Por Migue Calabria
Un ex mariscal de campo con la rodilla rota se convierte en agente del FBI y, en su primer caso, le toca aprender a surfear en tiempo récord para infiltrarse en una banda que roba bancos en Los Ángeles usando caretas de ex presidentes de Estados Unidos. Así de simple y así de delirante arranca Punto límite (Point Break), que se estrenó en julio de 1991 y que este año cumple 35 años sin que nadie haya logrado explicar del todo por qué sigue funcionando de la misma manera

La volví a ver para esta nota y lo primero que me pasó fue reírme, no de ella sino con ella. Tiene diálogos extraños pero divertidos, principalmente en la química entre Gary Busey y Keanu Reeves, y hasta tiene a un agente federal que en dos semanas pasa de tragar agua salada a meterse en olas que no se animaría a surfear ni el más experimentado de los locales. Pero cuando terminó, me quedé con algo mucho más interesante que el disfrute nostálgico, porque debajo de todo ese ruido de verano noventoso hay una película bastante más inteligente de lo que la recordamos.
Para entender lo que significó, hay que pararse en 1991. Ese mismo verano se estrenaba Terminator 2: el juicio final, el cine de acción era territorio de músculos, explosiones y frases para remera, y Hollywood tenía bastante claro quién podía dirigir ese tipo de películas: hombres. Kathryn Bigelow venía de hacer Cuando cae la oscuridad (Near Dark, 1987), una de vampiros rutera y polvorienta, y Testigo fatal (Blue Steel, 1990), un policial con Jamie Lee Curtis, y con esta película se metió de lleno en el género más masculino de todos para darlo vuelta desde adentro. Detrás estaba James Cameron como productor, que en ese momento era su marido, pero la mirada es completamente de ella, y eso se nota en cada escena.

El reparto tampoco era una apuesta segura. Keanu Reeves todavía cargaba con la imagen del adolescente medio tontito de Bill & Ted, y Patrick Swayze venía de Ghost, la sombra del amor y Dirty Dancing: Baile caliente, o sea, era el galán que hacía llorar a la tía. Ninguno de los dos parecía el candidato natural para una cinta de acción, y justamente ahí está la gracia. Keanu juega a Johnny Utah con una mezcla de rigidez y entusiasmo que al principio parece torpeza y después entendés que es el personaje: un tipo formado en las reglas, en el deporte con árbitro, que de golpe se encuentra con alguien que vive sin ninguna. Swayze, por su parte, construye a Bodhi como un gurú playero con algo de líder de secta, carismático, filosófico y peligroso, y es tan magnético que la película entera se inclina hacia él. De hecho, el actor se tiró en paracaídas de verdad varias veces durante el rodaje, para desesperación de la gente del seguro, lo cual dice bastante de hasta dónde se había creído el personaje.
Lo que me pareció más rico en esta revisión es que, aunque se vende como una de policías y ladrones, la película en realidad habla de otra cosa: de la adrenalina como una droga. Bodhi y su banda no roban por plata en sí, roban para financiar un verano eterno, para seguir persiguiendo olas por el mundo y no tener que meterse nunca en una oficina. Utah empieza persiguiéndolos y termina enganchado con lo mismo que ellos, porque descubre que esa sensación de estar al borde de la muerte es lo único que lo hace sentir vivo. Si esto les suena conocido, no es casualidad: casi veinte años después, Bigelow abrió Vivir al límite (The Hurt Locker) con una frase que dice que la guerra es una droga, y con esa película se convirtió en la primera mujer en ganar el Oscar a Mejor Dirección. La obsesión ya estaba acá, con tablas de surf en lugar de bombas.

