Por Mónica Grau Seto, corresponsal en España
El cine actual de terror argentino continúa explorando una veta particularmente incómoda: aquella donde lo sobrenatural no irrumpe desde afuera, sino que brota desde el núcleo mismo de lo familiar. En Memoria de una madre (2026), el director Mauro Iván Ojeda (ver entrevista) retoma esa línea y la profundiza con una propuesta que combina drama psicológico, trauma generacional y horror paranormal.
Ganadora como Mejor Película en el Festival For Horror de Toronto, la cinta combina tensión psicológica con atmósferas perturbadoras. Aquí, las casas guardan secretos, las familias cargan silencios pesados y las presencias no abandonan a los suyos, aunque ya no pertenezcan a este mundo.
Ojeda parece moverse sin miedo en el terreno de lo demoníaco, algo que ya demostró con su filme anterior, La Funeraria (2020). Aquella obra, que seguía a una joven enfrentando al mal en un negocio familiar, tuvo una excelente acogida en festivales internacionales como Sitges, Fantasia, FrightFest y Fantasporto, llegando a mercados tan diversos como India, Reino Unido, Rusia y Japón.
Nuevamente, el director nos trae una historia de familias disfuncionales, en sintonía con su largometraje previo y su cortometraje La nueva biblia (2018). En esta ocasión, surge una presencia maligna que impregna el ambiente y corrompe todo lo que toca.

La película, que se estrena el 16 de abril en Argentina, sigue a Genaro, un adolescente adoptado que llega a un humilde hogar donde percibe que algo no está bien. Junto a sus hermanos, Nuria y Samuel, comenzará a desentrañar una entidad que parece habitar no solo la casa, sino también a sus ocupantes, controlando sus vínculos.
A la vez, descubrimos que durante sus años en el orfanato el joven estableció un fuerte vínculo con un compañero de habitación. Mediante una conexión paranormal, este lo visitará en la oscuridad para advertirle que debe huir del ente que se oculta en la vivienda.
Ojeda construye el relato bajo la premisa de lo ominoso freudiano: “cuando lo familiar se torna raro, y cuando lo raro se torna familiar”, concepto que se ha vuelto su firma personal. Poco a poco entramos en un horror donde la figura materna, tradicionalmente protectora, adquiere el cariz de una entidad oscura y monstruosa.
Lejos de la madre abnegada, encontramos a una mujer atravesada por el miedo al abandono y el trauma. La película plantea así una lectura doble: el mal como entidad sobrenatural, pero también como una herencia emocional que se transmite y contamina.
En este sentido, la propuesta dialoga con obras como The Babadook (2014) o la reciente Haz que regrese (2025), cuyas tramas también exploran hogares de adopción y madres de intenciones oscuras. En la literatura, resuena con Carcoma (2021) por su enfoque en relaciones tóxicas, e incluso con El resplandor (1980) o Aquí vive el horror (The Amityville Horror, 1979), en su concepción de la casa como un organismo vivo que amplifica la locura. Al final, los hogares guardan la herencia de quienes los han habitado.

Uno de los mayores aciertos es su construcción espacial. Sus paredes parecen gestar vida, literalmente, en imágenes perturbadoras que sugieren un “parto” de lo monstruoso. La influencia del horror gótico y de Lovecraft es evidente en cómo lo invisible acecha desde los márgenes, mientras el director recupera los planos secuencia y la visión espectral de su trabajo anterior.
La puesta en escena apuesta por la penumbra y sonidos orgánicos —respiraciones, crujidos— para construir una atmósfera opresiva. A esto se suma un uso inquietante de elementos cotidianos, como globos, que transforman lo infantil en algo siniestro.
Más allá de lo sobrenatural, el film se articula como un drama sobre la identidad. Muestra los temores de niños que buscan pertenencia frente a una madre adoptiva que huye de la soledad. Pero ese deseo mutuo está contaminado por una dinámica tóxica donde el amor se mezcla con el control y la culpa.
Aquí emerge el tema del trauma intergeneracional. La sombra de una madre abusiva se proyecta sobre la siguiente generación en un ciclo difícil de romper. Así, la película lee las narrativas contemporáneas sobre salud mental y vínculos disfuncionales: la madre actual no es malvada por naturaleza, sino que vive bajo el yugo de una progenitora maltratadora que la marcó con humillaciones y obsesiones físicas.
Tantos años de toxicidad han creado una mujer insegura y excéntrica que sigue hablando con su difunta madre. Su estado de ánimo alimenta al monstruo que habita en los terrenos de ese hogar roto. El diseño de la criatura, realizado con efectos prácticos (maquillaje y sangre artificial), es otro punto destacable, pues evita lo digital para reforzar la materialidad del horror.

Ojeda repite recursos como las presencias fuera de campo y una progresión de “combustión lenta”. Si bien esto consolida su identidad autoral, también genera cierta previsibilidad en algunos pasajes.
Asimismo, la inclusión de elementos como amuletos vudú o el gato negro amplía el universo simbólico, aunque por momentos roza la sobrecarga de signos. Otro aspecto relevante es el del libre albedrío: dentro de ese hogar amenazante, los personajes tienen la libertad de irse, pero algunos aceptan quedarse para no perder el vínculo, mientras otros se rebelan.
El avance de la trama se cocina sin prisa, apostando por la acumulación de tensión. Esto resulta efectivo para quienes buscan terror atmosférico, aunque puede generar distancia en espectadores que esperen un clímax más explosivo. De hecho, a pesar de sus escenas perturbadoras, el film no termina de sostener su potencia en un tramo final algo previsible.
Con Memoria de una madre, Mauro Iván Ojeda confirma su interés por el horror íntimo, donde lo sobrenatural funciona como metáfora de heridas emocionales. Es una película incómoda y por momentos irregular, pero con una mirada clara: el verdadero terror no siempre está en la oscuridad, sino en aquello que heredamos y no logramos sanar. Porque hay casas malditas… pero también hay familias que lo están.
Entrevista a Mauro Iván Ojeda, por Iara Reboredo
Título: Memoria de una madre.
Título original: Idem.
Dirección: Mauro Iván Ojeda.
Intérpretes: Santino Resta, Mateo Berti, Miguel Bosco, Lorenzo Crespo, Vilma Echeverría, Guadalupe Aldaz Gallo, Virginia Garófalo, Edgardo Molinelli y Julieta Palermo.
Género: Terror, Drama psicológico.
Calificación: AM 13 (con reservas).
Duración: 83 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: 3C Films Group.
Fecha de estreno: 16/04/2026.
Puntaje: 6 (seis)
