Por Francisco Nieto – Corresponsal Cine Nueva Tribuna, España

Nadie mejor que David Yates, cineasta británico al que se le encargó la nada sencilla tarea de dar carpetazo ¿final? a la saga de Harry Potter en el celebrado díptico Harry Potter y las reliquias de la muerte para intentar insuflar un poco de aire en la figura del mítico Tarzán, el rey de la selva, del que se supo en cines por última vez hace tan sólo tres años en una muy olvidable adaptación animada de nacionalidad alemana titulada Tarzán: la evolución de la leyenda (con las voces de Kellan Lutz y Spender Locke en la versión americana).La leyenda de Tarzán: Un superhéroe de bajos vuelos 2

Si nos referimos a versiones en imagen real tendríamos que remontarnos al siglo pasado en otra horripilante puesta en escena del personaje de la que mejor ni acordarse: Tarzán y la ciudad perdida, dirigida en 1998 por Carl Schenkel (Jaque al asesino) y protagonizada nada más y nada menos que por la inusual (y muy finiquitada para el cine) pareja formada por Casper Van Dien (Invasión: Starship Troopers) y Jane March (El amante). Así Yates ha tenido el dudoso privilegio de traernos al Tarzán más moderno, para ver qué tal le sientan los últimos avances tecnológicos en cuanto a efectos especiales se refiere a la hora de interactuar con los animales y transitar entre las copas de los árboles mientras se columpia entre lianas.


El cineasta formado en la cantera televisiva de la BBC donde filmó series de acción de calidad como Policía de barrio o La sombra del poder, se mueve como pez en el agua en un primer tramo (lo que viene justo después de la atrayente escena inicial en la que se fragua mediante una espectacular batalla la venganza que ha de traer de nuevo a Tarzán a su La leyenda de Tarzán: Un superhéroe de bajos vuelos 1antiguo terruño), en el que nos explica con todo lujo de detalles cómo ha sido la adaptación del antaño niño mono en el mundo civilizado de los adultos en la capital londinense. Allí, el aristócrata John Clayton, nombre que consta en su partida de nacimiento, aprenderá idiomas y vivirá en paz y armonía junto a su amada Jane, aunque le invada la melancolía cada vez que alguien le recuerde sus aventureros tiempos de infancia.

El film juega en esas primeras escenas con la mezcla de momentos cotidianos contemporáneos y otros mediante flashbacks en progresión que permiten que conozcamos de primera mano qué le sucedió desde el momento en el que tuvo que educarse bajo la estricta vigilancia de una manada de simios parecida a los gorilas (los mangani). Gracias a su concurso y a la cruel rivalidad con el jefe de la manada que nunca lo aceptó adquirió grandes habilidades físicas, pudiendo enfrentarse a cualquier animal salvaje para defender su familia. A partir de entonces, Tarzán es requerido por el gobierno británico, quien trabaja conjuntamente con el americano (en la figura de un rejuvenecido para la ocasión Samuel L. Jackson) para intentar desenmascarar las malas artes de sus homólogos belgas, quienes mediante prácticas esclavistas se están enriqueciendo a manos llenas mediante el comercio ilegal de diamantes.

El malísimo de la función está interpretado por el siempre competente, aunque aquí un tanto desaprovechado. Christopher Waltz. Los que suelen acusar al actor de cierto histrionismo en La leyenda de Tarzán: Un superhéroe de bajos vuelos 3sus interpretaciones aquí no tendrán queja, y no precisamente porque el director haya demostrado mano dura y le haya encorsetado sino porque a partir de la mitad de metraje todas las buenas intenciones iniciales quedan anegadas por la pirotecnia y el empacho de efectos especiales; unos efectos, que dicho sea de paso, tampoco es que sean maravillosos, y que no pasan de ser una saturada muestra sin inspiración de escenas de acción que nos suenan y mucho a otras películas, como El tigre y dragón (los paseos con cuerdas por las copas de los árboles); Jurassic Park (la carrera con los avestruces) y sobre todo Jumanji (con ese desatado zoológico final donde confluyen hipopótamos, cocodrilos, serpientes y hasta búfalos).

Tampoco se le pueden pedir peras al olmo a un cineasta al que tan sólo se le exigen ciertas apariencias estéticas, mientras todo se cuece en la mesa de montaje y en el laboratorioLa leyenda de Tarzán: El caballero de la jungla 4 donde se generan imágenes por ordenador. Incluso la pareja protagonista, unos pétreos Alexander Skarsgard (qué lejos quedan los tiempos en los que apuntaba a actor carismático con títulos como Melancolía, de Lars von Trier) y Margot Robbie (El lobo de Wall Street) se empapan de la desidia generalizada y nos ofrecen sendas interpretaciones planas y carentes de cualquier atisbo de pulsión sexual. Había mucha más pasión e incluso erotismo en el Tarzán, el hombre mono de Johnny Weismuller y Maureen O´Sullivan, y eso que se estrenó en 1932.

La leyenda de Tarzán: El caballero de la jungla 6Título: La leyenda de Tarzán
Título original: The legend of Tarzan
Director: David Yates
Intérpretes: Margot Robbie, Samuel L. Jackson, Alexander Skarsgård, Christoph Waltz, John Hurt, Ella Purnell, Sidney Ralitsoele
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Género: Acción, Aventura
Duración: 110 minutos
Origen: Estados Unidos
Año de realización: 2016
Distribuidora: Warner Bros.
Fecha de estreno: 21/07/2016

Puntaje 4 (cuatro)

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