Por Pablo Arahuete

En Calabria, el realizador Pierre-François Sauter escudriña con su cámara la soledad y la rutina de una pareja de inmigrantes que trabajan en una funeraria de Suiza cuando les encargan repatriar los restos de otro inmigrante a su pueblo natal de Calabria. El documental se cruza con la road movie y reflexiona a lo largo de ese viaje con la protagónica muerte de acompañante y su antagonista la vida. Nos dimos el lujo de entrevistar al director Pierre-François Sauter y este es el resultado del viaje.

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Los funebreros trabajan con gran respeto por los muertos, lo que hizo que me sintiera muy cómodo durante la filmación. 

Pablo Ernesto Arahuete:¿Cómo describiría la experiencia de trabajar con la muerte, tanto cara a cara como en segundo plano?

Pierre-François Sauter:- Fue una experiencia muy especial. Durante las primeras exposiciones, me sentí un poco paralizado, ya que no estaba acostumbrado a la presencia de los muertos. Había visto personas muertas antes, familiares, amigos o incluso en accidentes…, pero debo admitir que fue extraño preparar la película y filmar en presencia de ellas.
Pasé mucho tiempo en empresas funerarias preparando este proyecto, en el que concentré mis esfuerzos durante varios años. Transcurrieron siete años entre mis primeros acercamientos a las funerarias y el estreno de la película… y durante todo ese tiempo las visité cada vez que pude. No sólo me dediqué a observar, sino que participé en el trabajo de los funebreros y me sumergí completamente en su universo. Con el tiempo, me fui acostumbrando. Los funebreros trabajan con gran respeto por los muertos, lo que hizo que me sintiera muy cómodo durante la filmación. Este no fue el caso de todo el equipo técnico; un director de fotografía abandonó el proyecto durante la producción, ya que se aterrorizaba ante la idea de filmar personas muertas…
Para mí era fundamental poder mostrar el trabajo que José y Jovan hacen a diario. Tomé muchas fotografías para encontrar la distancia correcta, para mostrar las cosas como las percibo, sin ser voyerista ni tampoco “morboso”.

P.E.A:- ¿Cómo encontró la distancia entre la cámara y los dos protagonistas de Calabria?

Pierre-François Sauter:- Filmar a la distancia adecuada fue mi principal preocupación durante la filmación. Me preparé mucho tomando fotografías e incluso dibujando planos.
En Calabria, filmamos en dos situaciones muy diferentes, pero en ambos casos sabía exactamente qué tomas quería lograr. En primer lugar, filmamos las secuencias “tradicionales”, en las que procuré mostrar a las personas en el contexto de una vida que continúa a pesar de todo. Luego, están las secuencias en el coche fúnebre para las que tuvimos que crear un dispositivo técnico (con cámaras reales pegadas con ventosas en el parabrisas dentro del coche) para poder filmar como yo quería. Durante el trayecto, yo estaba dentro del coche acostado entre los dos protagonistas y el ataúd que contiene los restos del difunto que está siendo repatriado. Con pantallas y controles remotos, controlaba las cámaras y el sonido.
Quería que el ataúd estuviera constantemente en la imagen, detrás de los dos protagonistas, como un recordatorio de que la muerte nos acecha constantemente. También quería que los dos protagonistas estuvieran en el encuadre de cada cámara. Creo que Abbas Kiarostami decía que dos personas que mantienen una conversación dentro de un automóvil están sentadas una al lado de la otra y no frente a frente. En un automóvil, uno habla sin mirar al interlocutor a la cara; se contempla el paisaje, la carretera y uno se sienta al lado del otro, cada uno en su propia burbuja. Para mí, esta situación evoca algo sobre la soledad humana.

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 yo estaba dentro del coche acostado entre los dos protagonistas y el ataúd que contiene los restos del difunto que está siendo repatriado.

