*Se advierte al lector que la crítica podría contener spoilers
Hana (Midori Francis), una muchacha obsesionada por su imagen corporal, es aterrorizada por un fantasma hambriento después de participar en una oscura moda para bajar de peso: ingerir cenizas humanas.
Crítica
La premisa de la película es bastante absurda, pero la trama sobre la cual se desarrolla dicho punto de partida hace digerible el transcurso narrativo, a pesar de lo disparatado que puede resultar el trasfondo asociado con el terror. El núcleo fantástico es muy simple: el personaje ingiere cenizas del cadáver de una mujer (“Bertha”), y el espíritu de la fallecida comienza a atormentar a la protagonista, obligándola a comer desaforadamente. El argumento secundario sobre el que se monta esta idea central, en cambio, es muy interesante, aunque lamentablemente no ha podido desarrollarse de modo balanceado en todos sus componentes potencialmente dramáticos, al verse eclipsado por la línea principal de la posesión demoníaca.

El episodio fantástico
Éste aparece con la llegada de una vieja compañera del secundario, quien intenta convencer a Hana de probar unas milagrosas píldoras para adelgazar que han hecho maravillas con ella. La protagonista, al principio se resiste, pero luego toma un par de porciones y empieza a apreciar rápidamente los resultados. Cuando quiere obtener más comprimidos, descubre que son económicamente inaccesibles para ella. Y a partir de aquí comienza el aspecto más gratuito e inverosímil del relato.
Por un lado, el personaje es ubicado precisamente donde el guion necesita que esté para que haga lo que el libreto requiere que sea hecho, y todo ello sin el mínimo disimulo: a) se presenta como estudiante avanzada de medicina; b) aparece cursando anatomía patológica, donde trabaja diseccionando restos humanos; c) a su grupo justo le ha tocado el cuerpo de una mujer obesa que ha fallecido de un agresivo cáncer de páncreas. Por si no fuera suficiente esta concatenación milagrosa de casualidades, el relato nos pide que aceptemos dos propuestas increíblemente insólitas: 1) aunque Hana es apenas una estudiante avanzada de medicina, consigue descubrir, mediante un experimento químico básico, el ingrediente secreto de la medicina milagrosa: cenizas humanas; 2) en lugar de obtener los residuos de algún crematorio, no se le ocurre mejor idea que llevarse una parte de la fallecida que está diseccionando en clase, para procesarlo y obtener de la materia orgánica el polvo que necesita.
Al interior de esta línea narrativa, donde se desenvuelve el episodio fantástico, el elemento más flojo, a mi entender, es la ausencia de una caracterización psicológica de “Bertha”, y, por ende, de información suficiente sobre su vida, que hubiese permitido, por ejemplo, un lazo afectivo entre las dos mujeres, y no sólo una mera presencia física espectral.

La gravidez familiar y el tópico del romance
La película presenta dos líneas narrativas de espesor psicológico-realista que van interactuando con el episodio fantástico: la historia familiar y el anhelo romántico.
En lo que atañe a la historia familiar vemos al padre de la protagonista, quien padece de obesidad mórbida y ha renunciado a una vida activa, transcurriendo sus días sentado frente a la televisión o acostado en su cama; la madre, por su parte, resignada a un matrimonio que ya ha muerto, parece descargar su frustración en una actitud controladora e invasiva sobre su hija. Ambos parecen encarnar la gravidez de un nexo asfixiante que la protagonista padece constantemente, pudiendo interpretarse este motivo como el correlato material de la presencia fantasmal de la obesa “Bertha” que atormenta y devora a Hana desde su interior, como un cáncer.
La dimensión romántica de la trama es la que motoriza, finalmente, el episodio fantástico, pues es precisamente el deseo de Hana de acercarse a Alanya (Madeleine Madden) y de concretar un encuentro amoroso, lo que la obsesiona por transformar su imagen corporal, y lo que la lleva a consumir las píldoras hechas a base de ceniza humana. Lo interesante de la relación entre las dos muchachas es que Alanya parece estar constantemente dispuesta a un acercamiento con Hana, mostrándose siempre atenta, amable y afectuosa. Es Hana, en verdad, la que no se permite a sí misma entrar en contacto con ese objeto amoroso hasta no adquirir la silueta que ella considera necesaria. En otras palabras, el principal obstáculo en la concreción amorosa no es el sobrepeso de la protagonista, sino sus miedos e inseguridades, seguramente atravesados por la situación de morbidez de su padre y la decisión reciente de su madre de abandonarlo.
Aunque articulado de un modo torpe, y con un desenlace demasiado previsible, el largometraje no deja de constituir una propuesta interesante por los componentes propuestos, la ambientación y estética muy cuidada, así como el tono erótico que consigue en las escenas del encuentro sexual entre las dos mujeres.

Título: Insaciable.
Título original: Saccharine.
Dirección: Natalie Erika James.
Intérpretes: Midori Francis, Danielle Macdonald, Madeleine Madden, Robert Taylor, Annie Shapero, Showko Showfukutei, Emily Milledge y Joseph Baldwin.
Género: Terror, Body horror.
Calificación: R- 17 años.
Duración: 112 minutos.
Origen: Australia/ Finlandia.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Diamond Films.
Fecha de estreno: 13/08/2026.
Puntaje: 6 (seis)
