Por Migue Calabria
Un cuerpo que empieza a fallar sin previo aviso puede ser mucho más perturbador que cualquier monstruo al acecho. En el caso de este científico brillante y obsesivo, el problema no llega como un estallido ruidoso sino como una serie de pequeñas anomalías después de un experimento apenas desviado. No hay espectáculo inmediato: lo que aparece es una degradación lenta, casi silenciosa, donde cada cambio resulta más difícil de ignorar que el anterior.
La mosca es, todavía hoy, una experiencia incómoda. No porque busque provocar desde el shock fácil, sino porque muestra algo mucho más inquietante: la degradación del cuerpo. Lo que hace David Cronenberg no pasa solo por mostrar una transformación grotesca, sino por hacer que esa transformación tenga peso emocional, que duela en un lugar reconocible para todos.

El recorrido de Seth Brundle, además de lo que hace Jeff Goldblum con ese personaje, es clave para que la película no se convierta en un simple desfile de efectos. Hay una primera etapa casi eufórica, donde el cuerpo parece mejorar, potenciarse, volverse más ágil, más fuerte, más seguro. Esa ilusión de control es fundamental: sin ese momento de fascinación, la caída posterior no tendría el mismo impacto. Cuando empieza a desmoronarse, lo hace de forma progresiva, con una paciencia que resulta insoportable.
Lo físico acá no es solo decoración ni excusa: la piel, las uñas, los fluidos… todo tiene una textura que parece real, pesada. El trabajo de maquillaje y efectos prácticos sigue siendo impresionante no solo por lo que muestra, sino por cómo lo integra al relato. No hay corte entre lo humano y lo monstruoso: hay una transición continua, casi lógica en su horror.
Lo que termina de sostener todo es el vínculo con Veronica, el personaje de Geena Davis. La película podría haberse quedado en la fascinación morbosa por la mutación, pero decide ir hacia otro lado, mucho más incómodo: ¿qué pasa cuando alguien que amás deja de ser quien era, no de golpe, sino de a poco? ¿En qué momento alguien deja de ser uno mismo?
Hay una lectura posible, casi inevitable, vinculada a la enfermedad, al deterioro, a la pérdida de control sobre el propio cuerpo. Vista hoy, esa capa se vuelve incluso más potente. No hace falta subrayarla porque la película la sugiere constantemente, en cada gesto, en cada decisión desesperada de Brundle por entender qué le está pasando.

Cronenberg ya venía explorando estas ideas en películas anteriores, pero acá hay una síntesis particularmente afinada entre concepto, emoción y ejecución. No es solo una película que te muestra la deformación del cuerpo: te la hace sentir a flor de piel. En ese movimiento de lo conceptual a lo visceral es donde encuentra una identidad que después sería referencia obligada, incluso para quienes nunca la vieron.
Con el paso del tiempo, muchas imágenes quedaron grabadas en el imaginario colectivo, pero lo que realmente persiste es esa sensación incómoda, casi triste, de estar viendo algo que no se puede detener. No hay épica en la transformación ni hay grandeza, hay deterioro, hay desesperación, hay una humanidad que se va escurriendo sin que nadie pueda hacer demasiado para evitarlo. En ese punto, más que responder preguntas sobre etiquetas o lugares en la historia del cine, la película parece correrlas de eje porque lo que propone no es tanto fundar algo nuevo, sino empujar ciertos límites hasta un lugar donde ya no se puede mirar para otro lado. Cuando se cruza esa línea, es difícil volver a pensar el cuerpo de la misma manera.

Título: La Mosca. Título original: The Fly. Director: David Cronenberg. Producida por: Stuart Cornfeld y Mel Brooks (sin acreditar) para 20th Century Fox & Brookfilms. Guion: Charles Edward Pogue & David Cronenberg. Historia: George Langelaan. Director de fotografía: Mark Irwin. Música: Howard Shore. Montaje: Ronald Sanders. Diseño de producción: Carol Spier. Director de arte: Rolf Harvey. Diseñador de set: James McAteer. Maquillaje: Shonagh Jabour. Efectos de maquillaje: Chris Walas & Stephan Dupuis. Diseño de la criatura: Chris Walas. Intérpretes: Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz, Joy Boushel, Les Carlson, George Chuvalo, Michael Copeman, Carol Lazare, Shawn Hewitt & David Cronenberg. Año de realización: 1986. Origen: EE.UU./ Canadá. Duración: 96’. Calificación: AM 16 años. Género: Remake/Horror/Ciencia-ficción. Estreno en EE.UU.: 15/08/1986. Estreno en Argentina: 19/02/1987.
Trivia I: La Mosca tuvo una sola nominación al Oscar en 1987. Chris Walas & Stephan Dupuis se llevaron a casa la estatuilla a los Mejores efectos de maquillaje.
Trivia II: El mismo jueves que se estrenó La Mosca en Argentina también llegó a las salas locales Los Cazamonstruos (Transylvania 6-5000, 1985), otro filme con Jeff Goldblum dirigido por Rudy DeLuca, clásico colaborador de Mel Brooks cuya compañía productora fue responsable de realizar la obra magna de David Cronenberg. En su no muy entusiasta crítica para Clarín, Ricardo García Oliveri –un fervoroso detractor de Cronenberg- comentó que en la misma semana teníamos a Jeff Goldblum convertido en monstruo en una película y persiguiendo a monstruos en la otra. Toda una casualidad fruto de los avatares de la distribución.

Trivia III: Los otros cuatro estrenos de aquel jueves 19 de febrero de 1987 completaban una cartelera ecléctica. Por un lado, la cinta de culto Encrucijada (Crossroads, 1986), de Walter Hill, recordada por el legendario duelo de guitarras entre Ralph Macchio y el virtuoso Steve Vai. Por otro, ¿Me la saca, doctor? (Compromising Positions, 1985), de Frank Perry; un título rebautizado con ese inefable “tufillo exploitation” propio de su distribuidor de entonces, Claudio María Domínguez (sí, ¡el mismo de Déjala morir adentro!). La lista seguía con Ojo por ojo, diente por diente (Instant Justice, 1986), un policial rutinario protagonizado por Michael Paré (Calles de fuego) y la bomba sexy Tawny Kitaen (la de los videos ochentosos de Whitesnake) que ostenta el curioso récord de ser la primera producción en la historia de Gibraltar. Finalmente, se sumó Su última venganza (Naked Vengeance, 1985), una pieza filipina de rape & revenge dirigida por Cirio H. Santiago, cineasta de culto entre cuyos fans se encuentra Quentin Tarantino.
