado en la figura de los love birds (periquitos) que Mitch busca para regalarle a su hermana, detonante que llevará a Melanie a emprender su búsqueda y donde el autor invierte el orden de roles, dado que primero es Mitch quien la busca a ella y luego ella lo buscará a él. El cierre de la secuencia deja claro que el punto de vista de Melanie es el del espectador porque en ella recaerá la acción.

El desarrollo nos traslada a otro lugar, el pueblo de Bodega Bay. Allí, la protagonista se someterá a una serie de pruebas a fin de dar con el paradero de Mitch. Goza de libertad de acción y recursos para buscarlo, aspecto que sufrirá una paulatina transformación, ya que termina atrapada en el lugar por el asedio de los pájaros. Hitchcock subvierte el orden: las aves son libres, al punto que los ataques son esporádicos y, de algún modo, planificados, mientras que los hombres carecen de la capacidad de elegir y deben abandonar el pueblo al final de la historia.

A la idea de “libertad” se le opone la de “deseo”.

El deseo lleva a Melanie a cruzar hacia el otro lado de la costa; también termina con la vida de la maestra Annie Hayworth (Suzanne Pleshette), quien salva a la hermana del hombre que ama. En la simetría de las dos historias de las mujeres que desean al mismo hombre, se revela el conflicto que dará lugar al desarrollo. En Bodega Bay se desata la tragedia tal como enuncia Aristóteles porque existe unidad de espacio, tiempo y acción. De la trama principal, se desprende una subtrama, configurada por la presencia de la intrusa en el pueblo. Su oponente es Lydia (Jessica Tandy), viuda y madre de Mitch, quien desde un comienzo ve con recelo a Melanie. A simple vista la trama parecería ser un melodrama de amor, cuyo pretexto es el ataque de la bandada de pájaros, pero en un análisis profundo la historia queda relegada y emerge el costado pseudo-apocalíptico existencial.

El autor juega con la idea de los cuervos y las gaviotas como una amenaza latente. Toma un elemento del género fantástico terrorífico, la figura del OTRO, lo inserta en el relato para plasmar la lucha entre la naturaleza y la cultura. Simbólicamente, las aves representan el miedo primario hacia lo desconocido; no es casual que permanezcan ocultas en las sombras y que no exista un motivo o causa de sus ataques. La falta de motivo contribuye a lo impredecible de la acción. El OTRO y el miedo a lo desconocido hacen que el film linde con el género fantástico y lo alejan definitivamente de los temas recurrentes de la filmografía del maestro del suspenso.

En el rubro técnico el autor despliega una batería de recursos que generan un equilibrio visual y sonoro. En el libro “El cine según Hitchcock”, el realizador dice: “Trabajamos el sonido como una verdadera partitura”. Uno de los rasgos de la película es el empleo del sonido electrónico, estilizado para extraer un mayor dramatismo en cada escena. Con la ayuda de éste se lograron diferentes niveles de ruidos y sonidos superpuestos, como en la escena del ataque a la escuela, donde el grito de los chicos queda en un segundo plano sonoro y el de los pájaros sobresale. Es frecuente en el cine de Hitchcock el uso de la banda sonora con fines dramáticos -recordemos los violines desgarradores de Psicosis-, sin embargo, aquí no sólo se busca el efecto dramático, sino que se utiliza con sentido narrativo. Sobre este particular, le cuenta a Truffaut que “Hasta este film, siempre se trataba de sonidos naturales, pero gracias al sonido electrónico, no debo sólo indicar los sonidos, sino describir su estilo y su naturaleza(…). Para describir un ruido, hay que imaginar lo que sería su equivalente transpuesto en diálogo”. Ejemplos de este recurso novedoso se pueden rastrear en la escena final de la película, cuando Mitch está rodeado por las aves y se percibe un murmullo, como si se estuviesen comunicando. A esta peculiaridad de la banda sonora se debe agregar la ausencia de música y su reemplazo por los niveles de ruido, entre ellos, los que subrayan la amenaza latente de los pájaros.

