Por Iara Reboredo
En Hola! Chau…, el director argentino-israelí Jorge Weller transforma su experiencia migratoria en una ficción que pretende ser íntima y sobre todo honesta. Sin embargo, lo que podría haber sido una historia sobre el desarraigo y la culpa termina diluyéndose en una narración desordenada, inestable y, por momentos, incómoda.
La trama sigue a Marcelo (interpretado por Pablo Rosenberg), un cineasta que emigró a Israel en 1978 y que, años después, recibe la visita inesperada de su padre casi ciego y de su hermana menor. Ese reencuentro forzoso reactiva tensiones familiares, resentimientos acumulados y la culpa inevitable del que se fue y dejó a otros sosteniendo la carga del día a día. La premisa es potente: la inmigración como fractura afectiva, como una especie de deuda emocional que al final es imposible de saldar. El problema es que la película no logra profundizar en esa herida; la enuncia, le da vueltas, pero rara vez la trabaja dramáticamente.

Desde lo formal, el film oscila entre la comedia costumbrista y el retrato íntimo sin decidirse por ninguno. Las situaciones domésticas se basan en una casa sobrepoblada, discusiones de pareja y conflictos logísticos, que parecen diseñadas para generar humor, pero muchas veces se apoyan en chistes previsibles. Cuando intenta ponerse más seria, la transición es abrupta y el peso emocional no alcanza a consolidarse.
Marcelo es un personaje construido desde la torpeza y la omnipotencia. Actúa como si pudiera compensar años de ausencia tomando decisiones apresuradas, incluso invasivas, como proponer que su familia se instale definitivamente en Israel. Esa actitud podría haber sido el núcleo de una crítica interesante sobre el egoísmo involuntario del migrante, pero el guion rara vez lo confronta con firmeza. En lugar de tensionarlo, lo justifica o lo suaviza.
Incluso los conflictos más íntimos se resuelven con una rapidez que le saca potencial: el resentimiento de los que se quedaron, la culpa del que se fue, el deterioro del padre, la vulnerabilidad de la hermana… todo aparece, pero nada termina de desarrollarse. La película parece confiar en que la experiencia autobiográfica garantiza empatía, cuando en realidad la memoria personal necesita una construcción narrativa rigurosa para transformarse en cine.

Debo decir que existen partes donde se percibe una honestidad genuina. La figura de la hermana menor introduce una sensibilidad distinta, menos comprometida y más abierta a la aceptación. También hay instantes donde el dolor del paso del tiempo asoma con claridad: la conciencia de los momentos perdidos, de las escenas familiares que ya no pueden recuperarse. Pero esos destellos quedan aislados dentro de un conjunto irregular.
Hola! Chau… intenta hablar del costo de emigrar, de la imposibilidad de estar en dos lugares al mismo tiempo, del precio emocional que se paga por buscar una nueva vida. No obstante, en su afán por ser conciliadora, termina evitando el conflicto más incómodo: el de asumir que algunas decisiones no tienen reparación posible. La culpa no alcanza para sostener un relato si no viene acompañada de una mirada crítica y de una estructura sólida. Es una película que quiere sanar, pero que narrativamente no termina de cerrar sus propias heridas. Y en ese intento fallido, deja la sensación de que el verdadero exilio no fue solo geográfico, sino también cinematográfico: una historia que tenía el potencial de ser profunda queda atrapada en la superficie de su propia memoria.
Título: Hola! Chau…
Título original: Hola!… Ciao.
Dirección: Jorge Weller (Yohanan Weller).
Intérpretes: Pablo Rozenberg, Danna Semo, Coral Maltz, Noah Omansky, Sandra Schonwald, Kevin Rubin, Shahar Tavoch, Noe Umansky, Reef Neeman y Shosh Poliakov.
Género: Comedia, Drama.
Calificación: ATP.
Duración: 85 minutos.
Origen: Israel.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Digicine.
Fecha de estreno: 26/02/2026.
Puntaje: 4 (cuatro)
