Una gran empresa de desarrollo inmobiliario viene comprando terrenos en el sur de Cerdeña a los pobladores de un pueblo olvidado y de escasa actividad comercial. El objetivo de la empresa es desarrollar un complejo de hoteles de alto gama. Todo está casi listo para dar inicio a la construcción, pero aún queda un habitante que se niega a vender su propiedad.
Crítica
Basada en un hecho real, la película focaliza la trama en Efisio Mulas (Giuseppe Ignazio Loi), un pastor sardo que logra frenar a un gigante inmobiliario para preservar su región de Teluada, en Cerdeña. En principio, los acontecimientos auténticos son un poco menos románticos que los presentados en el film; Mulas no es un David frente a Goliat como se lo pinta, pues en la disputa ha estado apoyado y asesorado por Italia Nostra, una institución dedicada a la preservación del medioambiente.

El inicio del relato presenta todos los ingredientes característicos de una comedia italiana: una empresa de una gran ciudad (Milán), con un presidente presuntuoso (Diego Abatantuono) y una comisión de asesores pedantes y poco conocedores del territorio que se muestran convencidos de que todas las condiciones están dadas para el comienzo del emprendimiento, y que aun las que no estuvieran resueltas, se resolverán expeditivamente por medio de un recurso mágico y de valor universal: el dinero. Pero la firma no ha contado con la posibilidad de que exista alguien a quien la plata no puede comprar; en el extremo opuesto de estos valores del progreso burgués, se presenta el pueblo de Efisio, tan eterno como el tiempo.
Esta oposición topológica (empresa-hogar; inauténtico o distorsionado vs. lo auténtico y genuino; el progreso con sentido negativo vs. la tradición con sentido positivo) pretende reforzarse por medio de una serie de paralelismos iniciales entre la vida del presidente de la compañía y su familia, y las del propio Efisio junto a sus hijos.
Sin embargo, lo que falla en el largometraje es el desarrollo. El relato parece conformarse con mostrar los eventos sin una evolución profunda ni de los personajes ni del argumento. Este último problema es fatal para la enunciación: habiendo decidido no centrarse en el crecimiento individual de las figuras y sus historias particulares, el director debió haber encontrado un modo más hábil de presentar los acontecimientos; sin embargo, toda la estrategia se limita a repetir el motivo casi como un mantra: la empresa le hace ofrecimientos cada vez más generosos de dinero y Efisio siempre los rechaza. Y no pasa más que eso en la pantalla.
Si la narración buscaba ese gesto testimonial de apegarse a los hechos, al menos debió haber explotado mejor el pintoresquismo local de los habitantes del pueblo. La ausencia de este despliegue de caracteres es doblemente torpe: por una parte, desaprovecha el recurso dinámico de las personalidades, que podría haber compensado el carácter repetitivo y mecánico del binomio ofrecimiento/rechazo como eje central. Por otro lado, impide que el espectador pueda tomar partido emocionalmente por el protagonista o por el resto de los habitantes. A mí, al menos, me ha resultado incomprensible la actitud de Efisio de defender su espacio territorial frente a la situación económica desesperada de su entorno; si no hay un elemento que lo justifique mejor, es muy difícil sentir algo por un individuo tan poco empático. En cuanto a los demás comuneros, la falta de matices en sus personalidades impide que conectemos con ellos. En conclusión, el presunto conflicto entre el pueblo y Efisio no consigue ningún impacto dramático, sencillamente porque la audiencia no logra comprender las razones profundas de ninguna de las partes.

Se podría haber dedicado, por lo menos, más espacio a la pareja antagonista Efisio-Mariano (enviado por la firma para convencer al pastor de la transacción); sin embargo, ello no ocurre, en primer lugar, porque el anciano carece de toda profundidad narrativa-psicológica, pero además, porque el enviado se desdibuja constantemente. Las vicisitudes de su estadía en la región (donde pasa 10 años) son constantemente escamoteadas, al punto tal de que hacia el final del relato Mariano (interpretado por Aldo Baglio) está en pareja con Francesca (Virginia Raffaele), la hija de Efisio, sin que la trama haya dado la más mínima explicación de cómo, cuándo o por qué se produce ese acercamiento.
En resumen, la escasez de evolución dramática (de los hilos conductores y de los personajes) parece responder a una intención “testimonial” sobre la anécdota. Para ello, hubiera sido mucho más efectivo un documental. Como pieza de ficción, fracasa por desatender el componente dramático de los acontecimientos.
Título: La vida es así.
Título original: La vita va così.
Dirección: Riccardo Milani.
Intérpretes: Giuseppe Ignazio Loi, Virginia Raffaele, Diego Abatantuono, Aldo Baglio, Geppi Cucciari, Pietro Ragusa.
Género: Basado en hechos reales, Comedia, Drama.
Calificación: ATP.
Duración: 118 minutos.
Origen: Italia.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Mirada Distribution.
Fecha de estreno: 08/10/2026.
Puntaje: 3 (tres)
