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sábado, 19 septiembre 2026
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En la zona gris: Mil millones de dólares y ni un vaso de agua

Por María Rosa López Llebot, corresponsal de Nueva Tribuna España

*Se advierte al lector que la crítica contiene spoilers

El mundo de las finanzas, de las grandes sumas de dinero, también parece ser el de los grandes estafadores. En el film En la zona gris, un equipo multidisciplinario de abogados, soldados e informáticos debe recuperar mil millones robados por un desalmado español que se esconde en su propiedad, una isla del archipiélago Canario, donde tiene a la policía local comprada. Hará falta ingenio y medidas drásticas para recuperar semejante dineral. Con todo, el film no profundiza en la corrupción financiera de alto nivel; ese es solo el punto de partida y la excusa para armar una película de acción. ¿Profundidad, temas que resuenen? No, para nada.

¿Diálogos con la chispa habitual de Guy Ritchie en este film? No contemos con ellos (hay una alusión a Katharine Hepburn bastante penosa, y otra a prácticas homosexuales en el ejército que roza la homofobia más básica). ¿Acción trepidante? Bueno, digamos que… más bien es una acción tediosa y predecible.

Si no me perdí en algún punto, la trama de En la zona gris es la siguiente: Manuel Salazar (Carlos Bardem), el delincuente español, le debe mil millones de dólares —que se dice rápido— a un grupo financiero internacional. Salazar decide no pagar la deuda y asesina al primer cobrador que se presenta. La astuta abogada Rachel Wild (Eiza González) se postula ante la financiera, cuya representante es Bobby Sheen (Rosamund Pike), para recuperar el dinero a cambio de una comisión del diez por ciento. Para ello cuenta con Sid (Henry Cavill), Bronco (Jake Gyllenhaal) y un equipo de mercenarios que se encargan de la logística, la vigilancia y el asalto a mano armada.

Para empezar, la sagaz Rachel Wild intenta recuperar la deuda por las buenas; es decir, negociando con el abogado de Salazar, el señor Horowitz (Fisher Stevens). Como era de esperarse, Horowitz finge demencia, pero da igual, porque Rachel Wild ya sabía que no iba a conseguir nada al principio; solo quería colocar micrófonos en el despacho del sospechoso. A partir de las informaciones que obtienen por la vía del espionaje financiero, embargan el jet privado y el yate de Salazar, porque a los engreídos hay que pegarles donde les duele y bajarles los humos. ¿Utilizar el transporte público en España? No, Salazar recurrirá a un jet alquilado (vaya uno a saber quién se habrá sentado antes en esos tapizados). Aquí Salazar ya está dispuesto a negociar, más le vale. Hay un primer encuentro entre Rachel Wild y Salazar en el penthouse privado que está dentro de su hotel, junto al mar. Por supuesto, se reúnen en la terraza con vista —si no, ¿para qué la tienes?— y Salazar no solo es malo, sino que además no le ofrece a Wild ni un vaso de agua. Es increíble la falta de profundidad del personaje. Naturalmente, el equipo de Rachel previó un plan de escape (del cual el espectador fue informado detalladamente) por si Salazar se pone difícil y actúa como con el primer cobrador de la deuda. Wild y sus dos acompañantes salen sin contratiempos del penthouse de Salazar, pero él solo ofrece cuatrocientos millones de dólares, lo que se entiende por cambio chico en esos círculos.

No hace falta utilizar el plan de escape. Pero vamos, si nos lo explicaron con tanto detalle, será porque en algún momento van a utilizarlo; podemos contar con eso.

