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domingo, 19 julio 2026
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Superman: El hombre de acero y un vuelo apenas gallináceo

Por Juan Alfonso Samaja

*Se advierte al lector que la crítica contiene spoilers

Lex Luthor ha tejido una conspiración para poner al gobierno y a toda la opinión pública en contra de Superman, consiguiendo la autorización del gobierno para encerrar al superhéroe bajo el cargo de tener un plan de colonización del Planeta Tierra y de sus habitantes. Lois Lane, Jimmy Olsen, Perry White y algunos integrantes de la Liga de la Justicia intentarán rescatar al superhéroe mientras procuran sacar a la luz las oscuras intenciones del magnate de la tecnología.

Crítica

El relato arranca con una trama ya comenzada. Superman ha sufrido un embate violento de parte de un contrincante muy poderoso, y apenas ha podido guarecerse en la fortaleza de la soledad para renovar su energía vital. Al héroe lo ha seguido La ingeniera, una metahumana a las órdenes de Luthor, quien envía las coordenadas de la fortaleza a su jefe, cuyo propósito es deshacerse del superhéroe manipulando a la opinión pública y convenciendo al propio gobierno de que Superman es un peligro potencial para la seguridad nacional. Pero como la opinión general es todavía muy favorable al superhéroe, Luthor necesita encontrar algún material que sirva para subvertir esta tendencia. Por ese motivo, resulta imperioso para el archienemigo del superhéroe encontrar el lugar donde este esconde sus secretos. Una vez que Luthor ingresa a la fortaleza, descubre allí el mensaje que los padres kriptonianos de Kal-El han dejado en la nave del niño, pero cuyo contenido había llegado dañado e incompleto, obligando al héroe desde niño a completar por su cuenta y a su cargo el resto del mensaje que tematiza su misión como kriptoniano en la Tierra. Cuando Luthor consigue restituir el resto del mensaje, lo envía a los medios de comunicación, haciendo público su contenido.

Lo que Kal-El ha escuchado hasta el momento de ese mensaje es que sus padres han escogido a la Tierra por ser esta el mejor escenario para la supervivencia del niño y para la consecución de una supuesta misión. Por lo tanto, Superman/Clark ha interpretado desde siempre que esa misión no es otra que proteger a la humanidad que le ha brindado un hogar, y lo ha aceptado como a uno más de los suyos. Sin embargo, la misión referida por la segunda parte del mensaje restituido por la tecnología Luthor habla de una colonización por parte del kriptoniano, de una imposición del poder por la fuerza, de tomar a todas las mujeres de la tierra como su propio harén para preservar el linaje de Krypton, y de eliminar a quien se le oponga.

Si bien la película es lo mejor que he visto desde la versión de 1978, presenta varios defectos y vicios: replicación de tópicos argumentales, repetición de lugares comunes en torno al héroe, torpeza en el manejo de los verosímiles narrativos, desaprovechamiento de caracteres que podrían haber desempeñado un papel más relevante pero que no han hallado en el esquema del guion un universo narrativo para ese crecimiento, inclusión de elementos absolutamente gratuitos sin una función narrativa sólida que los justifique, y una enunciación indecisa que no termina habitar el camino del sentido del humor (y la capacidad de reírse del mito y de sus componentes) guareciéndose en la presunta comodidad del tono solemne que suele acompañar las producciones de los últimos años.

En cuanto a la idea central que la película focaliza, se nutre de dos elementos: a) juicio contra Superman por ser un potencial –e incontrolable- peligro para la sociedad humana, sobre todo teniendo en cuenta que Superman no responde a nadie en la cadena de mando; b) la desidealización de la Krypton utópica y descubrimiento por parte de Kal-El y de los habitantes de la tierra de las costumbres bélicas del planeta nativo del superhéroe. Ambos elementos habían ya aparecido al menos en la serie Lois & Clark: the new Adventures of Superman (Deborah Jay Levine, 1993). Esto en sí mismo no sería un demérito, pues ambas ideas son ingeniosas, pero como la película no desarrolla específicamente estos motivos, sino que meramente se sirve de ellos como escenario para la justificación de las acciones, el resultado es la sensación de un camino ya trillado.

En cuanto a los lugares comunes, resulta verdaderamente insoportable la insistencia en el carácter bondadoso del superhéroe, y su misión de respetar y proteger la vida de cada habitante del planeta: desde un pueblo oprimido en medio Oriente, hasta una mujer que conduce un auto sobre un puente colgante, un perrito que se inmiscuye en la pelea y hasta una modesta ardilla desprevenida en el parque. Si no fuera porque están completamente ausentes los indicadores de hilaridad, habría jurado que la intención del realizador era reírse –en complicidad con el espectador- de este carácter del personaje.