P.E.A:- ¿Cuál fue la motivación para filmar este documental?
Pierre-François Sauter: Cientos de miles de personas emigraron de las regiones más pobres de Europa, donde a menudo no tenían trabajo, para ganarse la vida en los países más ricos del norte de Europa. Estas personas trabajaban en Suiza en condiciones muy precarias, estaban alojados en cuarteles y no se les permitía traer a sus familias. Muchos de esos trabajadores provenían del sur de Italia, como se puede ver en las imágenes de archivo que vemos al principio de Calabria.
En general, no querían quedarse en Suiza para siempre, sino que venían por 6 meses para ganar algo de dinero y regresar a casa. Finalmente, la gran mayoría de ellos regresaron de a poco, con el transcurrir de los años y muchos se establecieron en Suiza, siempre con la esperanza de regresar algún día a su pueblo natal. Vivieron “con sus corazones partidos a la mitad”. Y la última oportunidad de regresar a su patria era después de su muerte.
Filmar una de estas repatriaciones es para mí una forma de rendir homenaje a aquellas personas que tuvieron que viajar para buscar una vida mejor lejos de casa, como sigue siendo el caso en la actualidad. Pero en un sentido más amplio y a propósito de este tributo, también quise cuestionar las circunstancias que guían nuestras elecciones de vida, que nos llevan a tomar las decisiones que tomamos, o que estamos obligados a tomar, o la manera en que vivimos nuestras vidas. Decisiones que, finalmente, moldean nuestra existencia.

P.E.A.:-¿Por qué la elección del estilo road movie como centro de la estructura narrativa?
Pierre-François Sauter: La estructura narrativa de esta película se impone primero por su tema: el viaje de repatriación. Está claro que durante mis visitas a las funerarias, la primera vez que escuché sobre las repatriaciones, inmediatamente sentí interés en filmar uno de estos viajes. Siempre me gustaron las road movies. Creo que hay algo muy cinematográfico en esta forma de hacer cine. Se invita al espectador a ser parte de un viaje, se le da la oportunidad de entregarse y ser partícipe de una experiencia.

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P.E.A:-¿Cuál fue el primer encuentro con Jovan y Jose? ¿En qué circunstancias?
Pierre-François Sauter: Para la preparación de este documental, me reuní con más de 80 funebreros de diferentes empresas funerarias ubicadas en un radio de 100 km de mi casa. Todas ellas aceptaron abrirme sus puertas. En primer lugar me reuní con todos los empleados solos, como si fuera una especie de “casting”. Los grabé, los fotografié, etc. Luego, me contacté con aquellos cuya forma de trabajar, de ir a buscar a los muertos para prepararlos y presentarlos a sus familias, me resultó más interesante.
Al final de este extenso proceso de selección, elegí filmar a José y Jovan. Trabajan en la misma funeraria, pero nunca habían hecho un en un viaje de repatriación juntos.
Hubo varios aspectos de ellos que me interesaron; en primer lugar, su presencia en la pantalla, pero también sus carácteres opuestos y sus diferentes formas de ver la vida y la muerte. También me gustó la dulzura de su relación. Y, por supuesto, el hecho de que ellos mismos sean emigrantes. Dejaron su patria para venir a vivir a Suiza. Se crea una especie de eco con la presencia de este hombre muerto que están repatriando a casa.

durante mis visitas a las funerarias, la primera vez que escuché sobre las repatriaciones, inmediatamente sentí interés en filmar uno de estos viajes.

P.E.A:- ¿Crees que tu película gira en torno a la idea del destino desde el punto de vista filosófico?
Pierre-François Sauter:  – Probablemente… Diría que a través de esta película, intento ofrecer una experiencia al espectador, para que participe de ella y para que pueda vivir un momento concreto de la vida. Es una propuesta. Disfrutar el momento mientras estamos vivos… Después, es demasiado tarde.

Tomé muchas fotografías para encontrar la distancia correcta, para mostrar las cosas como las percibo, sin ser voyerista ni tampoco “morboso”.

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