Cuando uno busca qué películas se inscriben debajo del género de comedia en Letterboxd, o cualquiera de esas páginas que son un cúmulo de información de cine, un amplio espectro de posibilidades aparece. Personalmente, siempre me fascinó la mezcla de comedia y drama, donde se tiene lo mejor de los dos mundos. Entiendo que esto puede ser un poco vago, pero me refiero a películas como Entre copas (2004) de Alexander Payne, en la que acompañamos a personajes tan patéticos y queribles como los de Paul Giamatti y Thomas Haden Church en sus ridiculeces; pero en la que también, de repente, se nos aparece la bellísima Virginia Madsen, bañada por una luz cálida, en una escena que nos cautiva con su melancólico monólogo sobre la metamorfosis de los vinos y las personas en la vida. O Casi famosos (2000) de Cameron Crowe, que juega con la figura superficial de los rockstars más divertidos y atractivos, pero sabe cómo capturar el instante de vulnerabilidad de Penny Lane en un hermoso plano que enmarca su mirada de costado, mientras llora de manera tímida y se ríe al mismo tiempo. Ese pasaje y equilibrio entre lo absurdo y lo melancólico, que se retroalimentan y logran contornear a los personajes de una manera singular, es de las cosas más complejas de hacer y, a la vez, de las más admirables.

Como se recuerda con cualquier historia original que aparece hoy en cartelera, no es muy común encontrar un largometraje como Amores compartidos en salas. Es de esas producciones que uno elige simplemente para ir a pasar un buen rato al cine, que escapa de la lógica del evento que domina el consumo de lo audiovisual en la actualidad. Sabe aprovechar las premisas del #amorlibre, poliamor o relaciones abiertas, que se presentan en los vínculos contemporáneos, para desplegar un relato lleno de encuentros y desencuentros, de enredos entre cuatro personajes adultos. En este sentido, tiene una pizca de las espectaculares comedias del cine clásico, como Ayuno de amor (1940), La adorable revoltosa (1938), o la que vendría años después de la mano de Bogdanovich, ¿Qué pasa doctor? (1972). Como en estas películas, aunque no con la misma maestría en su manejo del ritmo y las actuaciones (en términos de la corporalidad), Amores compartidos entiende cómo jugar con la repetición sin agotarse en cada una de sus vueltas. Sabe cómo dar dinamismo a la imagen a partir del uso de los objetos y los espacios, como en aquella escena en la que los amantes de Ashley se pasean disfrazados por el departamento que comparten con Carey o en la caótica fiesta de cumpleaños final, en el que todo es un gran torbellino de cruces, coincidencias y desastres. Pero más que nada, esta producción comprende que para hacer una comedia divertida hay que construir personajes lo suficientemente atractivos.
En ese sentido, la película empieza con dificultades pero luego encuentra su camino en el cruce de la simpatía e ingenuidad de Carey con la entereza y seriedad de Julie, las cursilerías de life coach de Ashley y lo patético de Paul. Los actores están muy bien para cada papel: Kyle Marvin con su trato amable pero no por eso menos atractivo, Dakota Johnson, quien logra hacer funcionar esa cierta templanza suya, no siempre bien aprovechada en sus películas; Adria Arjona, quien ya había demostrado sus habilidades para este género en Cómplices del engaño (2023) y Miguel Angel Covino, quien desempeña con gracia su rol de hombre tonto con cero habilidades emocionales. Incluso los personajes más secundarios como los amantes de Ashley, definidos por un rasgo particular y caracterizados de formas distintas, resultan simpáticos para el público. Esto último no es poco decir en una época en la que los buenos personajes secundarios prácticamente ya no existen.

Sin embargo, si bien el caos y la química funcionan, el film no sale tan triunfante en aquel aspecto que destaqué al inicio de esta crítica: ese ir y venir con un tono más de lo íntimo y contemplativo, que agregaría otras capas de sentido a los personajes. Porque, al fin y al cabo, es una película que trabaja sobre ese gran sentimiento que siempre se encuentra a la vuelta de la esquina: el miedo a vivir en soledad, con el que cada figura de este cuadrado amoroso dialoga a su manera. Algo de este encuadre se le intenta dar a la relación entre Julie y Carey, en aquellas escenas en las que, al no encontrar compañía en sus parejas, la descubren de manera sorpresiva en el otro. Ahora bien, es un aspecto que se asoma en pequeños gestos para rápidamente volver a esconderse, sin llegar a construir a los personajes y sus conversaciones de manera significativa.
Amores compartidos no es una obra maestra, tampoco es la mejor comedia del año, pero sí es lo suficientemente divertida y atractiva como para ofrecer al público una experiencia muy disfrutable. A pesar de moverse en un terreno complejo, logra salir con más aciertos que descuidos y consigue dar forma a los caóticos amores de nuestra actualidad, que de historias de enredos tienen todo.
Título: Amores compartidos.
Título original: Splitsville.
Dirección: Michael Angelo Covino.
Intérpretes: Kyle Marvin, Dakota Johnson, Adria Arjona, Michael Angelo Covino, Nicholas Braun, Charlie Gillespie, Simon Webster y David Castañeda.
Género: Comedia, Romance.
Calificación: AM 13 años con reservas.
Duración: 100 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Diamond Films.
Fecha de estreno: 04/09/2025.
Puntaje: 7 (siete)
