El film de Oliver Hirschbiegel no se focaliza íntegramente en la polémica figura de Hitler, también reflexiona sobre su entorno y, sobre todo, incursiona en el papel de la sociedad, en la connivencia de un pueblo que se jactaba de su decencia y bajo el paternalismo de un idiota desde lo intelectual, completamente enajenado y demente.

Resulta inexorable luego de ver La caída no cuestionarse, en el rol de espectador, qué posición tomar. Dicho de otra manera, el hecho de que un film mantenga una coherencia no sólo desde el punto de vista cinematográfico, sino en sus aspectos ideológicos y hasta éticos, modifica el compromiso que tenemos como espectadores al establecer reparos o valores.

En una primera aproximación tratemos de definir cómo se para el film frente al Tercer Reich y sus atrocidades: ¿es un film negador o maneja con un cierto grado de banalidad y distorsión los terribles episodios de la Segunda Guerra? Por el contrario, la crudeza de los bombardeos, gente mutilada, los parlamentos antisemitas y referencias a la debilidad del pueblo alemán, quien es abandonado a su suerte por su patético líder, Adolf Hitler, despejan cualquier crítica sobre la supuesta complacencia de su realizador. Si hay algo que no se le puede endilgar a esta obra es su falta de revisionismo histórico, la meticulosa reconstrucción de época en un San Petersburgo, convertido en las calles del Berlín de aquellos últimos doce días antes de rendirse al Ejército Rojo.


El film de Oliver Hirschbiegel no se focaliza íntegramente en la polémica figura de Hitler, también reflexiona sobre su entorno y, sobre todo, incursiona en el papel de la sociedad, en la connivencia de un pueblo que se jactaba de su decencia y bajo el paternalismo de un idiota desde lo intelectual, completamente enajenado y demente. De este modo, el Führer encarna el costado monstruoso y resentido de ese pueblo, humillado por el Tratado de Versalles, que lo llevó al poder. Esto no significa en lo absoluto construir alrededor de Hitler un halo de víctima, capaz de purificarlo. Tampoco se percibe en el tratamiento del personaje una desmedida indulgencia como algunos le atribuyen. La humanización de Hitler tan criticada no lo enaltece, sino que muestra su debilidad y enfermedad sin el habitual recurso de la caricatura del monstruo, explotada hasta el hartazgo por el cine bélico.

Durante sus últimos días, el colérico, perverso, abatido y cobarde Adolfo es tomado por la cámara de espaldas, develando el temblequeo cuasi parkinsoniano de una mano. La novedad de este enfoque que bucea en el hombre detrás de la bestia perturba cuando el prejuicio nubla el criterio. Sin dudas, la brillante caracterización del germano-suizo Bruno Ganz (Las alas del deseo) contribuye con esa cuota de humanidad imperdonable para muchos. Ganz compone desde la expresión corporal y el deterioro mental un personaje fascinante y execrable a la vez, tierno y perverso con una medida en el tono y justeza en los gestos.

Basada en la novela del historiador Joachim Fest y la biografía de su secretaria privada Traudl Junge (interpretada por Alexandra Maria Lara), cuyo punto de vista predomina en la trama, La caídase instala con una cámara en mano vertiginosa en el opresivo bunker secreto donde se recluye el Führer y sus jerarcas allegados (entre ellos Himmler, encarnado por Ulrich Noethen), además de su entorno íntimo: la enfática y desquiciada Eva Braun (Juliane Köhler) y su lancero Joseph Goebbels (soberbio Ulrich Matthes). El inminente arribo del Ejército Rojo que diezmó todos los frentes es una realidad que se impone minuto a minuto. Sin embargo, en el interior del bunker persiste la idea de un futuro contraataque, producto de la imaginaria y disociada mente de Hitler. Mientras sus generales, obedientes de sus contradictorias órdenes, intentan persuadirlo para que escape, afuera caen bombas y el pueblo sufre los ataques y el abandono, retratado con enorme fuerza y realismo por el autor de El experimento.

La tensión dramática del exterior se escabulle a la intimidad del bunker, entre las fiestas organizadas por Eva, las borracheras de los soldados y el patético conjunto de obsecuentes que sigue depositando esperanzas en el miserable que acepta la derrota luego de una matanza evitable.

Un film necesario, incómodo, debatible y exasperante pero no por ello menos arriesgado en el planteo y honesto hasta el último plano.

La caída: La decadencia del imperio alemán 2Título: La caída
Título original: Der untergang
Director: Oliver Hirschbiegel
Intérpretes: Bruno Ganz, Alexandra Maria Lara, Ulrich Matthes, Juliane Köhler
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Género: Basado en libro, Biográfica, Histórica
Duración: 156 minutos
Origen: Alemania, Italia, Austria
Año de realización: 2004
Distribuidora: Alfa Films
Fecha de estreno: 02/06/2005

Puntaje 9 (nueve)

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