Por Juan Alfonso Samaja
Andrea es una viuda reciente, de clase media, madre de dos hijos pequeños y de un muchacho joven llamado Gustavo. Su vida se trastoca de modo imprevisto cuando la policía irrumpe en su casa para llevarse detenido a Gustavo, acusado de formar parte de una banda de delincuentes. Desesperada, Andrea comienza a ir todos los días a la cárcel para visitar a su hijo; allí toma contacto con las otras mujeres que –como ella- intentan preservar el núcleo afectivo de sus seres queridos en las situaciones más apremiantes y denigratorias.
Crítica
Benjamín Ávila ya había maravillado con su producción Infancia Clandestina (2011), protagonizada también por Natalia Oreiro. Como en aquel filme, aquí el director consigue un tono narrativo despojado de solemnidades y lugares comunes, para adentrarse en una dramática cotidiana y minimalista, pero no por ello menos insoportable.

Lo mejor que tiene el relato, a mi entender, es el tratamiento del espacio dramático: el ámbito carcelario donde tienen lugar las visitas conyugales. En lugar de dejarse tentar por una criminalización de la pobreza y la marginación, en vez de poner en escena la inhumanidad de quienes ya no tienen –aparentemente- nada que perder, el relato se juega por la humanidad de los vínculos de aquellas que sostienen con su cuerpo el núcleo nada romántico de los afectos que padecen. No se trata tampoco de un retrato maquillado y edificante de esas mujeres; el relato las muestra de modo crudo, con sus miserias, pero también con sus autenticidades y, en definitiva, con esa dignidad que merece toda figura humana compleja.
Como contrapeso de este espacio dramático en el que Andrea debe exhibirse día tras día de modo obsceno y denigrante como si fuese una cosa, el relato presenta el mundo del afuera, lo público de su trabajo, y lo privado de su familia y las amigas, a quienes oculta desde el principio una situación que la avergüenza. También en este caso, encontramos unas representaciones que esquivan el lugar común, con una madre de Andrea que lo primero que hace es culpar a su hija, y que luego se niega de modo rotundo a visitar a su nieto en la cárcel.

Durante las visitas a la penitenciaría de Ezeiza se tejerán los lazos de una hermosa historia de amistad entre las reclusas, y surgirá una historia de amor entre Andrea y Alejo (Alberto Ammann), un recluso de la penitenciaría que la ayuda desde adentro para comunicarse con su hijo.
La historia de la película está inspirada en los hechos reales de Andrea Casamento, cuyo hijo fue acusado injustamente en 2004, y liberado finalmente tras 6 meses de encierro. En la actualidad, Casamento es una referente de la ONU sobre la lucha por los derechos de los familiares de los presos.
Título: La mujer de la fila. Dirección: Benjamín Ávila. Intérpretes: Natalia Oreiro, Amparo Noguera, Alberto Ammann, Federico Heinrich, Mora Recalde, Iride Mockert, Natalia Santiago, Lide Uranga, Noah Ruiz Díaz, Marcela “Tigresa” Acuña, Vernika Silva y Julián Ekar. Género: Basado en hechos reales, Drama. Calificación: AM 16 años. Duración: 105 minutos. Origen: Argentina/ España. Año de realización: 2025. Distribuidora: Moving Pics. Fecha de estreno: 04/09/2025.
Puntaje: 10 (diez)
