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jueves, 30 abril 2026
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El sobreviviente: La larga huida del héroe proletario

Por Aleix Sales, corresponsal de Nueva Tribuna España

Entre la avalancha de adaptaciones de Stephen King que están poblando las pantallas últimamente -sin ir más lejos, otro título de supervivencia suyo como “La larga marcha” llegó recientemente a los cines bajo la batuta de Francis Lawrence-, parece oportuna la puesta al día de The Running Man, tras tener ya una primera versión en 1987 estrenada en Argentina con el nombre de Carrera contra la muerte, con dirección de Paul Michael Glaser y con Arnold Schwarzenegger a la cabeza (a quien hacen un divertidísimo guiño). Y es conveniente porque, más de 40 años después de su publicación, el trasfondo de un pueblo individualista cada vez más deshumanizado a causa de una sociedad del espectáculo movida por el capitalismo que nutre las élites sigue plenamente vigente, pero además introduciendo las perversas posibilidades que ofrecen los avances tecnológicos.

El relato de King, con claras inspiraciones de autores distópicos como George Orwell, se centra en Ben Richards, hombre de clase trabajadora que, encontrándose en apuros económicos para salvar a su hija enferma, accede a participar en el show televisivo del título homónimo de la película, que consiste en sobrevivir durante 30 días a una persecución salvaje por parte de unos asesinos que van a su caza. Todo ello emitiéndose constantemente en pantalla. King se avanzó a la tendencia de los reality shows que eclosionaron en los noventa- dos miles y que perduran bien vivos hoy en día, así como una exhibición de la esfera privada estimulada por las redes sociales, hecho que ahora mismo está completamente naturalizado en nuestra sociedad. A ello, se le añade la capa de la vigilancia institucional y gubernamental que paulatinamente va normalizándose a costa de las libertades individuales, sin olvidar el empleo de la tecnología como arma alteradora de la verdad mediante las distorsiones de la inteligencia artificial como los deepfakes. Esto ocasiona un escenario imaginario que, desde su concepción en 1982, cada vez resulta más propio de la realidad. Por esto resulta relevante esta revisión actualizada de The Running Man, la cual sabe jugar bastante bien sus cartas sin olvidar su sentido del entretenimiento.

El encargado de revivirlo es un cineasta como el británico Edgar Wright que entiende perfectamente la simbiosis entre lo lúdico y la hondura, quien vuelve a hacer gala de sus nociones cinéfilas y su buenísima mano a la hora de situar la cámara y generar un ritmo trepidante, que no cargante, a través del montaje. La primera hora funciona como un reloj, tan vigorosa como fluida en el desarrollo, culminando en la estupenda secuencia en un hotel -que requiere de algún que otro salto de fe, porque hay una toalla que no obedece a las leyes de la gravedad-. Aquí encontramos la faceta más solvente de Wright, pero en su segunda mitad el conjunto se desinfla un poco, la puesta en escena y el desarrollo se tornan más genéricos, y la lectura crítica y el poder reflexivo de la historia se va perdiendo progresivamente, en lugar de avanzar en un in crescendo contundente hasta una trascendencia discursiva que la situaría en algo verdaderamente memorable. Es una lástima porque todos los buenos cimientos armados no se aprovechan en un desenlace más atropellado y menos rotundo de lo esperable, dejando con ganas de una reflexión más profunda para todo el potencial que entraña su poliédrico tema.

Lamentos a un lado, respecto a El sobreviviente encontramos a un Ben Richards más humanizado, cercano, multidimensional, sin la necesidad de olvidar su esencia como fortuito héroe de acción. Y esto no es solamente gracias a la escritura de Wright y Michael Ball -con quien trabajó también en Scott Pilgrim vs los ex de la chica de sus sueños (2010)-, sino de la adecuadísima elección de Glen Powell para el papel. Powell reafirma su talento como estrella principal en un trabajo que se aleja de su graciosillo y encantador canalla, imprimiendo un nivel de seriedad y furia poco explorados por él, sin perder sus puntuales momentos de sorna. El carismático actor texano aquí demuestra estar, más que nunca, cerca de ser el heredero de Tom Cruise.

El sobreviviente es otro exponente cinematográfico de la fallida del mundo en la era de consumo y expansión, que evidencia la necesidad de un bienestar colectivo fomentado desde los servicios públicos, en detrimento de la avaricia personal emblema de los Estados Unidos. Un exponente que, aunque requiriendo algo de tijera en su metraje, se encuentra bastante por encima de la media gracias a su atractivo universo y al dominio de Edgar Wright que, hasta en sus momentos menos inspirados, siempre sabe activar los estímulos del espectador y que goce.

Título: El sobreviviente.
Título original: The Running Man.
Dirección: Edgar Wright.
Intérpretes: Glen Powell, Katy O’Brian, Daniel Ezra, Karl Glusman, Josh Brolin, Lee Pace, Jayme Lawson, Michael Cera, Emilia Jones y William H. Macy.
Género: Basado en novela, Distopía, Thriller, Acción.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 133 minutos.
Origen: Reino Unido/ EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: UIP.
Fecha de estreno: 13/11/2025.

Puntaje: 7 (siete)

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