Por Joan Segovia
Nicolas Winding Refn lleva tanto tiempo construyendo un lenguaje propio que resulta difícil enfrentarse a una nueva película suya sin reconocer inmediatamente sus obsesiones. Los colores saturados, los personajes que parecen posar más que vivir, las conversaciones suspendidas y acotadas, la violencia convertida en ritual y una puesta en escena donde cada cuerpo ocupa exactamente el lugar que debe dentro del plano vuelven a estar presentes en Su propio infierno. El problema es que, después de tantos años trabajando sobre los mismos elementos, esta vez el director parece haber dado un paso en falso.
La película es lenta desde su propia concepción. Su ritmo es pausado, las conversaciones se alargan y cualquier avance necesita su tiempo. Eso no tendría por qué ser un problema. Refn nunca ha sido un cineasta especialmente preocupado por llegar rápido a ninguna parte y buena parte de su obra se sostiene precisamente sobre la capacidad de crear sensaciones antes que narraciones. Aquí, sin embargo, esa lentitud acaba dejando demasiado espacio para descubrir lo poco que hay detrás.
Her Private Hell se divide prácticamente en dos historias unidas de manera muy tenue. Por un lado, está Elle, interpretada con solvencia por Sophie Thatcher; por otro, Private K, al que Charles Melton dota de una presencia todavía mayor. Las dos líneas avanzan durante gran parte del metraje casi de manera independiente y la película nunca termina de justificar del todo la necesidad de mantenerlas juntas.

La diferencia entre ambas resulta además evidente. La historia de Private K es la más atractiva, la que mejor narra su trama y la que consigue despertar auténtico interés por aquello que está ocurriendo. Su búsqueda tiene dirección, sus encuentros hacen avanzar el relato y Melton aporta al personaje una mezcla de determinación y tristeza que funciona incluso dentro del extraño universo planteado por Refn. Hay suficiente material en ella como para imaginar una película centrada únicamente en Private K que posiblemente habría ganado en cohesión.
Elle vive justo en el extremo contrario. Su historia está deliberadamente vacía, como también parece estarlo ella. Hay algo coherente en esa decisión: la falta de energía de la puesta en escena refleja una vida sin propósito, atrapada en un lugar que la oprime y la minimiza. Pero una cosa es representar el vacío y otra conseguir que ese vacío resulte interesante durante casi dos horas.
La relación con Dominique, antigua amiga y amante de Elle antes de convertirse en esposa de su padre, introduce inicialmente uno de los conflictos más prometedores. Sin embargo, queda suspendida durante buena parte de la película y apenas evoluciona hasta bien avanzado el último acto. Todavía más prescindible resulta Hunter, cuya desaparición no alteraría el desarrollo de la trama, incluso la beneficiaría.
Quedarse únicamente con estos problemas narrativos sería, sin embargo, analizar solo una parte de lo que propone Refn. Her Private Hell quiere ser, ante todo, una experiencia visual, igual que lo era The Neon Demon diez años atrás. Y ahí aparece quizá su mayor problema: quien conozca la obra del director difícilmente encontrará una evolución.

Los fetiches siguen siendo los mismos, pero esta vez menos inspirados. Las composiciones continúan siendo extremadamente cuidadas y la fotografía mantiene esa obsesión por controlar cada espacio, pero faltan aquellas imágenes capaces de permanecer en nuestra memoria. Incluso las conversaciones poseen una artificialidad extrema, pronunciadas y representadas como si pertenecieran a una antigua obra de teatro. Existe una intención evidente de construir una fábula contemporánea, con madrastras malvadas, jóvenes perdidas y hasta un monstruo sobrenatural, aunque pocas veces esa intención llega a convertirse en algo realmente interesante.
Donde la película sí encuentra una personalidad mucho más definida es en la música de Pino Donaggio. Su presencia prácticamente constante transforma muchas escenas y desplaza el relato desde el cuento hacia la fantasía oscura. Sumada a una violencia escasa, pero muy concreta, y a determinados recursos visuales, acerca Her Private Hell al giallo clásico sin llegar nunca a serlo. De hecho, toda la película parece vivir en ese terreno intermedio: toma elementos del terror sin provocar miedo, del thriller sin generar demasiado suspense, del drama sin profundizar en sus personajes y del romance sin desarrollar plenamente sus relaciones. Se queda en tierra de nadie.
Al final queda una película nacida casi enteramente de las obsesiones de Nicolas Winding Refn. Un cuento extraño contado de manera torpe, construido con pinceladas de varios géneros sin instalarse completamente en ninguno de ellos. Hay planos medidos al milímetro, una fotografía decidida hasta el último detalle, diálogos vagos, personajes innecesarios y una narración que avanza tan poco que al terminar deja una sensación vacía.
Her Private Hell pide demasiado a quien nunca haya entrado en el universo de Refn y ofrece demasiado poco a quien lleva años recorriéndolo.
Título: Su propio infierno.
Título original: Her Private Hell.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Intérpretes: Sophie Thatcher, Charles Melton, Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Diego Calva, Dougray Scott y Hidetoshi Nishijima.
Género: Ciencia ficción, Thriller psicológico, Terror.
Calificación: R- 17 años.
Duración: 110 minutos.
Origen: EE.UU./ Dinamarca/ Reino Unido.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Maco Cine.
Fecha de estreno: 24/09/2026.
Puntaje: 5 (cinco)