Lo de las caretas, que podría pasar como un simple chiste, también tiene su vuelta. Una banda que desprecia el sistema y se burla de él roba bancos con las caras de Reagan, Nixon, Carter y Johnson. Le roban al poder disfrazados del poder, y en un país que venía de una década de reaganismo y de culto al dinero, eso tenía su veneno.
Después está lo que se ve, que es donde Bigelow se luce de verdad. La persecución a pie en la que Utah corre detrás de Bodhi por patios, casas y cocinas ajenas, con un perro volador incluido, está filmada con la cámara pegada a los actores, moviéndose con ellos, sin dejarte respirar. Hoy estamos acostumbrados a eso, pero en 1991 no era lo habitual y muchísimas películas de acción posteriores la copiaron casi plano por plano. Las escenas de surf, filmadas desde adentro del agua, y la secuencia de paracaidismo, donde la cámara cae junto a los personajes, logran algo muy difícil: que vos también sientas el vértigo, y no solo lo mires.
Alerta para quien todavía no la vio, aunque después de 35 años ya tienen cierta responsabilidad: el final es lo mejor que tiene. Utah, tirado en el piso con Bodhi en la mira, no puede dispararle y termina vaciando el cargador al aire mientras grita de pura frustración, una escena tan icónica que Edgar Wright la homenajeó en Arma fatal (Hot Fuzz). Después llega la playa de Bells Beach en Australia, la tormenta que aparece cada cincuenta años y la decisión de Utah de dejar ir a Bodhi hacia la ola que lo va a matar, antes de revolear su placa al mar. Es un final que no premia a la ley ni castiga del todo al villano, y eso para una película de acción de estudio era bastante raro.

El legado está a la vista. Rápido y furioso, de 2001, es básicamente esta misma historia cambiando las tablas por autos tuneados: un policía infiltrado que se termina enamorando del estilo de vida de la banda que tiene que atrapar. Keanu, por su parte, salió de acá convertido en héroe de acción, camino que lo llevó a Máxima velocidad, a Matrix y, mucho más tarde, a John Wick. En 2015 hubo una remake, Punto de quiebre, que intentó repetir la fórmula con más deportes extremos y más presupuesto, y lo único que logró fue demostrar que lo que hacía funcionar a la original no eran las piruetas sino la gente que estaba detrás.
Volver a verla hoy es encontrarse con una película que envejeció en los diálogos y en algún peinado, pero no en lo que tiene para decir sobre esa búsqueda desesperada de sentirse vivo.

Título: Punto límite. Título original: Point Break. Origen: EE.UU./Japón, 1991. Directora: Kathryn Bigelow. Producida por: Peter Abrams, Joseph Newton Cohen y Robert L. Levy para 20th. Century Fox y Largo Entertainment en asociación con JVC Entertainment Inc. Productor ejecutivo: James Cameron. Co-productores: Rick King & Michael Rauch. Argumento: Rick King & W. Peter Iliff. Guion: W. Peter Iliff (reescrituras sin acreditar: James Cameron). Director de Fotografía: Donald Peterman. Música: Mark Isham. Montaje: Howard E. Smith. Casting: Sharon Bialy & Richard Pagano. Diseño de producción: Peter Jamison. Directora de arte: Pamela Marcotte. Decoradora de set: Linda Spheeris. Vestuario: Colby P. Bart & Louis Infante. Director de segunda unidad: Glenn R. Wilder. Intérpretes: Keanu Reeves, Patrick Swayze, Gary Busey, Lori Petty, John C. McGinley, James LeGros, John Philbin, Bojesse Christopher, Lee Tergesen, Vincent Klyn, Chris Pedersen, Dave Olson, Anthony Kiedis, Sydney Walsh, Christopher Pettiet y Tom Sizemore. Calificación: AM 16 años. Duración: 122 minutos. Género: Policial, Acción, Thriller. Fecha de estreno EE.UU.: 12/07/1991. Estreno en Argentina: 03/10/1991. Distribuidora: Fox.
Trivia I: El nombre del personaje Bodhi, interpretado por Patrick Swayze, proviene del concepto budista de Bodhisattva. El término en sánscrito Bodhisattva identifica a un ser iluminado que pospone voluntariamente su entrada definitiva al nirvana para ayudar a otros a alcanzar la liberación. La raíz de la palabra, Bodhi, se traduce específicamente como despertar o despertar espiritual dentro de la teología budista.
Trivia II: James Cameron realizó revisiones no acreditadas en el guion final. Un arbitraje no resuelto con el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos (WGA) le impidió recibir el crédito. Kathryn Bigelow también contribuyó al guion.
Trivia III: Anthony Kiedis, el cantante principal de la banda Red Hot Chili Peppers, interpreta a Tone, un miembro de la pandilla de surfistas liderada por Warchild (Vincent Klyn). Kiedis faltó al entrenamiento de acrobacias para la escena de la pelea en la playa, por lo que su personaje queda inconsciente de un solo puñetazo de Bodhi (Patrick Swayze).
Fuente: Imdb.
Videoclip Nobody Rides For Free (Ratt) – Point Break Soundtrack (1991)
