Por Juan Alfonso Samaja
*Se advierte al lector que la crítica contiene spoilers
Habiéndose aprovechado de sus contactos ilícitos con la mafia italiana e irlandesa durante su estancia en Chicago en los turbulentos años 30, los hermanos Stack y Smoke han regresado al Estado de Misisipi, con el objetivo de abrir una cantina para la comunidad local, debiendo enfrentar diversos inconvenientes asociados a la segregación.
Crítica
La película está integrada por tres grandes bloques: el componente narrativo, el componente erótico y el componente musical.
El componente musical se debe al carácter de homenaje que la película tiene respecto del guitarrista de blues Buddy Guy. El diseño de la musicalización y de los números instrumentales es verdaderamente notable, y de lo mejor que la película presenta sin duda. El componente erótico es realmente llamativo, no sólo por lo excitante que resulta su exhibición en la imagen, sino también por el papel protagónico que asume la mujer en relación con su propio goce sexual. Es realmente significativo –y probablemente anacrónica- la tematización del clítoris, y la valoración que estos varones hacen respecto del goce femenino, pero no deja de ser un elemento atractivo en el contexto de la trama. El elemento narrativo, en cambio, presenta diversos tipos de inconvenientes, sobre todo a la hora de integrar la cantidad y diversidad (temática y genérica) de sus elementos. Sobre este último punto voy a focalizar el análisis.

Los hermanos sean unidos… ¿pero y el primo? ¿qué pito toca en esta orquesta?
La historia comienza con una voz en off que relata antiguas leyendas sobre el poder ancestral de la música para sanar a la población, y la fatalidad de invocar la presencia del mal. Inmediatamente, el relato introduce a Sammy More, quien ama la música blues y la guitarra, género y actividad que su padre, un pastor evangelista, ve con malos ojos por el pecado con el que se lo asocia. El muchacho llega en un auto hasta la iglesia, y desciende del vehículo empuñando el mango roto de una guitarra. Sammy presenta signos de haber sido brutalmente atacado, el padre lo abraza y le pide que renuncie a ese pecado y acepte para siempre a su salvador. A partir de este punto, el relato inicia un largo flashback donde repondrá la secuencia de acontecimientos.
La trama introduce dos líneas narrativas principales y un elemento secundario que irrumpe en el último tercio del film: por un lado, la historia del emprendimiento de los hermanos y el regreso a casa, con todas las deudas sentimentales y emocionales que ello conlleva (esposas, amantes, viejos rencores, amores y desgracias demasiado presentes); por otro, la iniciación del joven Sammy a la música de blues, a su primer amor, y a su madurez como hombre en general.
El cruce entre ambas historias se da por una relación de parentesco: Sammy y los gemelos son primos, y éstos pretenden incluir al joven en la inauguración de la cantina. Sin embargo, esta articulación no termina de fraguar como debiera, y la trama en su conjunto tampoco parece decidirse por cuál de estas líneas pasará el eje principal del relato. Si le adjudicamos todo el peso a la cantidad de tiempo que ocupa en pantalla cada uno de los argumentos narrativos, es evidente que la historia en torno a los gemelos debiera considerarse el eje conductor de todo el relato; pero si consideramos el marco narrativo de los acontecimientos (el antes y el después al cual se supedita un doble flashback: el de “el día antes”, cuando se inaugura la cantina, y el de “60 años antes” cuando hallamos al viejo Sammy ya consumado músico de blues) la prioridad se invierte.
La debilidad de esta articulación argumental se debe a una falta de atención narrativa al vínculo de los gemelos con Sammy, y cierto capricho gratuito que se percibe en el relato respecto de los motivos por los cuales se lo hace participar en los acontecimientos de la cantina. ¿Por qué los hermanos se llevan a Sammy? ¿Qué une a unos gánsters fríos e impiadosos, y a este muchacho ingenuo y bonachón? Puesto que su inclusión no parece estar asociada a ningún tipo de ventaja especial para los hermanos, debemos suponer que los mueve un mero afecto familiar; pero como no hay ninguna referencia a esta historia precedente, y escasos son los momentos de interacción emocional entre ellos, la conjunción de las dos historias parece más bien accidental y caprichosa. Hubiese sido, incluso, aceptable que los hermanos se vieran obligados a incluir a su primo por alguna presión de parte de la familia del muchacho, pero al tematizarse la suspicacia del padre respecto de las actividades de sus sobrinos, esta posibilidad se torna inviable.

Ser o no ser ése es el dilema (genérico)
El tercer elemento, la línea narrativa que irrumpe en el último tercio de la película es el componente sobrenatural. Un grupo de vampiros, seducidos por el poder de la música de Sammy, intentará secuestrarlo, atacando la cantina y a sus clientes durante la nefasta noche de inauguración.
La inclusión de un componente sobrenatural que no ha sido preparado en absoluto (no podemos aceptar bajo ningún concepto que el relato de carácter más bien poético sobre la música y los espíritus convocados oficie de introducción o justificación para la presencia de los vampiros). Si se pretendían articular ambos universos, el argumento en torno a los vampiros debería haber comenzado a introducirse mucho antes, desde el comienzo, desarrollándose en paralelo al resto de los acontecimientos. La irrupción abrupta no sólo quiebra la sutileza narrativa precedente, sino que produce un extrañamiento frente a una temática completamente imprevista, para la cual no hay un emplazamiento adecuado.
Independientemente de lo caprichosa que resulta esta decisión genérica, tampoco resulta claro el motivo del interés por parte de los vampiros sobre el joven Sammy, y todavía más difícil de dilucidar es la función de los diálogos en torno a componentes histórico-sociales (Irlanda, la segregación en Misisipi), que no sólo no aclara la función narrativa de los vampiros, sino que agrega aún más confusión.
A partir de la irrupción del elemento sobrenatural, el relato quedará sin un rumbo propio, debiendo servirse de una serie de convenciones genéricas estereotipadas previstas por la narrativa de vampiros, con las cuales desdibuja toda la complejidad expresiva y la audacia que ha sabido construir en los dos primeros tercios de la historia.
A pesar de este cambalache narrativo, rescato de la película las actuaciones de las protagonistas femeninas, sobre todo, y su capacidad de generar imágenes y situaciones de gran impacto expresivo, por medio de la articulación entre lo musical y lo erótico.
Título: Pecadores.
Título original: Sinners.
Dirección: Ryan Coogler.
Intérpretes: Michael B. Jordan, Hailee Steinfeld, Jack O’Connell, Delroy Lindo, Wunmi Mosaku, Jayme Lawson, Omar Miller, Li Jun Li y Lola Kirke.
Género: Terror, Thriller, Drama.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 137 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Warner Bros.
Fecha de estreno: 17/04/2025.
Puntaje: 7 (siete)
