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miércoles, 2 septiembre 2026
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Barreda: El rostro imperturbable

Por Maximiliano Curcio

Ricardo Barreda, tal y como lo compone el fenomenal Luis Machín para uno de los films nacionales más esperados de la presente temporada, casi no necesita hablar para inquietar. Imperturbable, contenido, casi hermético, parece resistirse a cualquier análisis posible que explique el porqué de aquella fatídica decisión. La cámara de Daniela Goggi insiste sobre ese rostro, se demora en los gestos mínimos, busca una expresión, una grieta. Es un trabajo minucioso de planos como método para acercarse hasta el límite de la intimidad y espiar, desde allí, el trágico desenlace de un hogar y de una dinámica familiar quebrados.

Aquel rostro pertenece al hombre que, el domingo 15 de noviembre de 1992, tomó una decisión que terminaría con la vida de cuatro integrantes de su propia familia. Fue en su casa de la ciudad de La Plata, ubicada en la calle 48 Nº 809, entre 11 y 12. La película vuelve sobre aquella jornada y sobre quien la protagonizó, sin ofrecer -al menos de entrada- una respuesta capaz de develar cómo el ejemplar odontólogo, perteneciente a una familia de clase acomodada, pudo convertirse en un asesino a sangre fría. En esa búsqueda, también, se juega una de las operaciones más interesantes del film: trazar el perfil de un manipulador, evitando convertirlo en un enigma fascinante al que haya que absolver.

El infame Barreda, convertido después de la tragedia en víctima o victimario —según quién contara una historia con suficientes ribetes de alto impacto—, vuelve a aparecer aquí bajo la lente de la realizadora de la miniserie María Marta, el crimen del country (2022) y del film El rapto (2023). Goggi no parece buscar una explicación definitiva allí donde, quizás, no exista más que solo monstruosidad. De allí surge una exploración del mal que se interna en la psicología de un hombre aparentemente común, aunque sin escrúpulos, en la inquietante posibilidad de que lo abominable pueda esconderse detrás de una apariencia perfectamente reconocible.

¿Qué conduce a un ser humano hacia la violencia más inimaginable? Diversas teorías se han tejido alrededor de la sanidad mental de Barreda; la película recoge dicha incertidumbre sin resolverla artificialmente. Las preguntas permanecen suspendidas alrededor del polémico protagonista, a razonable distancia, como si el film entendiera que el esclarecimiento de los móviles de un crimen no necesariamente equivale a justificarlo. Perspectiva autoral que representa una cuestión de ética y no una postura moral. Hay una voluntad de mirar directo hacia la oscuridad y de interrogar aquello que, durante años, quedó atrapado en la mera fascinación.

¿Es la locura un atenuante? ¿Actuó con cálculo o con arrebato? Las estrategias de la defensa introducen, además, los códigos del thriller judicial, mientras el impacto de un caso mediático se convierte en otra capa de la narración: la justicia, la prensa y la opinión pública se superponen hasta volver difícil separar al hombre real del personaje que la sociedad construyó alrededor de él. Existen, allí, claves de una conducta que se resiste a ser comprendida. La película avanza, precisamente, entre esos desplazamientos. El relato estructura la cronología alternando líneas temporales, a medida que reconstruye, tanto el suceso, como el contexto de época.

Porque Barreda no fue solamente un asesino: fue también un personaje que en el imaginario popular despertó devoción e ironía. El convicto vitoreado; una figura capaz de provocar simpatía, admiración y hasta una suerte de celebración absurda. Claramente, otros tiempos… tiempos misóginos: el machismo argentino que idolatra al victimario forma parte de ese paisaje, y el film sabe cómo ponerlo de manifiesto, mediante un guion que lleva créditos compartidos por Juan Cavoti, Josefina Licitra, Donna Tefa Sanguinetti, Tamara Talesnik y la propia directora.

Machín, a la altura de tamaño desafío, compone un villano de aquellos —otro más para la ilustre galería que conforma su prolífica trayectoria—, un personaje de una densidad inquietante. El talento actoral, sin embargo, no se agota en su poderosa composición: Goggi se vale de intérpretes de enorme talla, como Carla Peterson, Mercedes Morán, Marcelo Subiotto, Alberto Ajaka, Maite Lanata, Paola Barrientos y Margarita Páez. Para cada uno de ellos, encuentra espacio de lucimiento: personajes con una identidad propia, capaces de aportar espesor al entramado familiar, judicial y social que rodea la tragedia.

La mirada autoral femenina de la cineasta permite desplazar el centro de gravedad: ya no se trata únicamente de preguntarse quién fue Barreda, sino de observar qué quedó fuera de cuadro desde entonces hasta hoy. Los fantasmas del pasado regresan bajo esa forma incómoda, la de un criminal transformado en personaje público, aspecto que dice mucho acerca de una sociedad y el modo en que recuerda a sus asesinos. Hablar de femicidio treinta años después, supone, entonces, visibilizar no sólo un cuádruple crimen, sino también las formas en que fue contado, recibido y recordado.

Rodado mayormente en Montevideo, el film llega directamente a Amazon Prime Video, sin pasar por las salas de cine, internándose en un territorio marcado por el hecho real y sus resonancias sociales. Barreda recrea así, las preguntas que el suceso policial dejó abiertas y las distintas capas de un caso que conserva intacto su poder de perturbación. Porque, frente a un episodio que convirtió a su autor en una figura tristemente legendaria, la película propone una tarea más difícil: dejar de mirar al mito y volver a mirar el horror.

Título original: Barreda.
Dirección: Daniela Goggi.
Intérpretes: Luis Machín, Carla Peterson, Mercedes Morán, Maite Lanata, Margarita Páez, Marcelo Subiotto, Paola Barrientos y Alberto Ajaka.
Género: Basado en hechos reales, Drama, Policial, Crimen.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 111 minutos.
Origen: Argentina.
Año de realización: 2026.
Plataforma: Prime Video.
Fecha de estreno: 28/08/2026.

Puntaje: 8 (ocho)

 

 

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