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viernes, 24 abril 2026
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Michael: Biopic en las coordenadas del País de Nunca Jamás

Por Aleix Sales, corresponsal de Nueva Tribuna España

Resulta sorprendente que hayan tardado 17 años desde su muerte en llevar al cine la historia del Rey del Pop, especialmente considerando el auge de las biopics musicales tras el éxito masivo de Bohemian Rhapsody (2018). Y se ha demorado tanto su materialización porque la figura poliédrica, polémica y sometida tanto a los intereses familiares como al escrutinio público de Michael Jackson, ha sido sujeta a un camino tortuoso marcado por múltiples reescrituras de guion, reshoots y remontajes -afectando especialmente a un tercer acto en el que, sobre el papel, su persona se pone más en entredicho-, a causa de imposiciones personales y, sobre todo, legales. Los juzgados determinaron que la figura de Jordan Chandler, uno de los menores que denunciaron haber sufrido abusos por parte del cantante, no podía aparecer representada en la película. Y cabe decir que estas restricciones, toleradas al fin y al cabo, afectan de lleno a una película que, más que una celebración para los fans, es una santificación acrítica y complaciente con el fin de no hacer leña del árbol caído.

Antoine Fuqua, director consagrado a la acción que hace poco filmó otra biografía oscarbaity para lucimiento de Will Smith sobre la esclavitud que fue Emancipación (2022), se pone a los mandos de esta hagiografía escrita por John Logan (que tiene en el tintero el próximo acercamiento a los Bee Gees) que presenta un personaje sumamente atractivo debido a su complejidad y misterio de un modo excesivamente puro y amable, evitando que el espectador logre conocer más allá del cliché. Abordando los primeros 30 años de su vida, desde sus inicios explotado infantilmente al frente de los Jackson 5 hasta la gira de Bad (1988), Michael es esclava del sorteo de toda controversia, no solamente omitiendo el periodo más escandaloso de su vida (de década de los 90 para adelante), teóricamente guardado para una hipotética segunda parte -que ya veremos si se realiza y con qué nivel de profundidad se aborda-, sino que no indaga esmeradamente en las numerosas cuestiones que hacen de él una personalidad tan jugosa para plasmar en pantalla: su infancia truncada determinada por la presión por el éxito, la necesidad de escapismo y su síndrome de Peter Pan, su sexualidad, las relaciones con sus hermanos, su proceso creativo a la hora de trabajar… Hay apuntes, pero no hay hondura en el atractivo abanico y eso sume la película en un aspecto genérico que desaprovecha totalmente al cantante.

Estructurada como un greatest hits grandilocuente, la película narra su primera mitad con una linealidad que el recurso del flashback desde 1988 no logra justificar. Además, el film omite etapas como su adolescencia o sus incursiones en el cine; periodos que, aunque menos conflictivos, habrían aportado profundidad a un tratamiento narrativo demasiado básico. A pesar de constituirse, en principio, como una obra autónoma, en su construcción se evidencia la dependencia de un metraje más largo o de un segundo capítulo al poseer un tercer acto que cojea y no ofrece un clímax a la altura de la grandeza que sugiere, presentando atropelladamente la resolución del conflicto principal, el paternofilial con el cretino de su progenitor y primer mánager, Joe Jackson -planteado como villano e interpretado por un Colman Domingo con su gravedad y tics habituales-. Asimismo, la caracterización de los secundarios es plana y arquetípica, dando a intérpretes como Milles Teller muy poco con lo que jugar más allá del estereotipo. Jaafar Jackson tiene la dificultad de cargar con ser un nepobaby y tener la faena de encarnar a un hombre imitadísimo en todo el planeta. Una vez superado el shock inicial, cierto es que adquiere los manierismos de su tío y los integra sin desbordarse al histrionismo, resultando uno de los pocos aciertos de la cinta.

Con alguna que otra escena con chispa -la juguetería, por ejemplo-, el guion de Logan adolece de una funcionalidad tremenda que hace cuestionarnos la necesidad de filmar una película con la que no descubrir nada en profundidad de un protagonista evidentemente ablandado y que, a veces, no parece actuar como un humano. La película, además, se sitúa en un medio término al no brindar la épica suficiente al relato ni, tampoco, al enmarcarse en un halo más íntimo de estudio de personaje como el que hizo, por ejemplo, Scott Cooper en Springsteen: Deliver Me From Nowhere (2025). Aunque la superficialidad de la propuesta beneficia el ritmo, al ir pasando por cada pasaje y exitazo del envidiable catálogo de Jackson gracias a una cadencia que se imprime en un montaje clásico pero que, en determinados momentos, coge el beat y el tempo.

Sin embargo, visualmente Fuqua confecciona las imágenes en piloto automático y no reanima lo rutinario del libreto. De hecho, escasean los momentos musicales memorables, más allá del eléctrico Bad del final o Workin’ Day and Night, certificando que deberían abrazarse más la concepción de las escenas musicales como números musicales per se, coreografiados y entregados a la interpretación de un tema, que limitarse al mero montaje musical con breves instantes de recreaciones de videoclips o a la corriente secuencia de grabación en el estudio. Cuando suena la música en la película, el pelo puede erizarse. Pero eso es únicamente mérito de la obra de Michael Jackson y sus colaboradores. El film vibra cuando Michael actúa largo y tendido sobre el escenario, es decir, en los temas antes mencionados, siendo una lástima que no recurra más a ello.

Por sus hechuras y falta de valentía, Michael se sitúa dentro de la justificación de los detractores de un género tan vilipendiado como el biopic musical por la comunidad cinéfila que, no obstante, acostumbra a encontrar el favor del público. La película de Fuqua seguramente lo tendrá entre los fans y un público general que, simplemente, busque celebrar su legado y escuchar un buen puñado de temazos. Pero, cinematográficamente, está más al lado de la medianía de otros títulos como Respect (Liesl Tommy, 2021) o Back to Black (Sam Taylor-Johnson, 2024), y que de la solidez clásica de A Complete Unknown (James Mangold, 2024). Pero alguien como Michael Jackson pedía una mirada con la personalidad, ambición artística y sinceridad para abrirse en canal de obras notables como Rocketman (Dexter Fletcher, 2019), Elvis (Baz Luhrmann, 2022) o Better Man (Michael Gracey, 2024), que logran dar vuelta al prejuicio establecido sobre las biografías musicales. En Michael la culpa no está en el boogie, sino en unos artífices que han apostado por lo naíf y cosmético en lugar de la naturalidad, la franqueza y tener los pies en la tierra.

Título: Michael.
Título original: Idem.
Dirección: Antoine Fuqua.
Intérpretes: Jaafar Jackson (como Michael Jackson), Juliano Krue Valdi (Michael joven), Colman Domingo (Joe Jackson), Nia Long (Katherine Jackson), Miles Teller (John Branca), KeiLyn Durrel Jones y Laura Harrier.
Género: Biopic, Drama musical, Historia.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 127 minutos.
Origen: EE.UU. / Reino Unido.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: UIP Argentina.
Fecha de estreno: 23/04/2026.

Puntaje: 5 (cinco)

Gentileza: Nueva Tribuna España

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