Con la misma química y sensibilidad alcanzada en Una novia errante (2007), Ana Katz y Carlos Portaluppi consiguen llevar a Hijos nuestros (2016) a todos los estadíos desde el punto de vista emocional, buscados a consciencia desde un guión, de Nicolás Suárez, que huye del costumbrismo para encontrar un camino propio y aportar ideas en esta historia donde los vínculos, los espacios que dejan las ausencias y la pasión ganan protagonismo.Hijos nuestros: Tribulaciones de un hincha 2Colgado, como en varias postales de los taxis porteños, el banderín de un equipo de fútbol acompaña el día a día de Hugo (Carlos Portaluppi). Al igual que el banderín de su glorioso San Lorenzo de Almagro, Hugo tuvo que colgar los botines por una lesión que lo alejó, hace décadas, del equipo de primera y sepultó su sueño de jugador del ciclón.

El fracasado futbolista convive hoy con el Hugo tachero, excedido de peso,
parco y con muy pocos proyectos personales, salvo que el equipo de Boedo se consagre campeón de la Libertadores en el presente de la historia. Sin embargo, entre sus pasajeros espontáneos, Silvia (Ana Katz) y su hijo (Valentín Greco), quien practica fútbol en Vélez Sarsfield, conectan a Hugo con su pasión futbolera desde otro lugar y también esa conexión cambia la perspectiva de su realidad de manera gradual Hijos nuestros: Tribulaciones de un hincha 3aunque constante.

Si Hugo es el padre que necesita Silvia para ocupar la ausencia en la crianza de su hijo o simplemente un amigo con derecho a roce, se verá a lo largo del film. Pero lo más interesante, sin lugar a dudas, es la transformación de los personajes. Por momentos, la idea de familia no convencional encuentra un sentido y no hace ruido en el vínculo creciente entre Hugo, Silvia y su hijo.


Pero como todo cambio o crisis trae sus consecuencias, el protagonista también se ve envuelto en un dilema, en el que entra a tallar por un lado la presencia incondicional del Ciclón como ese refugio para el alma, también una piedra dura en el zapato cuando se trata de rememorar aquellos momentos de
gloria en la cancha. A eso se le suma la proyección en el muchachito con buenas perspectivas de jugador de inferiores.

Ahora bien, a la cotidianeidad de Hugo se le adosa un plano mental Hijos nuestros: Tribulaciones de un hincha 1que distorsiona su realidad, sin llegar a alucinaciones pero que hacen de su entorno algo más gratificante que aquello que le brinda la rutina de una posible convivencia con Silvia o desde su lugar dentro del taxi.

La puesta en escena logra construir la atmósfera desde la sutileza y para ello la performance de Carlos Portaluppi es esencial, porque logra convencer al público sin que el cambio de registro sea demasiado abrupto. Lo que Hugo vive en su experiencia guarda una estrecha relación con su rol de hincha y el recuerdo de aquella película argentina El hincha (1951), dirigida por Manuel Romero y protagonizada por Enrique Santos Discépolo, aparece como apunte cinéfilo en esta nota, en base a los sentimientos que despertaba el cuadro de sus amores.

La pasión y lo sagrado son elementos que se conjugan en una de las escenas más jugadas de Hijos nuestros, que arranca por un paseo por Boedo, como si se tratara de un tour por un templo, para culminar en la iglesia con un Daniel Hendler descomunal, en su corta pero efectiva aparición en pantalla.

Hijos nuestros: Tribulaciones de un hincha 4Título: Hijos nuestros
Director: Juan Fernández Gebauer, Nicolás Suárez
Género: Drama, Comedia
Clasificación: Apta para mayores de 13 años
Intérpretes: Ana Katz, Carlos Portaluppi, Valentín Greco
Duración: 85 minutos
Origen: Argentina
Año Realización: 2016
Distribuidora: Tren Cine
Fecha Estreno: 12/05/2016

Puntaje 8 (ocho)

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