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lunes, 16 marzo 2026
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La quinta: El desconcierto de lo hereditario

Por Iara Reboredo

La quinta es el tercer largometraje de Silvina Schnicer tras su codirección en Tigre (2017) y Carajita (2021). La película se presenta como una obra densa, incómoda y hasta diría inquietante; lejos del naturalismo liviano o del retrato nostálgico de la infancia que su punto de partida podría sugerir, propone una inmersión en un mundo donde lo familiar se torna hostil, la aparente placidez de una escapada vacacional se transforma en un escenario de tensiones latentes, impulsos reprimidos y gestos de violencia que no encuentran contención posible.

Desde el inicio, La quinta se construye sobre un fuera de campo tan sugestivo como ominoso: la casa fue usurpada y, aunque los signos materiales del desorden desaparecen, el malestar persiste. La directora entrelaza con maestría dos líneas narrativas: por un lado, el mundo adulto, donde Rudi (Sebastián Arzeno) intenta restablecer un orden que nunca fue tan sólido como parecía, culpando al casero Tomás (Alejandro Gigena) y refugiándose en su soberbia clasista; por otro, el universo infantil, donde sus hijos exploran el entorno con una mezcla de crueldad, morbo e inocencia perturbadora. En este proyecto, los menores son vehículos de una violencia heredada, una que brota como reflejo de las actitudes de los adultos.

En esta forma de contraste, Schnicer reserva una mirada más libre, aunque cruel, para los menores. Mientras los adultos se aferran a sus rutinas y a la apariencia de control, los chicos exploran con descuido y fascinación un entorno natural y social cada vez más turbio, y es ahí donde el juego infantil se transforma en experimentación oscura. Es por eso que el film me recuerda a ciertas películas que ya tuvieron su paso por la cartelera nacional, como por ejemplo Los sonámbulos (2019) de Paula Hernández, aunque si debo admitir que en La quinta los elementos del thriller psicológico y del terror amplifican la experiencia sensorial y emocional del espectador.

La película encuentra su tono en una puesta en escena precisa y elíptica, que evita el efectismo y apuesta por la sugestión. La dirección de fotografía, a cargo de Iván Gierasinchuk, es uno de los pilares formales del film, y fue lo que más me cautivó. Los interiores aparecen iluminados artificialmente, como si la luz natural estuviera vedada, y eso acentúa la atmósfera opresiva. Utiliza una paleta apagada, de tonos terrosos y ocres, que refuerza la sensación de estancamiento y pudrición emocional. Hay un juego visual constante entre lo que está visible y lo que permanece oculto. La cámara nunca busca la espectacularidad, pero sí una cercanía física con los cuerpos y con los espacios, especialmente en los planos cerrados donde se intensifican las miradas y los signos del malestar.

El elenco aporta verosimilitud y profundidad a una historia que depende fuertemente del gesto, la mirada y la ambigüedad. Sebastián Arzeno (visto recientemente en El sueño de Emma) compone a un padre que combina autoritarismo, hipocresía y negación con una naturalidad que incomoda. Cecilia Rainero (quien formó parte de Angélica), como Silvia, transmite la pasividad tensa de una mujer atrapada en el rol de esposa ideal sin caer nunca en lo predecible. Los chicos, especialmente Valentín Salaverry en el rol de Martín, logran una intensidad emocional sorprendente sin caer en el histrionismo ni en el estereotipo del “maleducado”.

Podría decir que lo más inquietante de La quinta es que su centro dramático no es el hecho trágico, que está cuidadosamente desdibujado en el relato, sino la reacción que este provoca en los personajes. La negación, la conveniencia, el deseo de volver a la normalidad cueste lo que cueste, son los verdaderos motores del conflicto.

Más allá de eso, La quinta no está exenta de riesgos. Por momentos desbarranca y se vuelve demasiado consciente de sus referencias, lo que provoca una decline hacia la reiteración. La densidad simbólica, en ocasiones, se impone sobre la fluidez del relato. Pero esos deslices no opacan la potencia general de la propuesta.

La quinta es una película incómoda, formalmente cuidada y moralmente perturbadora. Silvina Schnicer construye un relato donde lo personal y lo moral se entrelazan: la violencia no aparece como un evento aislado, sino como el producto de una cultura familiar y social que reproduce el poder, el desprecio y la negación como forma de supervivencia.

El resultado es una obra que encuentra similitudes con varios referentes, pero conserva una voz propia, que expone sin juzgar, que mira con precisión las grietas del confort y dejó una pregunta en mi cabeza… ¿Cuánto estamos dispuestos a ignorar con tal de creer que todo está bien?

Título: La quinta.
Título original: Idem.
Dirección: Silvina Schnicer.
Intérpretes: Valentín Salaverry, Milo Lis, Emma Cetrangolo, Cecilia Rainero, Sebastián Arzeno, Juliana Muras, Dario Levy y Alejandro Gigena.
Género: Drama.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 98 minutos.
Origen: Argentina/ Brasil/ Chile/ España.
Año de realización: 2024.
Distribuidora: Cine Tren.
Fecha de estreno: 05/06/2025.

Puntaje: 7 (siete)

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