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jueves, 30 abril 2026
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Exorcismo: El ritual: Un deficiente experimento de laboratorio

Por Juan Alfonso Samaja

El padre Steiger (Dan Stevens), sacerdote a cargo de la parroquia en Ealling, recibe de parte del obispo el pedido de asistir al padre Riesinger (Al Pacino) en el exorcismo de una muchacha, y de que este ritual tenga lugar en la parroquia donde el sacerdote oficia habitualmente. El joven y moderno sacerdote, quien desde el inicio se muestra escéptico y objeta los procedimientos del viejo padre Theophilus, termina aceptando la evidencia de las manifestaciones y participando activamente del ritual.

Crítica

El relato se inicia con un texto informativo del caso de Emma Schmidt, haciendo hincapié en que se trata del exorcismo más documentado de la historia, realizado durante 1928 en los EE.UU. Junto a los créditos iniciales se intercalan unas primeras imágenes del padre Steiger, quien, bajo un ataque de nervios por la escena que ha visto recientemente, se retira de forma apresurada de la habitación donde tiene lugar el ritual. A continuación, la historia se ubica nueve días atrás, mostrándonos las imágenes de una granja que no queda claro ni con qué parte de la historia se vincula (bien podría pertenecer a la familia de Emma, o al hermano suicida del padre Steiger), ni para qué se ha incrustado en esta presentación narrativa, pues esta locación no desempeñará posteriormente ninguna función en la trama. En la siguiente escena vemos al padre Steiger prepararse para el servicio litúrgico, y ya durante la misa nos enteramos de la situación delicada que atraviesa el padre Steiger, cuyo hermano se ha quitado la vida recientemente, como del apoyo y calidez de su feligresía.

Al finalizar la misa, el obispo visita a Steiger para informarle que las autoridades han decidido realizar en su parroquia el exorcismo a una muchacha llamada Emma Schmidt, quien presenta un cuadro patológico que la medicina ni la psicología han podido curar, y cuyos síntomas cuadran dentro del esquema de la posesión demoníaca. Exhibiendo ser un buen exponente de su época, Steiger se muestra escéptico de la veracidad del caso, pero a pesar de sus objeciones el obispo le pide que asista a un experto que llegará durante la noche: el padre Theophilus.

Theophilus aparece como la contraparte de Steiger; si éste es joven, aquél es viejo y experimentado; si uno es escéptico y desconfiado por lo que sospecha que deben ser meras supersticiones, el otro es un convencido creyente en la enfermedad de la posesión demoníaca, como del ritual de sanación que está a su cargo, y respecto del cual es un experto: el exorcismo. A estos dos personajes se agregan dos contrapartes femeninas: la hermana Rosa, y la madre superiora, cuyos temperamentos y roles en la institución son igualmente contrapuestos: la primera es joven y novicia, temerosa y culposa, la segunda es una mujer madura, con un rol jerárquico y determinada en sus funciones, reacia a que otros hombres, menos formados que ella, le indiquen lo que tiene que hacer en la parroquia que está bajo su dirección.

La estructura opositiva de personajes podría haber sido de utilidad para matizar y enriquecer el contexto en que se ubica el motivo central (el ritual propiamente dicho) pero ello no ocurre. El argumento, como si fuera una serie de sketch aislados, se limita a presentar los 5 episodios en que se divide el proceso de expulsión del espíritu maligno. Toda la trama es, finalmente, sólo la mostración del ritual y las reacciones de horror de las monjas que colaboran en la asistencia; ni el proceso de conversión del padre Steiger, la situación de su hermano muerto, o el vínculo sensible que parece tener Steiger con la hermana Rosa, ni la presencia de la madre superiora y su incomodidad respecto de los acontecimientos, juegan, finalmente, un rol significativo en la historia, quedando completamente desdibujados por la prioridad que el argumento otorga a los episodios que conforman el ritual.

Pero esta desatención sobre el aspecto narrativo que rodea el motivo central no es un error de realización, sino una decisión del realizador. Toda la película pretende consubstanciarse con la idea de documentación de un hecho pretendidamente histórico y, de hecho, la estética de la realización reproduce en cierto aspecto la forma del documental, con zoom repentinos que se alejan y/o acercan del objetivo, etc. La pregunta es si esta estrategia es adecuada y favorable al género de terror, si aporta algo a la experiencia del horror, o únicamente pretende pagar un tributo a la hegemonía del realismo.

