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jueves, 29 octubre 2026
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La caja del demonio: Sólo un envoltorio siniestro

Por Joan Segovia

Hay películas de terror que necesitan tiempo para crear una atmósfera inquietante, presentar a sus personajes y preparar el terreno antes de enseñar sus cartas. El problema aparece cuando ese tiempo transcurre sin que ocurra nada especialmente interesante y la supuesta construcción del suspenso se confunde con una narración simplemente aburrida. Es lo que sucede con La caja del demonio, el nuevo trabajo de Daniel Stamm, un director que ya había demostrado cierta habilidad para moverse por los terrenos de las posesiones demoníacas con El último exorcismo (2010).

Ellen, una mujer que intenta rehacer su vida después de la muerte de su madre, acepta alojar en su casa a Winthrop, un primo marcado por un pasado traumático. Su comportamiento reservado y la aparición de una vecina bastante peculiar deberían servir para introducir cierta inquietud en una convivencia que esconde algo siniestro. Sobre el papel, el planteamiento tiene posibilidades. En pantalla, sin embargo, cuesta encontrar algún motivo para interesarse por lo que está ocurriendo.

El principal inconveniente es la ausencia casi absoluta de tensión. Stamm parece confiar en que la presencia de personajes extraños y que determinados comportamientos aparentemente inexplicables bastarán para despertar la curiosidad del espectador. Pero el suspenso necesita algo más que información para retener el interés y, durante buena parte del metraje, La caja del demonio no lo consigue. Los minutos pasan y la película permanece instalada en una indiferencia bastante desesperante.

Tampoco ayuda su manera de abordar el terror. Los escasos intentos de sobresaltar al espectador recurren a unos jumpscares previsibles y poco imaginativos, colocados como recordatorios de que estamos viendo una película del género. Carecen de preparación y de una atmósfera que los sostenga. Un ruido repentino o una aparición inesperada difícilmente generan miedo cuando todo lo que los rodea resulta tan inofensivo.

Otro planteamiento sería tratar la película cómo un drama emocional abordando la conexión de Ellen con su primo. En cómo este ha sufrido a lo largo de los años distintos episodios que han marcado su personalidad y han generado sus traumas. Analizar su convivencia y como esta se ve interrumpida con la llegada de una persona externa a sus vidas. Pero tampoco resiste este punto de vista. La relación de los personajes es solo una excusa para que fluya la trama, pero no hay implicación real en ella. No se siente cómo dos familiares separados por la vida que se reencuentran y recomponen fuerzas juntos, más bien parecen dos desconocidos que ni llegan a cruzarse ni dos frases seguidas durante más de media película.

La dirección tampoco encuentra una personalidad visual que pueda compensar las carencias del relato. No hay una utilización del espacio que consiga transmitir inseguridad ni juego alguno con los planos. El director se limita a mostrar lo que ocurre sin imprimir a las escenas una identidad reconocible. La música tampoco contribuye a mejorar las cosas. Su presencia pasa prácticamente inadvertida, sin aportar una sensación de peligro ni encontrar una personalidad sonora que acompañe el desarrollo de la historia.

En cuanto a las interpretaciones, el reparto cumple con lo imprescindible, pero difícilmente puede hablarse de trabajos memorables. Carla Gugino aporta su habitual solvencia, aunque su personaje parece condenado a reaccionar con una paciencia poco convincente ante situaciones alarmantes. Lou Taylor Pucci construye a Winthrop desde el retraimiento y la fragilidad, pero el guion apenas le permite salir de un registro demasiado limitado lleno de silencios y miradas esquivas. Los personajes carecen de profundidad y sus relaciones tampoco desprenden la naturalidad necesaria para que nos preocupemos por ellos.

El guion avanza con una lentitud desesperante. Las escenas se prolongan sin desarrollar suficientemente los conflictos y las conversaciones apenas existen. Durante los últimos treinta minutos llega finalmente la explicación de toda la trama y el giro de guion que esperábamos, pero las revelaciones carecen de sorpresa y su desarrollo resulta poco estimulante. Los efectos digitales presentan un acabado anticuado, más propio de producciones de hace una década, y terminan restando fuerza a unas secuencias que deberían proporcionar los momentos más impactantes de la película.

Lo más decepcionante es comprobar que ese último tramo tampoco consigue corregir el ritmo de todo lo anterior. La historia simplemente explica aquello que llevaba demasiado tiempo ocultando, sin generar una emoción que justifique semejante espera.

La caja del demonio termina siendo una película de terror sin miedo, un thriller sin suspenso y un misterio cuya resolución apenas despierta curiosidad. Una propuesta insípida, tremendamente olvidable, que confirma algo bastante sencillo: esconder una historia durante buena parte de una película no sirve de mucho cuando, al descubrirla, resulta que tampoco había gran cosa que contar.

Título: La caja del demonio.
Título original: Lockbox.
Dirección: Daniel Stamm.
Intérpretes: Carla Gugino, Lou Taylor Pucci, Katharine Isabelle, Roman Kinsella, Donald Sales, Jason McKinnon, Darcey Johnson y Lee Tichon.
Género: Terror, Suspenso, Sobrenatural.
Calificación: R-17 años.
Duración: 105 minutos.
Origen: EE.UU./ Reino Unido/ Canadá.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Diamond Films
Fecha de estreno: 29/10/2026.

Puntaje: 4 (cuatro)

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