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martes, 16 junio 2026
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La hora de la desaparición: Una experiencia atípica y multigenérica

Por Juan Alfonso Samaja

*Se advierte al lector que la crítica contiene spoilers

Durante la madrugada, 17 niños salen inexplicablemente de sus casas desapareciendo sin dejar rastro. Los niños desaparecidos son alumnos de Justine, una maestra de primaria, y sobre ella recaen las primeras sospechas.

Crítica

El relato ofrece una experiencia cinematográfica atípica, debido ello a una inusual estrategia de exposición del acontecimiento y –sobre todo- a su caleidoscópica articulación genérica.

En cuanto a la forma de exposición, el argumento combina dos modalidades discursivas: por un lado, la figura de un narrador no diegético y omnisciente [no forma parte de la trama; sabe y/o ha visto más y/o antes que el espectador]; por otra parte, narradores diegéticos (participan de la trama) que saben lo mismo o incluso menos que el espectador sobre los eventos representados.

La voz en off del narrador omnisciente no-diegético aparece como un marco enunciativo en la forma de introducción, y como forma de clausura hacia el final de la película. En ambos casos, se trata de la voz de un infante que se dirige a los espectadores, para anticipar el núcleo narrativo de los acontecimientos (las desapariciones misteriosas) como así de la explicación pendiente de la causa que las ha provocado. De este modo, será la enunciación, y no la exposición aislada de los eventos, lo que pondrá en igualdad de condiciones el estado de conocimiento del narrador inicial y el espectador del film. Al principio, el espectador sabe menos que el narrador, apenas un poco más que los personajes que participan de la trama, pero hacia el desenlace, el espectador habrá llegado al mismo nivel que a instancia de enunciación, pero habiendo superado el nivel del conocimiento de los personajes. Esto se debe a dos fuentes de información privilegiadas para el espectador: la visualización duplicada de mismos eventos desde diferentes puntos de vista, y la información extra que brinda el narrador en el comienzo y el desenlace, que se ofrecen únicamente al público.

El narrador en off está encarnado en la voz de un infante, es decir, se presenta como un par de los niños y niñas que han desaparecido. Puesto que además de ser infantes los sujetos que han desaparecidos, es también un infante cómplice forzado de los eventos (el único que no ha desaparecido de la clase de la Srta. Justine), podría inferirse que el narrador en off fuese alguno de los desaparecidos, o bien el niño cómplice, pero como no se ofrece ningún indicador que apoya esta hipótesis, la identidad del narrador debe quedar necesariamente indeterminada. Lo que puede decirse de ella, en cambio, es que, aun cuando en las dos ocasiones en que interviene se trata del mismo infante, las funciones que desempeña el narrador en cada caso resultan diferentes: en el inicio la voz en off cumple un rol apenas informativo, pero eminentemente expresivo para poner en tono genérico al espectador. Es, sin lugar a dudas, la presentación lo que atempera las expectativas del espectador en la modalidad de género de terror. En este sentido, la voz en off del inicio, el afiche cinematográfico y el tráiler de la película conforman un sistema coherente de la identidad genérica en lo que podemos denominar la impresión espectatorial de inicio, que como veremos es parcial y moderadamente engañosa. La voz retorna hacia el final, en cambio, la voz en off desempeña un rol claramente informativo, ampliando y comentando oralmente el modo en que seguirán desarrollándose determinadas circunstancias que el relato ya no mostrará.