La puesta en escena cumple un rol determinante: resuelve problemas de tiempo, jugando con el espacio. Hitchcock deja sellada su idea de puesta en escena al decir que “en cine existe para contraer o dilatar el tiempo”. En el ataque al centro de Bodega Bay, el realizador dilata la acción centrando la atención en el reguero de nafta que va avanzando y finalmente explota. Al alejar la cámara del lugar del desastre, la escena gana dramatismo y luego el impacto es mayor. Contrae el tiempo en la escena del ataque en la escuela, donde la cámara muestra a la protagonista fumando y en una elipsis breve resuelve la llegada de los pájaros. Con una destreza admirable, el director inglés desecha la técnica del montaje paralelo, hecho que prolongaría la acción, y adopta la transición de tomas, suprimiendo la salida de los chicos. En cuanto a los interiores, la puesta en escena es funcional al punto de vista de Melanie. Por otra parte, el encuadre con primeros planos de su rostro tiene una finalidad emocional con el espectador.

Los personajes están construidos sobre la base de estar atrapados por el deseo. Sin embargo, quien no está tan torturado es Mitch, pues goza de cierta libertad al no vivir allí. Contrariamente, los roles femeninos son más vulnerables: Melanie fue abandonada de pequeña por su madre (otro opuesto con Mitch, quien tiene una madre dominadora) y eso fue alimentando su rebeldía. Posee cosas materiales pero no amor verdadero; Lydia aún no se sobrepone de la pérdida de su esposo; la maestra Hayworth, víctima del desamor se sacrifica y salva a la hermana de Mitch. Así subyace, por un lado, la misoginia de Hitchcock, habitual en su galería de personajes femeninos rodeados de desdicha, y por otro lado, la idea de la redención de las mujeres en su desaparición, como ocurre con la maestra. El realizador vuelca su propia historia de vida en Melanie: padres ausentes, educación victoriana y represiva, falta de amor que lo aisló del mundo. En los diálogos entre los protagonistas estos rasgos afloran en algunos tramos del relato.

Una de las escenas más ricas del film, a mi juicio, es la escena del café como exponente de la idea de cine de autor, trabajada por los críticos franceses: la ornitóloga porta la voz de la ciencia al descreer de la inteligencia de los pájaros para organizar los ataques; el borracho que cita pasajes de la Biblia y presagia el fin del mundo es de alguna manera la voz de la fe; la mujer que mira a cámara y nos culpa de los males que azotan al pueblo, pues satisfacemos nuestro deseo morboso al querer ver más ataques (la transferencia de la culpa es un tema recurrente en Hitchcock) es una rareza pintoresca de la película; y por último, la solución irracional encarnada en el hombre que vomita frases como “hay que matarlos a todos”.

Creo que la escena es importante por dos motivos: primero, por la sencillez con la que se insertan pausas en el relato, apelando a la fluidez de los diálogos para otorgarle al espectador un respiro y luego sacudirlo. En segundo lugar, se aprecia la idea de cine de autor, apoyada en la mirada del director sobre sus personajes.

Hitchcock confirma con este film su marca personal, su destreza a la hora de mover la cámara y su astucia de plantear una hipótesis incómoda de conflicto (ataque de los pájaros) frente a una sociedad que en ese tiempo ya había conocido las bombas atómicas y no dejaba de pensar en una posible tercera guerra mundial, comprobando la imagen de Jean Cocteau: “su obra continúa viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos…”

Título: Los pájaros. Título Original: The Birds. Dirección y producción: Alfred Hitchcock para Universal Pictures. Guion: Evan Hunter, basado en la historia de Daphne Du Maurier. Dirección de fotografía (color): Robert Burks. Montaje: George Tomasini. Diseño de producción: Robert Boyle. Intérpretes: Rod Taylor, Tippi Hedren, Jessica Tandy, Suzanne Pleshette, Veronica Cartwright, Ethel Griffies y Charles McGraw. Género: Terror, Misterio. Duración: 119 minutos. Origen: EE.UU. Año de realización: 1963. Fecha de estreno en EE.UU.: 29/03/1963. Fecha de estreno en Argentina: 17/07/1963.

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