Por Omar Tubio

El comentario general en Hollywood decía que el western y el musical –géneros del cine americano por excelencia- estaban en peligro de extinción. A pesar del intento de Clint Eastwood con Los imperdonables y otros menos trascendentes las películas situadas en el Oeste siguen con el mismo cuadro: coma cuatro. Pero quizás a raíz del suceso un par de Chicago: And all that jazz! 1años atrás de Moulin Rouge! – Amor en Rojo, la cosa empezó a cambiar para los musicales, y un proyecto que venía dilatándose por años y años y que pasaba de mano en mano sin decidirse a llevarlo a cabo, finalmente tuvo luz verde. Así nació Chicago, la película.

En ese largo proceso de frustraciones quedaron nombres afuera. Desde Liza Minnelli hasta Madonna, pasando por Goldie Hawn, Jennifer Lopez y hasta la mismísima Britney Spears; pero la revolución que causó el film de Baz Lhurman quiso que fuera ahora y no antes, lo que será sin dudas el resurgimiento más importante de un género cinematográfico en los últimos años. Por lo menos hasta agotarlo nuevamente. Y allí esperan Rent, Cats, Miss Saigón y la añorada versión de El fantasma de la Opera como proyectos a corto plazo. El éxito de Chicago en los Estados Unidos y sus trece nominaciones al Oscar los avalan con fuerza.


La película está dividida en dos planos bien diferenciados; uno refleja casi literalmente la obra teatral en la cual se basa, con el escenario como centro, las luces, los cenitales y hasta el presentador que va anunciando cada número. El otro es la historia en sí, lo que fue necesario agregar como guión para no convertirse en la simple traslación de una obra teatral al terreno cinematográfico. Y es en esa unión donde Chicago logra el mayor acierto, donde se funden de una manera maravillosa ambos planos obteniendo un todo armonioso y para nada forzado.

La operación que realiza Rob Marshall –director primerizo pero con amplia experiencia en musicales- al mantener la estructura teatral es tan original como arriesgada. Lo que hace que el intento no caiga en el llamado “teatro filmado” es el excelente manejo de cámaras, jugando con las infinitas posibilidades que el cine tiene como medio visual y una soberbia utilización del montaje.

La obra la puso por primera vez en Broadway su autor, el desaparecido Bob Fosse, también director de cine, y Marshall no tiene la menor duda a la hora de rendirle un justo homenaje a la mayor figura del género musical de los últimos treinta años. El fantasma de Fosse sobrevuela durante todo el film, y no solo porque sus coreografías son inigualables y conservan una actualidad que asombra, sino porque la atmósfera que trasciende de la película es muy parecida a las de films como Cabaret o All that Jazz, de las cuales Chicago bebe sin el menor recelo. No estamos hablando de plagio ni de nada parecido, sino de un material Fosse al cien por cien en manos de un director que no oculta la admiración por su maestro.

La historia de Roxie Hart -a diferencia de la obra donde sus dos personajes principales estaban más equiparadas- adquiere mayor protagonismo en la versión fílmica, ya que el guión se centra en su historia personal y no en el enfrentamiento con la otra asesina más famosa, Velma Kelly, con quien toma contacto en la prisión. Pero en los números musicales la cosa está más repartida y las chicas se sacan chispas… ¡Y cómo!

¿Quién lo hubiera dicho? ¿Zellweger y Zeta Jones bailando y cantando? ¿Richard Gere en un musical? Sí, señores… y aquí está el plato fuerte de la función y la mayor atracción de la película: sus actores. Catherine Zeta Jones, según parece, debutó en Londres nada menosChicago: And all that jazz! 4 que en comedias musicales, y ahora después de muchos años sacó a relucir los tacos y salió a demostrar lo que sabe hacer; su labor es de una energía, un magnetismo y una presencia que dejan con ganas de más. Toda una revelación. Como la de Renée Zellweger, a simple vista la elección más descabellada para encarnar a Roxie Hart, pero la diminuta rubia sorprende cantando y bailando,y se gana el aplauso con creces. Aunque si hay alguien que sin dudas demolerá prejuicios al por mayor, ese es Richard Gere, más limitado como cantante que sus compañeras pero demostrando una soltura y una simpatía como nunca se le había visto hasta ahora. ¡Si hasta se atreve con el tap! Otros que se lucen también son Queen Latifah y John C. Reilly, ambos perfectos en lo suyo.

Las canciones de Fred Ebb y John Kander (Cabaret) y la música de Danny Elfman apelan al espíritu de la época y se inscriben en el jazz más tradicional conformando unos increíbles números musicales que dan ganas de aplaudir cada vez que terminan. Atención al bloque del Tango de la Celda, ejemplo de lo que acabo de decir.

Sin llegar a las alturas de los films mencionados de Bob Fosse o del impacto artístico logrado por Moulin Rouge! – Amor en Rojo (mucho más que un musical), Chicago se erige como un brillante exponente de un género dispuesto a resurgir de las cenizas y sobre todo a presentar batalla. Ojalá sea así.

Chicago: And all that jazz! 2Título: Chicago.
Título Original: Idem.
Dirección: Rob Marshall.
Intérpretes: Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones, Richard Gere, Queen Latifah, John C. Reilly, Christine Baranski, Taye Diggs, Lucy Liu, Mya, Dominic West.
Género: Musical, Drama.
Clasificación: Apta mayores de 13 años.
Duración: 113 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2002.
Distribuidora: Buena Vista.
Fecha de Estreno: 06/03/2003.

Puntaje: 8 (ocho)

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