Por Francisco Nieto, corresponsal en España
En esta película de animación surcoreana estrenada directamente en la plataforma Netflix (los que ya tenemos una edad seguimos sin entender que producciones de este tipo no se puedan ver en las pantallas de los cines, algo a lo que nunca nos vamos a acostumbrar), nos vamos a encontrar a una joven pareja protagonista con sus ansiedades propias de la edad y en el caso de ella con un trauma personal de los gordos que va acarreando desde su más tierna infancia y que le ha hecho marcarse un objetivo claro en la vida. Parece que los dos lo tienen bastante claro en sus objetivos vitales, pero resulta que se conocen por casualidad y salta la chispa, y lo que en principio es todo ilusión paulatinamente va derivando en un romance conflictivo.
La trama se resume en tres o cuatro líneas, porque no hay mucha complicación: corre el año 2051 y el lugar es Seúl, una ciudad urbana y cálida, que brilla bajo la apreciada belleza de los atardeceres naturales, pero también bajo la luz de las pantallas holográficas y los anuncios. A pesar de haber perdido a su madre a temprana edad, Nan-young decidió seguir sus pasos. Pero lo que nunca imaginó fue encontrarse con Jay en su camino a Marte y enamorarse. Esto complica no solo su partida, sino también aprovechar al máximo una oportunidad única, con la posibilidad de no volver. Jay, por su parte, tuvo problemas con sus compañeros de banda y un poco de miedo escénico, y ahora se ve obligado a conformarse con un sueldo fijo arreglando televisores y tocadiscos. Así, la inmensidad del espacio infinita se convertirá en un hándicap a prueba de amores.

Incluso las escenas cruciales de la relación están simbólicamente ligadas al fallecimiento de la madre de Nan-young y la influencia de ese acontecimiento en cada momento. Desde el principio, cuando conocemos a Jay, este recorre una transmisión holográfica sobre la difunta madre de Nan-young y se topa torpemente con ella en ese preciso instante, desencadenando una serie de acontecimientos destinados a cambiar sus vidas. Nan-young está buscando a alguien que arregle su viejo tocadiscos, una antigüedad que pertenecía a su madre, y la terquedad de Jay por arreglarlo también puede leerse como un intento simbólico de reparar su relación con su pasado.
Aviso para navegantes: a los más sensibleros puede que se le escape alguna lagrimita, porque el guion (firmado por la misma directora de la película: Han Ji-won), no se priva a la hora de presentar situaciones extremas en las que las emociones van a estar a flor de piel, sobre todo a medida que avance la trama y los héroes de la función deban de darlo todo para conservar lo bonito que han construido juntos. Son dos individuos, completamente autónomos, que aprenden y quieren compartir lo que significa estar vivo, sentir que estás prosperando y tener un testigo allí para verlo todo de primera mano, o ser la persona que sabes que puede igualar tu entusiasmo.
Ojalá la vida sentimental de las parejas fuera como la de esta película de amor puro y duro. Al contrario, cada vez es más común no ver a una mitad u otra sacrificar sus sueños y esperanzas por el bien de la relación. En todo caso, en Lost in Starlight se nos recuerda que estar enamorado, pasar tiempo con alguien, no te detiene y puede que ni siquiera te frene. Nan-young, por ejemplo, logra un gran avance gracias a su tiempo con Jay, después de abrazarse, mientras ella habla de su vida y su trabajo, y la escena en la que Nan-young y Jay deambulan por las calles de Seúl por la noche y se acercan cada vez más es realmente encantadora, capturando la emoción y la inocencia del romance juvenil como pocas veces se ha visto.
Pero por si algo destaca Lo que le falta a esta estrella es por su impresionante animación y su capacidad para crear espléndidas imágenes. Por poner un par de ejemplos de los muchos que nos vamos a encontrar destacamos el momento en el que se utilizan lágrimas para mostrar el reflejo de la Tierra o aquel otro en el que se coloca un gran sol de fondo cuando se ve a una pareja jugando en el agua. Hay algo mágico que fluye de manera instantánea en sus fotogramas, y la construcción de la vasta y colorida metrópolis del futuro es espectacular. Lo único que puedes hacer es aplaudir y maldecir el que no se pueda disfrutar en un cine como se merece (aunque algún malpensado pueda llegar a pensar que solo se trata de un alarde de creación de asombrosos salvapantallas).

La construcción del mundo y la propia Seúl utópica poseen una vitalidad fascinante, que evoca una idea colectiva más antigua y esperanzadora de un paisaje urbano futurista. La creatividad y la atención al detalle crean una estética única que complementa a la perfección la naturaleza interestelar de la premisa. Dentro de la amplia gama temática de Lost in Starlight y su hermoso y vibrante estilo visual, se mantiene un romance simplista sobre las dificultades de enamorarse, con su carga emocional, y cómo esto puede afectar la vida, la carrera y la pareja. La película está llena de emociones reconocibles que se magnifican por su gran escala: la intensa experiencia de superar la pérdida, encontrar el amor y reencontrarse en el proceso.
En definitiva, un alarde de arte detrás de una utopía animada que hará las delicias de todos los amantes del anime (como se trata de animación coreana, queda mejor decir Aeni, que es como se dice en ese idioma, aunque no sea un término muy conocido por el gran público) y de todo aquel que se identifique con todos aquellos trabajos filmados que acaban por tocarte la fibra.
Título: Lo que le falta a esta estrella.
Título original: I Byeol-e Pil-yohan tcc Lost in Starlight.
Dirección: Han Ji-won.
Voces originales: Kim Tae-ri, Hong Kyung y Kang Koo-han.
Género: Animación, Drama, Romance, Sci-fi.
Calificación: ATP.
Duración: 96 minutos.
Origen: Corea del Sur.
Año de realización: 2025.
Plataforma: Netflix.
Fecha de estreno: 30/05/2025.
Puntaje: 7 (siete)
