Por Migue Calabria
Veintitrés años después de aquella explosión de furia visual y narrativa que fue Exterminio, Danny Boyle y Alex Garland se reencuentran en un universo que nunca terminó de cerrarse del todo, pero que tampoco pedía a gritos ser reabierto, y sin embargo lo hacen con una propuesta que sorprende por su forma antes que por su fondo.
Exterminio: La evolución es un regreso sucio, incómodo y deliberadamente desconectado, como si la película fuera dirigida no por Boyle sino por un zombie en plena transformación, de esos que corren sin sentido, impulsados por la desesperación y la violencia. La puesta en escena es vertiginosa: cámara en mano, planos cerrados, grano digital y un uso de la luz natural que acentúa la crudeza del entorno, todo dispuesto para que la experiencia sea sensorial más que narrativa.

El relato, sin embargo, no logra acompasar esa intensidad: entre saltos temporales abruptos y explicaciones innecesarias —como el extenso subrayado sobre las mareas que dificultan el acceso a la isla donde transcurre gran parte del film— el guión oscila entre el minimalismo y la sobrecarga informativa, generando momentos de desconexión con la trama. Esta ruptura de continuidad no es solo un problema estructural sino también una elección estética, como si Garland y Boyle se propusieran retratar un mundo postapocalíptico no desde la lógica, sino desde el caos absoluto.
Aun así, hay hallazgos potentes: Protagonizada por Aaron Taylor-Johnson (Kick-ass, 2008), Jodie Comer (El último duelo, 2021) y Ralph Fiennes (Cónclave, 2024), quienes, sin buscar el lucimiento personal, sostienen con solidez este mundo inhóspito y fragmentado. Hay un vínculo particularmente especial entre el joven Spike, interpretado por Alfie Williams — personaje nacido durante el apocalipsis— y Erik, interpretado por Edvin Ryding, el soldado sueco que representa la memoria del pasado, quien introduce un juego generacional interesante que, en lugar de caer en el sentimentalismo o la nostalgia, se apoya en pequeños momentos de humor y humanidad que oxigenan el relato.

El diseño de sonido se impone como uno de los puntos altos de la propuesta: cada alarido, cada silencio tenso, cada estallido brutal de violencia está cuidadosamente construido para que el espectador no logre relajarse nunca del todo. Como en la primera película, la amenaza no está en los infectados sino en la constante sensación de peligro que se cuela incluso en las escenas más tranquilas. Lo que la diferencia del resto de las sagas contemporáneas no es su construcción del mito, ni su respeto por una supuesta “continuidad narrativa”, sino la forma en la que asume el riesgo de desarmarse a sí misma, de no ser accesible, de no pedir permiso para ir al grano. En ese gesto incómodo, a veces frustrante, a veces brillante, se juega su potencia.
El film es una obra que parecería querer dinamitar su propio legado y, sin embargo, lo fortalece a través de la contradicción: no es una película redonda, ni mucho menos una “puerta de entrada” para nuevas audiencias, pero sí es una obra coherente con su estética del descontrol. Para quienes conocieron el virus desde su origen, el reencuentro tendrá el sabor áspero pero familiar de la fiebre. Para los nuevos, tal vez sea una barrera insalvable pero, en cualquier caso, se agradece que aún exista cine de género con esta ferocidad visual, esta incomodidad latente y esta voluntad de alejarse de lo convencional.
Título: Exterminio: La evolución.
Título original: 28 Years Later.
Dirección: Danny Boyle.
Intérpretes: Jodie Comer, Aaron Taylor-Johnson, Jack O’Connell, Alfie Williams, Erin Kellyman, Chi Lewis-Parry, Angus Neill y Ralph Fiennes.
Género: Terror, Sci-fi, Thriller.
Calificación: AM 16 años, con reservas.
Duración: 115 minutos.
Origen: Reino Unido/ EE.UU.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: UIP Sony.
Fecha de estreno: 19/06/2025.
Puntaje: 7 (siete)
Críticas:
Exterminio (Danny Boyle, 2002), por Juan Blanco
Exterminio 2 (Juan Carlos Fresnadillo, 2007), por Emiliano Fernández