La implacable Rachel Wild quiere su diez por ciento y presiona más a Salazar, esta vez embargando sus empresas. Por una vez, la justicia funciona y va rápido, ¡qué maravilla! Aunque no es en España donde se juzgan los casos. Vemos varias veces a una misma jueza dar un mazazo y sentenciar en contra de Salazar, una vez por cada empresa embargada. Aquí Salazar convoca de nuevo a Wild y a sus dos acompañantes, sí, en la terraza del penthouse con vista. Otra vez, una y otra vez. Salazar no ofrece a sus invitados ni un café, ni un triste refresco de limón. No se puede ser más miserable, ¿tanto lujo para qué? El plan de escape anteriormente trazado sigue operativo (hay tirolesas, fosas que se abren mecánicamente en medio de una plantación de plátanos…). ¿Deberán utilizarlo? En principio no es necesario, porque salen de allí sin contratiempos.

Como no les ofrecieron ni un refresco de cortesía, a la salida del penthouse, Wild y Bronco se detienen en un bar de mala muerte del pueblo canario. Se temen (quizás esperan o anhelan) una trampa, pero van bien preparados. Allí se produce la primera masacre: qué listos los hombres de Wild, no muere ni uno solo y liquidan a todos los asaltantes enviados por Salazar; todo a puros disparos, nada de golpes cuerpo a cuerpo. Ni siquiera hizo falta utilizar el plan de escape, que sigue a la espera de ser usado.

Salazar, con sus hombres reducidos, cede y paga los mil millones de dólares que debe. Final feliz, en teoría. Pasan tres meses y vemos a Rachel Wild en una tienda de altísima moda en medio del desierto. Está con una amiga que es asesinada. No sabíamos nada de la amiga, ¿están en una relación amorosa? Que cada uno se imagine lo que quiera. ¿Es la cuota LGTBIQ+? Vaya uno a saber. El asunto es que Wild es secuestrada por los hombres de Salazar y trasladada a la isla canaria, concretamente a una comisaría de policía española que parece un calabozo de mala muerte. Los patrulleros estacionados en la puerta tienen logotipos distintos a los de la Policía Nacional española o de la policía local canaria, pero igualmente hay que llamar al número de emergencias si se los necesita para algo. El diablo está en los detalles.

¿El mezquino Salazar, que no convida ni un refresco, se venga de Rachel Wild por pura maldad? No, es que, a pesar de haber pagado los mil millones de dólares, no le liberaron el yate, el jet, ni las empresas… Rachel se defiende diciendo que a ella tampoco le pagaron su legítima comisión. ¿Qué está pasando? Salazar no entra en razones y mantiene cautiva a Wild. El espectador ya fue informado con anterioridad de que Rachel lleva un reloj de pulsera que la geolocaliza con precisión. Total, que ahora sí los dos acompañantes ponen en marcha el plan de escape con tirolinas, explosiones, la fosa del campo de plátanos, persecuciones, ametralladoras… Los dos escoltas ponen a salvo a Wild y, por iniciativa propia, van por Salazar, quien termina en un contenedor de carga que aparece en Miami, por lo tanto, en manos de la justicia de Estados Unidos. En el interior del contenedor, para pasar el rato, Salazar tiene cigarros (¿habanos?, no sé, no fumo); miserable e imprudente. Rachel Wild va por Bobby Sheen, no se sabe cómo, pero esta recibe una llamada de su jefe que la inquieta. Tampoco sabemos más.

97 minutos de metraje que parecen 127. Cuando descubres que perdiste menos tiempo de tu vida del que pensabas, te llevas una gran alegría.

Rodada en la isla de Tenerife, los conocedores del lugar pueden jugar a identificar las locaciones: el Real Casino de Tenerife y la Plaza de la Candelaria en Santa Cruz de Tenerife, y, en la zona de San Andrés, el muelle pesquero y la playa de Las Teresitas.

Título: En la zona gris.
Título original: In the Grey.
Dirección: Guy Ritchie.
Intérpretes: Henry Cavill, Jake Gyllenhaal, Eiza González, Carlos Bardem, Rosamund Pike, Fisher Stevens y Kristofer Hivju.
Género: Acción, Thriller, Suspenso.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 97 minutos.
Origen: EE.UU./ Reino Unido.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Diamond Films.
Fecha de estreno: 14/05/2026.

Puntaje: 4 (cuatro)

 

Gentileza: Nueva Tribuna España

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