Por Marcos Rodriguez

Había razones para esperar una nueva (gran) comedia norteamericana. Un proyecto que cuenta en su elenco con Adam Sandler, Kevin James, Chris Rock, David Spade, Rob Schneider, Salma Hayek, Maria Bello, Maya Rudolph; coescrito por el propio Sandler; dirigido por Dennis Dugan (quien supo dirigir en su momento dos de las mejores películas de Adam Sandler como Un papá genial y No te metas con Zohan) podía generar expectativas. Las expectativas se caen cuando finalmente vemos Son como niños.

La verdad sea dicha: probablemente una de las razones por las que esta película decepciona sea que sabemos (sospechamos) que podría haber sido mucho mejor. Son como niños tiene algunos chistes buenos, pero no los suficientes como para remontar el pesado armazón que los sostiene.


El argumento es viejo: un grupo de compañeros de la escuela primaria en un pueblo chico se reencuentra después de décadas cuando muere su entrenador de básquetbol. Ya los chicos armaron su vida, están panzones, tienen familias, están bastante cansados. Para celebrar el funeral que se merece este mítico entrenador, todas las familias deciden pasar juntas un fin de semana en una casa frente a un lago, donde solían juntarse ellos cuando eran chicos. En este fin de semana, cada uno aprenderá una lección de vida, todos volverán a conectarse con lo que “realmente es importante” (léase, la familia, los amigos de infancia, la “vida común”, la relación matrimonial) y de paso se resolverán los problemas económicos que algunos de ellos estaban teniendo.

El problema no son todos los lugares comunes que se recorren (y están todos), las ideas un poco rancias que se manejan, lo absolutamente esquemático de todos los personajes desde el principio hasta el final. Después de todo, la comedia americana de los últimos tiempos no ha sido necesariamente revolucionaria en sus planteos ideológicos y ha sabido sacarle jugo a estereotipos y personajes absurdos (con Sandler a la cabeza). El problema es, sencillamente, que la película no causa demasiada gracia.

Un conocido me dijo que creía que el problema de este dream team de actores es que ya se están poniendo viejos y están oxidados como para improvisar, como hacían en sus mejores épocas. Es cierto que Son como niños queda aplastada por su propio guión, que resulta demasiado previsible, demasiado “cargado de emociones” y plagado de ideas bastante aburridas (un ejemplo: los hijos del personaje de Adam Sandler, que son unos malcriados insoportables hasta que entran en contacto con “gente común” y “diversión de verdad” como tirar piedras en un lago). Por otro lado, no hace mucho el propio Sandler protagonizó Hazme reír, una gran película tal vez no tan cómica que toca temas similares a los de esta y que revela al actor en muy buena forma y con aspectos nuevos.

Muchas veces pasa que un proyecto que uno imaginaba imbatible resulta una gran decepción. El cine es así: no puede calcularse. Las recetas (por más nobles que sean sus ingredientes) a veces no cuajan. De todas formas, sigue siendo una buena noticia que pase una comedia por la cartelera local.

Título: Son como niños.
Título Original: Grown Ups.
Dirección: Dennis Dugan.
Intérpretes: Adam Sandler, Kevin James, Chris Rock, David Spade, Rob Schneider, Salma Hayek, Maria Bello y Maya Rudolph.
Género: Comedia.
Clasificación: Apta para todo público con leyenda.
Duración: 102 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2010.
Distribuidora: UIP – Sony.
Fecha de Estreno: 22/07/2010.

Puntaje: 6 (seis)

El staff opinó:

Más reblandecido que nunca, Adam Sandler vuelve a cargar las tintas con una comedia malograda donde quedan expuestas las características de su estilo, que mezcla chistes tontos con algo de irreverencia y un elenco de comediantes amigos bastante desaprovechado. Salvo algunas esporádicas escenas con el protagonismo absoluto de Kevin James, quíen a la hora del humor fisico se lleva los aplausos, sumada alguna intervención inteligente de James Spader -otro de los amigos incondicionales de Sandler- el film nunca alcanza el vuelo esperado y rebosa de sentimentalismo y cursilería que se acentúan promediando el final.- Pablo E. Arahuete (5 puntos)

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