Por Pablo E. Arahuete 

Dentro de la gama de actores argentinos, el espectro se acorta cuando la búsqueda apunta a aquellos que tienen la capacidad de aportar todos sus recursos tanto para la comicidad como en otros géneros y matices de registros. Desde sus apariciones en el emblemático colectivo under que por esos milagros tuvo recepción en la televisión abierta primero con De la Cabeza (1992, emitido por América tv) y luego con Cha cha chá (1994-1997), Pablo Cedrón fue sin lugar a dudas una pieza clave en esa  usina de creatividad y surrealismo liderada por Alfredo Casero. Más recientemente, su personaje de Historia de un Clan le permitió mostrar su ductilidad y oscuridad desde una propuesta televisiva audaz. 

En varias ocasiones expresó que uno de sus sueños era filmar su propia película y también escribir una serie. Aún sin llegar a la película propia, la serie se concreta en el universo de Romanos, cuyo estreno el 25 de abril en la plataforma Cine.ar (ex odeón) ya es una realidad. En esta entrevista exclusiva el propio Pablo Cedrón nos revela qué hay detrás de esta serie que apela al absurdo y al humor negro para rasgar conciencias dormidas y para hablarnos de un pasado desde el futuro, en un mundo donde por ejemplo está prohibida la música.   


Pablo Ernesto Arahuete: -En el mundo futurista de tu serie Romanos una de las restricciones impuestas por el sistema se relaciona con prohibir la música ¿lo pensaste como un guiño a la época de la dictadura argentina, y desde la impronta familiar con tu tío Tata Cedrón?

Pablo Cedrón: –No, no lo pensé como un guiño a la dictadura. Lo pensé como una prohibición instaurada por un sistema, una trampa. Los sistemas suelen prohibir algo anodino para que las masas ansíen transgredir esa prohibición y no se den cuenta que lo que está verdaderamente prohibido son un montón de otras cosas mucho más vitales . Algo así como lo que hacen los teros para que no les roben los huevos del nido, gritan por un lado con desesperación para que el predador busque los huevos ahí y resulta que están en otro lugar. Bueno, ya lo puso José Hernández en el Martín Fierro.

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Gonzalo Urtizberea y Martín Lavini, habitantes de Romanos.

P.E.A.: -Si tuvieses que definir a tu personaje Lionel en la serie ¿cómo convive con el absurdo y cómo lucha contra ese sistema dentro del propio sistema?

Pablo Cedrón: Bueno, Lionel es un hombre común, un hombre cualquiera que no se diferencia de ningún otro. Convive con el absurdo de una manera inconsciente, no obstante se percata de que algo no está bien, algo le hace ruido pero no es capaz de leer críticamente la sociedad o el sistema mediante un análisis maduro y objetivo, sería incapaz de hacer un ensayo o tesis por básica que sea por ejemplo, mucho menos verse a sí mismo como entidad pensante, insertada en ese entorno casi delirante. Las cosas que puede ver en ese mundo lleno de crueldades e incoherencias siempre  las atribuyö a la modernidad, a la naturaleza, a su falta de adaptación, a su bajo coeficiente mental, a las serias dificultades de aprendizaje y comprensión de las que dio siempre muestra y a la torpeza que tuvo desde su más tierna infancia cuando por motivos que serìa largo enumerar los padres lo abandonaron en una casa de ortopedia. Así y todo llegó a casarse con la hija de una jueza, mujer que, pese a ser de una clase superior, nunca lo juzgó. 

 A Lionel jamás se le ocurriría poner en duda el sistema en el que viven u oponerse al orden establecido dado de que está convencido de ser el culpable de su propia desdicha. Ahora bien, en el momento de comenzar la acción Lionel se encuentra en un estado particular, su cabeza está inmersa en un magma de puntos suspensivos e interrogantes insondables que fueron madurando a través de muchos años. Por ejemplo: Porqué las cosas son así y no de otro modo? Quién lo dispuso? Porqué le parecen ahora extraños los eslogans del gobierno si son los mismos desde que tiene uso de razón? De dónde descienden los humanos? Qué había antes de esta ciudad? Es cierto que no existe Miramar ni Necochea? Qué hay más allá de las fronteras de la urbe? Existe Lugano o es otro engaño?

P.E.A.: -Sin lugar a dudas la serie transmite desde lo referencial la concepción de un mundo distópico, definido según tus palabras como un Blade Runner pero en Caleta Olivia ¿cuál es el lugar de la utopía ligada a la normalización cuando todo se deforma en ese constante absurdo?

Pablo Cedrón: –El lugar de la utopía cuál es? Creo que no es más que una sensación vaga, por lo menos en este momento. No tengo la costumbre, porque no sé hacerlo, de intelectualizar lo que hago, igual que Lionel voy y lo hago con un envión o un impulso, me valgo en este caso de lo absurdo que me parece el mundo real diariamente, me tocó una vida con experiencias muy particulares y absurdas (así lo veo hoy, siempre me habían parecido trágicas) el mundo cotidiano me parece muy cruel de por sí, cruel e inesperado, el hermano de mi abuelo por ejemplo murió en un hotel barato donde estaba con una mujer que al verlo muerto escapó para evitar un interrogatorio, mejor dicho dos interrogatorios, el policial y el de su marido. Al día siguiente cuando hallaron el cuerpo del interfecto llamaron al hijo que, como vivía en provincia, tardó en llegar. De manera que le cobraron un día más por cuanto había que dejar la habitación a las once y ya era pasado el mediodía. No sé cómo explicarlo mejor, un montón de cosas absurdas se nos presentan diariamente, leí que un juez que hacía orgías con jóvenes carenciadas es condenado a la pena de cinco años viviendo en una casa con fantasmas, en Río Negro. No sé cómo decirlo mejor. Por supuesto  la revolución es una utopía pero para que el hombre común, el hombre masa, doña Rosa, el ser inauténtico que no sabe nada de nada y menos aún de sí mismo no se amotine o revolucione le hacen creer que lo único que falta es la música y el resto está fenómeno.

