Por Pablo Arahuete

De inmediato reconocimiento para cualquier espectador televisivo más que cinéfilo, el rostro de Chang Sung Kim es parte de la galaxia catódica vernácula por ejemplo en episodios memorables de las series Los simuladores, Graduados, entre otras. Para muchos el actor argentino representa lo oriental es decir puede ser japonés, chino o tal vez coreano, difícil dilucidar cuando se lo escucha tan porteño como el asado. Sin embargo, Chang Sung Kim llegado a la Argentina desde su Corea del Sur natal a la edad de siete años, casado con una argentina con la que tuvo hijos argentinos y el desplante de un padre que se fue alejando al enterarse de su decisión, es el protagonista de este luminoso documental dirigido por Tamae Galateguy y que alude a la fiesta Chuseok, donde se celebra tradicionalmente en Argentina la cosecha y el agradecimiento a los dioses por ese milagro.

El milagro para la comunidad coreana que emigró a la Argentina hace medio siglo, a veces para escapar de la cruenta guerra entre las dos Coreas o de la presencia de Japón una vez terminada esa diáspora, significó en un principio el trabajo con la tierra, todos se presentaban como campesinos según explica Chang Sung Kim a cámara, a Tamae y su equipo de rodaje, que se dispone a acompañarlo en un viaje de retorno a su suelo tras cuarenta y ocho años de ausencia. Lo que se cosecha -simbólicamente hablando- es la búsqueda de los afectos, la identidad que encuentra en Corea del Sur los orígenes de este actor enraizado con lo argentino, con el asado y el fútbol más allá de su profesión. Amigos actores como Mike Amigorena, Juan Palomino, se ríen de sus ocurrencias entre chorizos y anécdotas, pero al llegar a su tierra absolutamente transformada, totalmente distante a los únicos recuerdos que conserva, la película de Tamae Garateguy y del propio Chang Sung Kim se nutre de emoción, vitalidad y honestidad que traspasa cualquier especulación de puesta en escena. Los momentos de quiebre emocional no pueden ser más precisos ni oportunos, como así tampoco los vaivenes personales de este coreano argentino que eligió volver como esos tangos que se silban de memoria a pesar de olvidarse la letra. La letra de esta historia de vida y re descubrimiento la escribe el propio protagonista y su mirada en busca de sus orígenes, su idioma y su recuerdo de infancia.


 

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