*Se advierte al lector que la crítica contiene spoilers
La Mujer de la Fila trae a nuestra cartelera una historia de notable connotación social, bajo el desafío de trasladar a la gran pantalla, con sentido empático, los pormenores de un hecho real. Con sapiencia, Benjamín Ávila construye un relato que funciona como espejo que interroga nuestra propia identidad, bajo la intención de colocar el foco de atención sobre aquello que suele pasar desapercibido y ser objeto de no pocos prejuicios.
La película tiene como figura central a Andrea Casamento -hoy activista de los derechos humanos y presidenta de la Asociación Civil de Familiares de Detenidos (ACIFAD)-, una mujer que tuvo a su hijo privado de su libertad. Madre de tres hijos, viuda. Heroína real, dispuesta a todo por su hijo, antes fue puro escepticismo. Porque hasta que nos toca, todos miramos para otro lado, pensando que no va a pasarnos. Corría el año 2004, Andrea estaba a punto de comenzar a atravesar una auténtica pesadilla.

Gustavo (Federico Heinrich), su hijo mayor, es apresado en lo que se presume un accionar policial erróneo. La violencia ejercida por los hombres de azul se evidencia del modo más gráfico. Luego de su encarcelamiento, la madre debe asimilar tamaño golpe. El moretón en su mejilla izquierda no hace más que agrandarse, tanto como su incredulidad: desconfiar de su hijo no es una opción. Del juzgado al centro de detención, el proceder de Andrea –a primera vista, una mujer de bien- deja en claro que el amor de una madre no conoce límites.
De retorno a casa, la mujer debe enfrentar la invasión a la intimidad proferida y el inmenso dolor que una inexplicable ausencia provoca. No es la única ausencia dentro de aquellas cuatro paredes: una vela prendida a un retrato nos da indicios de una prematura pérdida y la falta del sostén masculino. Andrea todavía no hizo la fila, pero finalmente, es una más. Encarna lo que a cualquiera le puede pasar en un país donde la justicia parece escasear. Más historias similares se replican en la TV con idéntica crudeza. La intensidad emocional que la actriz profiere a su personaje resulta arrolladora y visceral, capaz de conmover hasta dejar sin defensas al espectador; su fuerza interpretativa atraviesa la pantalla y marca el pulso de toda la película.
A través de los primeros encuentros entre el muchacho detenido y su progenitora, la confrontación es más bien esquiva. No sabemos que hizo, sí es que acaso cometió delito alguno. Hay cosas que mejor no hablar. Andrea dice conocer a su hijo y creer ciegamente. Ávila filma con gran sentido de humanidad y lo hace del modo más inteligente posible. Progresivamente, Andrea siente en la propia piel el miedo, la exposición, familiarizándose con los códigos de la delincuencia en los que, poco a poco, comienza a involucrarse. Sufre en carne propia la doble condena de pasar por la poco grata experiencia de la requisa de las visitas. La culpabilidad de su hijo no es solo lo que importa.
Una Oreiro en su cumbre interpretativa transmite el escozor y la desprotección; también el terror por ese llamado que no llega a la hora esperada. Nueva a la fuerza en ciertos e ingratos deberes cotidianos, descubrirá cómo se vincula un ser querido con uno de su sangre, preso. Una abnegada madre busca la verdad y a toda costa, el sufrimiento no es una elección. A su alrededor, el núcleo familiar se desarma y la canción de las cosas simples parece, al menos aún, una lejana quimera. Suspendida en la espera de lo peor, la vida de Andrea promete no volver a lo que alguna vez fue. Todos los suyos están en cana con Gustavo.
El guion adaptado por el propio Ávila junto a Marcelo Muller, altera, con fines dramáticos, los cursos de ciertos sucesos claves de su resolución, hecho que podríamos como espectadores objetar, pero que, claramente, concierne a una decisión de peso artístico. La película subraya solo lo necesario el drama de una historia que toma lugar entre miles más, inclusive rozando el registro documental. De un lado y otro del paredón, dentro y fuera de la ley, hay reglas que seguir.

Protagonizado por mujeres de la fila de la vida real, el film –cuyo elenco se encuentra integrado por reconocidos intérpretes como Alberto Ammann, Amparo Noguera, Iride Mockert, Mora Recalde y Natalia Santiago – acierta en el hecho de mostrar, sin caer en el lugar común de toda estigmatización, cómo este incómodo sentirse incomprendida y ‘sapo de otro pozo’, por parte de la protagonista, muta en necesaria sororidad, reconociendo el dolor del otro en el propio, e iniciando un lento camino hacia el perdón. Finalmente, sus compañeras en la lucha dirán: bienvenida al club.
Ávila se concentra en lo íntimo y trascendental: el trabajo gestual de la intérprete uruguaya es preciso hasta el detalle. Con sutileza y colocando la cámara en el lugar indicado, el experimentado realizador sabe explotar la tensión, la angustia y la incertidumbre. Tramo a tramo, la formidable actriz alcanza una monumental transformación. Oreiro –en su regreso junto al director años después de Infancia Clandestina– bien puede haber compuesto el protagónico femenino del cine argentino más importante de la última década.
Título: La mujer de la fila.
Dirección: Benjamín Ávila.
Intérpretes: Natalia Oreiro, Amparo Noguera, Alberto Ammann, Federico Heinrich, Mora Recalde, Iride Mockert, Natalia Santiago, Lide Uranga, Marcela “Tigresa” Acuña, Vernika Silva y Julián Ekar. Género: Basado en hechos reales, Drama.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 105 minutos.
Origen: Argentina/ España.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Moving Pics.
Fecha de estreno: 04/09/2025.
Puntaje: 9 (nueve)

Es una pelicula rara. Primero, los 50 mins.de violines sostienen una lacrimógena situación (hijo que lleva “la cruel policía”). Obvio que para la mamá es un ángel. Resulta que no lo era tanto, pero eso es lo que menos importa. Lo embromado es lo que pasan los familiares de los detenidos (mas bien Las familiares), como si estuvieran presos por un mal mandato social, nunca por sus actos.
Natalia hay dos, la mamá del angelito que va a la cárcel y tiene buenos registros con pocos gestos, y la otra, la que se reune con amigas y muestra casas ya con sus gestos y muecas de siempre, mas parecida a la de los comerciales de tv.
Me gustó el trabajo del hijo detenido, con pocos gestos transmite mucho. La peli en si intenta retratar algunos absurdos que casi cualquier madre haría, y más si es la cuasi heroína de Nati Oreiro.