P.E.A.: Romanos nació como proyecto para serie web pero en tu presentación marcás un distanciamiento con estas nuevas herramientas de comunicación tal vez desde un costado irónico como cuando hacés alusión al armado de la maqueta de esa ciudad con cajas de antidepresivos ¿cuál es tu vinculo real con esas dos realidades, es decir internet y redes sociales por un lado y por otro la fármaco dependencia?

Pablo Cedrón: –No sé si son dos realidades o están en distintos planos o son partes complementarias de un mismo tren fantasma. Una cosa es la depresión y otra la farmacodependencia. Pero me sobraban cajas y cajas y tengo mucha habilidad manual, lo heredé de un antepasado que vino de Italia, me llamo como él, Aquiles. Me llamaron siempre por mi segundo nombre que es Pablo. Aquiles arreglaba los asientos de las bicicletas con zapatos viejos, Aquiles podía ver dos cosas en un objeto, o tres, los objetos para él no terminaban ahí, la función que cumplían eran sólo una de las maneras que estos podían tener de presentarse en el mundo, los zapatos al gastarse podìan cambiarse de pié y durar más, el derecho en el izquierdo y viceversa y después convertirse en bisagra de la puerta de un galpón. Mi abuela hacía el colador de café con un calzoncillo, cuya manija era un enchufe, en una botella que había sido de chimichurri, con pico vertedor de corcho entraban todos los restos de champú de los envases que andaban por el suelo. Yo creo hago lo mismo y mi hijo también.

P.E.A.: -Viviste gran parte de tu vida viajando y practicando la gimnasia de la supervivencia ¿cuál es tu lugar en el mundo?

Pablo Cedrón: No sé cuál es mi lugar en el mundo. Posiblemente sea la provincia de Santa Cruz donde anduve muchos años.

P.E.A.: -¿De dónde proviene ese mundo de la serie Romanos, ciudad edificada y de cartón pintado con ciertas catacumbas subterráneas?

Pablo Cedrón: –Bueno, el mundo de la serie Romanos está por descubrirse aún, solo vemos por ahora la parte de afuera. Lo que pasa es que son muchos capítulos y sólo filmamos ocho por ahora. Hay sótanos como las catacumbas del pasado, el inconsciente colectivo de un grupo social ya sin identidad, en las paredes pueden aparecer imágenes borrosas de Perón, Juan Carlos Torry o la propaganda gastada de la pizzería Stromboli, donde trabajaba mi papá, o un eslogan de preservativos Cometa.

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Maqueta utilizada en Romanos

P.E.A.: -Uno de los temas que explorás en Romanos se concentra en las relaciones laborales, donde da la sensación que todo oficio parece en esa realidad obsoleto ¿cuánto de ese pensamiento de lo obsoleto rige según tu opinión en la constante necesidad de satisfacer los deseos en la sociedad consumista que nos atraviesa?

Pablo Cedrón: –Bueno, en esa sociedad las personas son fácilmente reemplazables, porque están desprovistas quizá de su humanidad, han sido “enanizadas” sistemáticamente, aunque ellos no se dan cuenta, la igualdad que les venden es en realidad una pérdida de la identidad personal, los han igualado para que vayan a engrosar una especie de conciencia de enjambre de la que no parece posible salir. Satisfacen deseos de personas que no tienen deseos, nadie parece tener deseos o tienen que acudir a otros para saber qué desean o a la televisión que les infunde una especie de deseo ortopédico. Un callejón sin salida, un cul de sac disfrazado de Paraíso.

P.E.A.: -Dijiste en un entrevista que para tus personajes evitás el proceso de estructura psicológica y que te guía la intuición ¿en el caso específico de Lionel cuánto repercutió tu experiencia de vida y cuánto dejaste librado a tu imaginación?

Pablo Cedrón: No tengo idea realmente aunque me pregunto a menudo acerca de esas cosas. A todos me parece que nos influyen nuestras experiencias, me parece, una música que escuchamos, la gente que conocimos aunque sólo la hayamos visto muy brevemente. Debe haber gravitado en nuestra vida supongo. Un oso una vez le arrancó la cartera de la mano a mi mamá pero no sé en qué me habrá influido eso a mi.

 Pero también presté atención a otros de los personajes que aparecen, Lionel es un pretexto para verlos a ellos, por momentos son más importantes, son personajes inconscientes, desorientados que puede parecer que no piensan o que no tienen más que ambiciones modestas. Una vez en Santa Cruz llevé a caballo a un taiwanés para que conociera los glaciares, fueron varios días a caballo, algo de castellano hablaba porque había vivido un tiempo en Buenos Aires. Llegamos a un lugar muy alto y ventoso, tuvimos suerte porque nunca está despejado ahá, se veían todos los glaciares y el cielo estaba muy transparente. El taiwanés no había dicho una palabra en las últimas cinco horas, viendo el paisaje se bajó del caballo y se me acercó lentamente, cuando estuvo al lado suspiró y dijo: Mi sueño es conocer a Nito Artaza.

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