Por Torres-Remírez, corresponsal de Nueva Tribuna España
Luis Brandoni, figura fundamental del cine, teatro y televisión argentina, falleció este lunes 20 de abril de 2026 en Buenos Aires tras no superar las complicaciones de un accidente doméstico sufrido el sábado 11 de abril. El actor, de 86 años, permanecía internado en el Sanatorio Güemes a causa de un hematoma subdural provocado por una caída en su domicilio. Nacido el 18 de abril de 1940 en Dock Sud, Brandoni construyó una trayectoria de más de seis décadas, destacándose en clásicos como Esperando la carroza (1985), La Patagonia rebelde (1974) y más recientemente en la serie Nada (2023).
Junto con Héctor Alterio y Federico Luppi eran el trío de grandes actores del cine de su país. Con la desaparición de Brandoni se apaga una generación de gigantes. Beto fue una estrella desde el comienzo de su carrera. Su magnetismo natural y su inconfundible rostro le hicieron ser un habitual del séptimo arte y un actor demandado por el público. Y se ha ido siendo un referente indiscutido de la pantalla y los escenarios. Más aún, los últimos años el rostro de Luis Brandoni ha sido tan popular que no hay cinéfilo joven que no lo conozca, ya que participó en un capítulo de El Encargado (“El ocupa del 5ºB”), salió en La odisea de los Giles (2019), El cuento de las comadrejas (2019) y hace poco más de un mes estrenó en Netflix Parque Lezama, la adaptación fílmica de su éxito teatral. Y es esta última película, aún sin ser la mejor, su testamento vital, ya que su personaje tiene frases que bien podría firmar el propio actor: “La gente envejece, las ideas no”, “hay que ser revolucionario para que cambien las cosas”, “decir a una persona, por ser vieja, que es innecesaria, es imperdonable”. Porque sí, todos los que le conocían hablan de él como el último romántico, el último que aún creía en que las cosas podían cambiar.

Brandoni intentó cambiar las cosas. No solo fue un actor, como los hay a cientos, que pedía un cambio, sino que él se arriesgó a pedirlo. Su militancia y su rol como secretario general de la Asociación Argentina de Actores le provocaron graves problemas durante el periodo de la dictadura militar, incluso acabó siendo secuestrado por un grupo de tareas del Estado en 1976. A diferencia de otros colegas, Brandoni se destacó por resistir desde adentro, sin optar por el exilio permanente a pesar de estar prohibido en los medios masivos. Con la llegada de la democracia su activismo no decayó y se presentó como candidato a diputado nacional, consiguiendo dicho honor en 1997.
Su militancia no era sinónimo de fanatismo, algo que en estos tiempos se confunde. Luis Brandoni estaba comprometido con sus ideas, pero más con sus amigos. Enumerar a los grandes actores y directores con los que trabajó y con los que congenió sería una tarea inabarcable, pero demostraría que no se cerraba a colaborar si el proyecto le gustaba, aunque las ideas de sus compañeros o de directores no fueran las mismas. Y esa colaboración le llevó a ser amigo de personas que pensaban igual que él y también a ser amigo de personas que se posicionaban en ideas contrarias. Brandoni demuestra con este gesto de civismo que era un ejemplo para muchos que hoy en día rompen amistades por temas políticos y para muchos actores y directores que vetan a otros por ideología.

Tan grande era Brandoni que fue el primero que consiguió que Robert De Niro se animara a participar en una serie de televisión. La amistad entre el actor argentino y el ganador de dos Oscar, forjada en visitas mutuas desde los años 80, es una historia que merece un libro. La admiración que ambos se profesaban y la humildad con la que se trataban es digna de conocerse. Por esta amistad, cuando Brandoni afrontó el proyecto de la serie Nada (2023), llamó a su amigo De Niro para que participara en ella; siendo la primera intervención del actor americano en el formato serie. Brandoni demuestra otra vez que el dinero no es lo importante, sino las personas y el proyecto.
Cuando se va un grande de la escena siempre quedan sus películas para recordarlo, sabiendo que nunca se irá del todo. De todos sus proyectos, no hay uno mejor que otro para empezar a recordarlo; sin embargo, por muchos motivos, sería conveniente comenzar por La Patagonia rebelde (1974). No solo es una clase de cine magistral, sino que es un pilar de la cinematografía argentina. Brandoni interpreta a Antonio Soto (1897-1963), un personaje real, un anarquista español. Y en esta película comparten pantalla el trío de gigantes que el cine argentino acaba de perder: Alterio, Luppi y Brandoni.
Gentileza: Nueva Tribuna España.
