Por Francisco Nieto, corresponsal en España
Aviso para navegantes: este documental no se trata de un concierto del líder de U2, aunque contenga un puñado de canciones icónicas interpretadas por el divo acompañado de un grupo reducido de músicos en “petit comité”, sino una extensa confesión basada en su libro autobiográfico (titulado “Surrender: cuarenta canciones, una historia”, publicado en España por la editorial Reservoir Books) del que va seleccionando diversos extractos a modo de monólogo continuado salpicado de las melodías. Basándose principalmente en rasgos como la intensidad y la ironía, el documento acaba por ser un trabajo conmovedor y un estimable regalo para todos aquellos fans que han crecido con el puñado de himnos imperecederos que la banda pergeñó a lo largo de los años.
El encargado de llevar a buen puerto esta representación filmada del espectáculo teatral “Stories of Surrender: An Evening of Words, Music and Some Mischief” no es otro que Andrew Dominik, conocido por haber dirigido a Brad Pitt en algunas películas, caso de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007); Mátalos suavemente (2012) y el mediometraje documental dedicado al mismo actor titulado Brad Pitt: Todas las caras (2021). Por cierto, que Pitt también ha participado en tareas de producción en estas Historias de Surrender, así que todo queda en casa, y no deja de resultar harto curioso que Bono haya escogido a este realizador sabedor de que ha filmado de todas las maneras posibles al agraciado oficial del reino. ¿Un punto de egolatría?

Las imágenes de su vida se desvanecen en el rostro del líder de U2. “Nací con un defecto cardíaco” nos suelta a bocajarro nada más comenzar su perorata, y recrea una operación en plan salvaje que bien podría haber oficiado cualquier “mad doctor”. El fondo entonces se oscurece, y es ahí cuando comienza a cobrar forma este particular y extraordinario cribado de su propia vida y obra: nos habla de la dolorosa muerte de su madre a los catorce años, a quien dedicó la canción Iris Hold me close (Iris abrázame fuerte); cómo este mismo tema fue tabú durante muchos años en las conversaciones familiares; las aspiraciones de su padre como tenor y los últimos momentos que pasaron juntos cuando éste padeció un cáncer fulminante; el encuentro con su esposa Alison Stewart y la revelación de su paternidad; su relación con la fe católica; cómo fue la creación de la banda U2…
Aunque puede parecer que la mayoría de los temas tratados sean de una trascendencia supina, lo que en teoría derivaría en un tratamiento dramático sin hueco para cualquier respiro humorístico, el protagonista de la función tira en ocasiones de anécdotas divertidas que descomprimen ese carácter duro de lo que se nos está contando: Así, se suceden entretenidas desviaciones, como la visita de Pavarotti al equipo de Rai 1 para convencerlo de participar en su gran espectáculo benéfico en Módena, o la divertidísima peripecia del encuentro del padre del músico con Lady Diana, cuando «ocho siglos de opresión desaparecieron en tan sólo ocho segundos».
Bono está en el escenario. Se convierte en el narrador de su propia vida, pero también encuentra una respuesta teatral en el público. Los espectadores están cubiertos por la oscuridad, pero su presencia se siente, sobre todo cuando el cantante se arranca a gorgorito limpio para recordar aquellas viejas canciones que llevamos impregnadas en el alma y que en cuanto inician sus primeros acordes ya consiguen que se nos pongan los pelos como escarpias. Es entonces cuando el respetable alza las manos y comienza a corear los estribillos universales, llegando a una comunión que logra traspasar la pantalla y emocionar al televidente (qué pena que solo los privilegiados que acudieron a su puesta de estreno en el Festival de Cannes fueran los únicos que hayan podido verla en pantalla grande). El aliento de un espectáculo al que Dominik devuelve el don de la singularidad.
La parte que pensamos es la más acertada de la obra es la de la historia musical, aquella que comenzó en 1978 con la canción «Out of Control»; el miedo, pero también la emoción de que U2 fuera un grupo efímero que tan solo pudiera grabar una sola canción, antes claro de que disfrutaran del grandioso éxito que supuso la publicación del «The Joshua Tree». Las canciones siguen sonando de fondo (entre otras, «I Will Follow», «Sunday Bloody Sunday», «Pride (In the Name of Love)», «With or Without You», «Beautiful Day», «When the Streets Have No Name»), con una interpretación que se va mezclando en perfecta sintonía con la voz en off. La misma voz que, como señaló el propio Bono, cambió tras la muerte de su padre.

Por supuesto no pueden faltar referencias a su algo “polémico” compromiso humanitario, el viaje a África, su participación en Live Aid en 1985, su implicación en la cancelación de la deuda de los países en desarrollo que África “ha estado pagando desde la Guerra Fría”, también con su organización llamada DATA (Deudas, Sida, Comercio en África), creada en 2002. “La pobreza no es natural” es una de las frases más contundentes de esta actuación.
Bono sabe cómo estar en el escenario como si fuera un gran actor de teatro. Tablas no le faltan. Pero parece que prefiere mostrarse humilde y no querer mostrar del todo su talento innato, de hecho, incluso en algunas ocasiones lo oculta. Pero el director del documental parece que va por otro lado y hace todo lo posible para exaltarlo, porque a fin de cuentas, y pese a quien le pese, estamos hablando de una de las figuras musicales del siglo XX y parte de lo que llevamos de siglo XXI.
Título: Bono: Stories of Surrender.
Título original: Idem.
Dirección: Andrew Dominik.
Intérpretes: Bono (Paul David Hewson), Gemma Doherty, Kate Ellis y Jacknife Lee.
Director de fotografía: Erik Messerschmidt.
Género: Documental, Música.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 87 minutos.
Origen: EE.UU.
Año de realización: 2025.
Plataforma: Apple Tv+
Fecha de estreno: 30/05/2025.
Puntaje: 7 (siete)