En cuanto a las perspectivas de los personajes a través de las cuales se exponen los eventos, el relato está organizado enunciativamente según las vivencias de 5 personajes a quienes el acontecimiento principal afecta de diverso modo y en distintas circunstancias: Justine, la maestra de los niños que han desaparecido; Archer, unos de los padres afectados; Paul, un policía y viejo amor de Justine; Anthony, un ladrón adicto a las drogas, y Marcus, el director de la escuela donde trabaja Justine. De este modo, cada uno de ellos constituye un “capítulo” desde el cual y por el cual se expresa el acontecimiento. Esta estrategia ya había sido ensayada por el realizador en su película anterior (Barbarian, 2022), pero en esta oportunidad el recurso se presenta más categórico e incisivo, no sólo incrementándose la subjetivación de la perspectiva, sino incluso dejando una huella en el nivel de lo enunciado por medio de la segmentación y la designación de los fragmentos con el nombre propio de sus personajes. Estos segmentos, a su vez, producen una dislocación respecto del carácter objetivo de la exposición; primero la presentación objetiva de las acciones repentinas tal como las padecen los personajes, luego la representación subjetiva de cómo se han generado esas condiciones iniciales: por ej. primero vemos cómo Justine y Archer son atacados por Marcus en un estado de brote inexplicable, luego –por medio de un flashback- veremos -desde la perspectiva de Marcus- cómo es que éste ha terminado en esa situación que le ha costado la vida. Este replay del evento permite al relato avanzar visualmente sin depender de una verbalización, y establece una distancia emocional y narrativa creciente entre el espectador y los personajes protagonistas.

Esta superposición estratigráfica de narradores en el nivel enunciativo se corresponde con la multiplicidad de capas genéricas que van constituyendo una especie de estrato geológico de configuraciones genéricas, que hace de esta producción una experiencia muy diferente a la película antecesora del realizador. Esta combinación atípica de elementos multigenéricos es anticipada desde el inicio, en la musicalización de la escena donde los infantes salen de sus casas durante la madrugada. En lugar de la esperable y trillada música “de terror”, el realizador ha elegido una musicalización no evidente, que acompasa la imagen, puntualizando con el sonido el sentido de rareza de la situación. Bajo la apariencia de una superficie genérica y homogénea de terror, el espectador deberá enfrentar una compacta sedimentación de expresiones genéricas heterogéneas: una primera capa de terror en su versión más clásica, anclada en el tipo de víctimas, el misterio que rodea el acontecimiento y las condiciones en que se ha desencadenado; al adentrarnos y profundizar en el argumento hallamos una segunda capa, el melodrama, asociado a la problemática amorosa de Paul y Justine y el problema del alcoholismo que los afecta a ambos, así como el triángulo amoroso que se forma con Dona, la pareja actual de Paul; al ahondar el relato, aparece una tercera capa, donde el terror clásico se determina en la variante del gore, anclado en los episodios violentos que afectan a Marcus, los padres de Alex, y finalmente, a la tía Gladys; en el sedimento final encontramos una capa de comedia, asociada a cierta representación caricaturizante de la tía Gladys, y a la aparente inadecuación entre los efectos que produce la turba enardecida de asesinos que arrasan todo a su paso, y los sujetos infantes que la realizan.

El único punto débil de la película es, a mi criterio, el carácter ligeramente abrupto del desenlace, así como algunas inconsistencias en torno a la resolución del conflicto (que la finalización de los “hechizos” a partir de la muerte de Gladys, afecte a algunos de los personajes, pero, inexplicablemente, no alcance del mismo modo a otros).

Uno de los rasgos sobresalientes del enfoque que viene trabajando el realizador, en esta como en su producción anterior, reside en que la potencia emocional y dramática obtenida no surge ni se apoya de/en los elementos de impacto (súbitos y sucesos repentinos) tan comunes en la producción promedio del terror mainstream estadounidense, sino en/de los componentes narrativos periféricos, tales como la atmósfera, los silencios, los vacíos de la imagen, etc. De allí, que esta producción constituya, a mi entender, una imprevista y agradable brisa de frescura con la que se re oxigena un formato en exceso trillado en la industria cinematográfica de Hollywood.

Título: La hora de la desaparición.
Título original: Weapons.
Dirección: Zach Cregger.
Intérpretes: Julia Garner, Josh Brolin, Alden Ehrenreich, Austin Abrams, Cary Christopher, Benedict Wong, Amy Madigan, June Diane Raphael, Toby Huss y Melissa Ponzio.
Género: Terror, Thriller.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 128 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Warner Bros.
Fecha de estreno: 07/08/2025.

Puntaje: 9 (nueve)

 

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