El realismo es una estrategia expresiva y narrativa de presentación de contenidos; su objetivo principal es que lo presentado al interior del mundo ficcional sea lo más parecido posible a aquello que está por fuera de la ficción. En otras palabras, tratar de que la ficción y la realidad se reflejen una a la otra.

Sin entrar demasiado en detalles, el realismo como estrategia de representación supone dos dimensiones: la expresiva, es decir, los recursos estéticos con los cuales se vehiculizan los contenidos (tipo de iluminación, movimiento de cámaras, encuadres, tipo de actuación, etc.) y los contenidos vehiculizados (en nuestro mundo contemporáneo, un contenido realista presentará personajes alejados de la idealización, por ende, imperfectos, cínicos, egoístas y moralmente ambiguos, etc.). El realismo en sí no es un impedimento para una experiencia general de lo narrativo, aunque puede entorpecer y obstaculizar sustancialmente ciertas prácticas ficcionales en particular. Ciertos relatos requieren lo que popularmente se conoce como licencia poética: la actitud de aceptar que lo mostrado -bajo ciertas condiciones de convención- es verosímil. Por ejemplo, sin grandes inconvenientes aceptamos un conjunto de convenciones, algunas muy generales (del tipo los buenos siempre ganan, los malos siempre pagan por sus delitos), otras más específicas, y propias del universo personal de ese relato (que una persona llegada desde un planeta donde brilla un sol rojo, que hace comunes a las personas, al ser enviado a otro planeta donde brilla un sol amarillo, adquiere unos poderes extraordinarios que desafían a la física más elemental), sin que pretendamos que valga en un contexto lo que mismo que vale para el otro: ni a la ficción la exigimos que Superman se atenga a los manuales de Física, ni a la realidad extra-ficcional le exigimos que los hombres puedan volar. Sabemos distinguir perfectamente un contexto del otro, y valoramos la autonomía de cada uno.

Obviamente la temática sobrenatural, en términos generales, y la posesión demoníaca, en particular, se aleja de aquello que una sociedad como la nuestra considera un contenido realista. Pero la técnica de representación es otra cosa; el relato pretende presentarse con la estética de un documental, emulando el carácter de prueba de ese acontecimiento, como si esa confianza en la prueba pudiese incrementar la potencia de terror que el motivo encierra. La hipótesis retórica de la película es, en definitiva, que, si el relato pudiera ser tomado por el público por una suerte de documento testimonial, la sensación de horror del público se elevaría. La propuesta retórica no es original, pues ya la había ensayado en 1999 The Blair Witch Project, pero la cuestión que quisiera tematizar no es la presencia o falta de originalidad, sino la validez o no de la hipótesis retórica en cuestión. ¿es efectiva la estrategia del realismo para el objetivo de incrementar el terror que la película requiere?

En lo personal, pienso que la hipótesis es injustificada e inconsistente. La sensación del horror no pasa por la veracidad de las formas expresivas y por el prurito periodístico de los materiales que muestran el acontecimiento, pasa por la amenaza de algo que no se sabe bien qué es, ni dónde está, cuándo vendrá o qué intenciones precisas tiene. Las ausencias, los espacios en blanco que lo mostrado deja latentes son la cartografía del terror, lo mostrado, por el contrario, las baldosas donde podemos pararnos con seguridad ya que limitan el espectro de posibilidades que angustian a la imaginación.

Lo peor que tiene la película, a mi juicio, es haber tomado el motivo central como un experimento de laboratorio: abstrayendo el acontecimiento de su contexto narrativo natural, presentándolo en un escenario casi clínico, diseccionándolo en partes como a un cadáver, y dejando de lado todas las variables extrañas al asunto.

Título: Exorcismo: El ritual.
Título original: The Ritual.
Dirección: David Midell.
Intérpretes: Al Pacino, Dan Stevens, Ashley Greene, Abigail Cowen, Maria Camila Giraldo, Meadow Williams, Patrick Fabian y Patricia Heaton.
Género: Terror, Thriller, Drama.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 98 minutos.
Origen: EE.UU./ India.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: BF+Paris Films.
Fecha de estreno: 31/07/2025.

Puntaje: 2 (dos)

 

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