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lunes, 16 marzo 2026
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The Bewilderment of Chile: Una película rota

Por Joan Segovia

Lucía Seles vuelve a moverse en ese territorio que ha ido acotando en sus últimos trabajos: un cine fragmentado, lleno de escenas cortas y personajes que entran y salen sin avisar. Es una mezcla constante entre un humor extraño y esa tristeza que se respira en el día a día. Todo arranca con algo mínimo —un hombre solo en la estación de La Plata— y, a partir de ahí, la película sigue a su ritmo, sin buscar una trama convencional. Lo que hace es desplegar una serie de situaciones y encuentros que giran siempre alrededor de cierta desorientación emocional.

La estructura es episódica por definición. No hay una meta dramática que empuje la historia, pues solo tenemos una acumulación de momentos: charlas interrumpidas, gestos absurdos y silencios incómodos, sobre todo para el espectador. El montaje alterna escenas muy fugaces con otras demasiado largas en lo que se percibe como una rotura de ritmo extraña, todo con un fondo de sintetizadores que te saca de la realidad. Al principio el juego funciona porque te obliga a entrar en el código de la directora, pero termina apareciendo un problema: cuesta mucho ver una progresión clara.

La película se apoya en una comicidad tenue, que nace más de la incomodidad que del chiste directo. Los personajes reaccionan con una mezcla de ingenuidad y desconcierto, y la gracia suele venir del contraste entre lo que pasa y cómo lo cuentan. Sin embargo, ese humor no siempre acierta y en esas situaciones se siente frio y distante. Se intuye una tristeza de fondo —la soledad o la dificultad para conectar—, pero la cinta rara vez se queda el tiempo suficiente con un personaje como para que ese sentimiento llegue a posarse de verdad.

El reparto coral es clave para aportar esa naturalidad que la película busca. Todos parecen entender el registro y mantienen el tono sin buscar un protagonismo que sobresalga, lo que sigue aportando a esa capa común. Hay pasajes donde esa espontaneidad brilla, sobre todo cuando la escena se sostiene en las miradas más que en el diálogo. Pero aun así, queda una distancia insalvable entre nosotros y ellos: los observamos, pero no llegamos a conocerlos. En el momento en que una escena empieza a dibujar un conflicto con peso, la película corta y salta a otra cosa, por lo que el vínculo con los protagonistas que solemos establecer los espectadores se rompe.

El espacio refuerza esa sensación de transitoriedad. La estación o las calles de la ciudad son lugares de paso, no escenarios donde los personajes echen raíces. Nadie parece estar realmente instalado en un sitio ni en una situación. Todo transmite improvisación, como si cada encuentro fuera un paréntesis antes de seguir hacia otro lado. Esto encaja con el título: el desconcierto es lo que mueve la película, pero también es su límite, porque no deja que nada termine de cuajar.

En lo formal, la propuesta no engaña. Los textos en pantalla, los cortes bruscos y el juego entre planos fijos y otros más nerviosos crean un lenguaje muy propio. Se nota el esfuerzo por evitar el relato clásico y trabajar la trama desde pequeños fragmentos. El problema es que esa decisión siempre produce el mismo efecto. Pasado un tiempo, la sorpresa desaparece y lo que era una mirada particular se vuelve aburrida. Con casi dos horas de metraje, la repetición de los mismos recursos acaba agotando.

Hay momentos en los que la película sí logra transmitir una emoción real, especialmente cuando baja las revoluciones y deja respirar la escena. Ahí es cuando asoma una melancolía más clara sobre lo difícil que es vincularse con otros. Son instantes breves, pero demuestran que el film podría haber profundizado más si hubiera dejado que los conflictos crecieran en lugar de interrumpirlos constantemente.

En resumen, The Bewilderment of Chile es una obra muy dueña de su forma, pero que acaba siendo prisionera de su propia lógica. Funciona más como un ejercicio de observación que como un relato. Puede interesar a quien busque atmósfera y gesto por encima de la historia, pero deja la sensación de que no sale nunca del mismo registro. No es falta de ideas, sino de desarrollo de las mismas: las intuiciones sobre la soledad contemporánea son buenas, pero se quedan en el boceto. Te queda la impresión de haber visto piezas pequeñas bien colocadas que no terminan de formar una figura completa.

Título: The Bewilderment of Chile.
Título original: Idem.
Dirección: Lucía Seles.
Intérpretes: Gonzalo García-Pelayo, Javier García-Pelayo, Iván García-Pelayo, Manuel Besedovsky, Martin Bussel, Lara Sol Gaudini, Sol Masaedo y Lorenzo “Toto” Ferro.
Género: Cine de autor, Drama.
Calificación: ATP.
Duración: 121 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Santa Cine.
Fecha de estreno: 26/02/2026.

Puntaje: 6 (seis)

 

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