Por Pablo Arahuete

No debe abordarse este film con una mirada sesgada a lo cinematográfico exclusivamente, aunque resulta meritorio el resultado alcanzado, sino desde un punto de vista más abarcador que contemple sus valores extra cinematográficos y sobre todas las cosas al público al que va dirigido…

En el año 1970, la figura del General José de San Martín llegaba a la pantalla grande de la mano del director Leopoldo Torre Nilsson, con libro de Beatriz Guido y Ulises Petit de Murat, en el film El santo de la espada. La película contaba con un elenco integrado por Alfredo Alcón, Evangelina Salazar, Lautaro Murúa y Héctor Alterio en el rol de Simón Bolívar, entre otros.


En esa oportunidad, más allá de los códigos de la época, el San Martín de Alfredo Alcón era demasiado pomposo en su discurso y poco creíble tratándose de un prócer latinoamericano. Claro que de aquella figura representada en los manuales escolares como el Padre de la patria, montado en un caballo blanco y con una postura solemne, su copia cinematográfica tomaba apenas el contorno para terminar delineando un personaje en el que quedaran representadas ideas como la lucha por la libertad, el sacrificio y el coraje, sin fisuras ni contradicciones.

Sin importar el lado o el discurso político que cuente la gesta patriótica, resulta obvio a esta altura que don José de San Martín fue protagonista -junto a miles de almas anónimas- de una de las hazañas militares e históricas más importantes de la etapa libertaria de Latinoamérica, que asestó un duro golpe a la tiranía española e inspiró con sus acciones demenciales (¿acaso cruzar los Andes no lo era?) a pueblos sojuzgados, enseñándoles a levantarse contra los más poderosos a pesar de la indiferencia de quienes manejaban los destinos del país.

Esa mezcla de sensaciones conforma uno de los elementos característicos de esta iniciativa educativa que se vale de la poderosa herramienta del cine para encontrar un espacio creativo, dinámico y aggiornado a los tiempos vertiginosos de la comunicación, apto para abrir el debate y la reflexión tanto dentro como fuera de las aulas sobre uno de los símbolos históricos, cuya trascendencia a su tiempo cronológico recién se llegó a comprender a partir de una mirada revisionista y despojada de excesiva admiración o exacerbado prejuicio.

Revolución. El cruce de los Andes (2011) nace de la comunión productiva entre la Televisión Pública, Canal Encuentro y el INCAA, con el apoyo de la Televisión española (TVE) y del gobierno de la provincia de San Juan (ciudad donde se trasladó un equipo de rodaje compuesto por más de 100 técnicos y un total de 1400 extras). Filmada por Leandro Ipiña (asiduo colaborador de Tristán Bauer y responsable de algunos programas del canal Encuentro) y protagonizada por Rodrigo de la Serna (excelente elección del casting) la película intenta acercarse al prócer desde una visión más humanista resaltando tanto los aspectos positivos como contradictorios o negativos de su personalidad y pensamiento.

La película está estructurada en dos tiempos que marcan el presente histórico del film en 1880 y partir del recuerdo de Manuel Corvalán, quien acompañara al Libertador como amanuense a sus tempranos quince años de edad en la travesía épica por las altas cumbres, que permitió luego la liberación de Chile tras el aplastante triunfo en la batalla de Chacabuco donde el ejército Realista sufrió una importante cantidad de bajas en manos de las filas comandadas por O? Higgins y Soler, quienes se unieron a las diezmadas huestes del general San Martín. Vulnerable pero decidido; autoritario aunque justo con sus hombres a cargo; jugador de ajedrez y muchas otras facetas van armando el boceto de este San Martín de carne y hueso a quien Rodrigo de la Serna impregna rasgos de mortal y desmitifica saludablemente; atento a los mínimos detalles, incluidas sus expresiones con acento español y los achaques de una enfermedad que debió sobrellevar a fuerza de ingestas de láudano sin mostrar dolor ni flaqueza frente a sus subordinados.

Del mismo modo que Leandro Ipiña y Andrés Maino, responsables del guión, se encargaron de resaltar el papel fundamental del entorno y el contexto tanto político como geográfico, revalorizando a esos hombres sin nombre que también fueron protagonistas de la historia, la mirada sobre el enemigo y acerca de la guerra como un mal necesario se resignifica a partir de poner el acento en la violencia y crudeza de los acontecimientos, con una puesta en escena prolija desde lo formal pero afortunadamente desprolija estéticamente para resaltar un tono realista y verosímil que atraviesa la trama, inclusive en la secuencia de la batalla de Chacabuco donde el despliegue de extras es notorio.

No debe abordarse este film con una mirada sesgada a lo cinematográfico exclusivamente, aunque resulta meritorio el resultado alcanzado, sino desde un punto de vista más abarcador que contemple sus valores extra cinematográficos y sobre todas las cosas al público al que va dirigido: estudiantes de secundaria que seguramente encontrarán en este prócer humanizado algo que remotamente se aleje de la impoluta e inalcanzable imagen que durante muchos años supimos conseguir.

Revolución, El cruce de Los Andes: Un prócer de carne y hueso 2Título: Revolución, El cruce de Los Andes
Dirección: Leandro Ipiña
Intérpretes: Rodrigo De la Serna, Juan Ignacio Ciancio, Javier Olivera, Victor Carrizo, Matias Marmoratto, Pablo Ribba, Lautaro Delgado, Alberto Palomeque
Calificación: Apta para todo público
Género: Histórica, Drama
Duración: 95 minutos
Origen: Argentina
Distribuidora: Distribution Company
Año de realización: 2010
Fecha de estreno: 07/04/2011

Puntaje 7 (siete)

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