En cuanto al desaprovechamiento de líneas narrativas y personajes secundarios, todo el tema de la Liga de la Justicia y sus integrantes hubiera podido ser de utilidad para el desarrollo de una línea más humorística, pero ello no termina de anclar realmente en el esquema argumental, quedando reducidas sus participaciones a situaciones aisladas e inorgánicas, y lo mismo cabe decir del tándem Jimmy Olsen y su enamorada la Srta. Teschmacher, y el jefe de redacción, Perry White.

En cuanto al triángulo protagónico de Lois Lane, Lex Luthor y Clark Kent, coincido con el diagnóstico del youtuber Mariano Rodríguez: las películas de superhéroes se han focalizado tanto en los metahumanos (no necesariamente, o no siempre, en su compleja psicología) que han olvidado el buen arte de diseñar seres humanos comunes con un mínimo de interés narrativo.

Clark es apenas un monigote sin psicología. El descuido de la faceta “Clark” resta complejidad a la psicología del personaje, y la película pierde una oportunidad preciosa de interiorizarse en ese mundo complejo que es la representación del bien y el mal en Superman cuando Lois entrevista al superhéroe, pero quien termina respondiendo es Clark, desde el epicentro de su humanidad.

Lois es un personaje intrascendente e innecesario en la consecución de la trama y el desinterés con que se presenta responde a que se la ha despojado de sus dos grandes cualidades: su voracidad profesional e inteligencia, y su agresiva sensualidad que la han caracterizado desde siempre.

Finalmente, Luthor carece de matices dramáticos y/o humorísticos, de lo cual resulta una representación chata y poco interesante, independientemente de la buena labor actoral que realiza Nicholas Hoult. A mi juicio, las únicas dos versiones de este personaje que han logrado una potente exposición del villano perversamente seductor las he visto en Gene Hackman (Superman, 1978), y en John Shea (The Adventures of Lois and Clark, 1993). Mientras que el primero es una constelación elegante y equilibrada rodeada de elementos cómicos y disparatados, el segundo es un personaje trágico y enamorado del poder y de Lois Lane. Ambas estrategias consiguieron –de maneras muy diferentes- humanizarlo, darle esa complejidad narrativa fundamental para hacer del personaje un elemento ambiguo y peligroso. Nada de esto encontramos en la película actual: el Luthor de esta versión es un niño caprichoso y falto de atención. Tampoco encontramos demasiada novedad en cuanto a la motivación del archienemigo, pues vuelve a reiterarse la adquisición de “bienes raíces” que impulsa toda la empresa de Luthor, como en la versión de 1978 y en su réplica del 2006.

Pero no creo que el problema sea únicamente el diseño de los personajes, sino la falta de espacio narrativo para el desarrollo de sus psicologías individuales y el incremento por medio de interacciones dramáticas. Es sintomático que Lois y Luthor prácticamente no compartan escenas, y que incluso Lois y Superman se mantengan prácticamente separados dos tercios de la película, compartiendo apenas unas pocas escenas, de trivial importancia respecto del drama.

En cuanto a la torpeza en los verosímiles, coincido también con Mariano Rodríguez en que gran parte del éxito y la credibilidad de la versión de 1978 reside, no en sus fantásticos efectos visuales, sino en algo mucho más básico pero evidentemente más difícil de conseguir: el carácter vivo de la representación, como si fuese un universo autónomo; el sumergirse el relato en la cotidianeidad de la vida diegética de los lugares y sus protagonistas. La importancia de este verosímil contextual es lo que permite compensar la incredulidad necesaria para aceptar la existencia del superhéroe, ya que el naturalismo extremo del contexto permite descuidar la anomalía física del componente central. En esta película, por el contrario, todo se mira desde arriba y desde lejos; las calles de Metrópolis, como la redacción del diario El Planeta nunca parecen otra cosa más que telones pintados. El relato nunca se interioriza por la vida diaria de la redacción ni por la vida de la ciudad, como si de verdad no le interesara insuflarle un soplo de vida a esas figuras de cera.

Uno de los elementos claves para lograr este verosímil es la introducción de los elementos básicos del universo narrativo como recurso, pero es importante respetar el tempo propio que ello requiere; no se puede presentar de golpe los personajes y el escenario como si ya conociéramos a los personajes y la situación narrativa; cuando se hace esto, se trunca la posibilidad de instalar el verosímil como de empatizar con los personajes. La impaciencia del relato de las películas de acción contemporánea, lejos de ser un estímulo para a espectacularidad, y un respeto al público, parece más bien encarnar el deseo de la huida, como si la película en lugar de disfrutar su mostración quisiera apresurarse por pasar a los títulos finales.

Otro de los elementos defectuosos del argumento es la proliferación innecesaria de situaciones debidas a necesidades de guion. Es decir, situaciones que ocurren únicamente porque el guion necesita que así sea. Voy a mencionar únicamente dos: 1) la presencia del perro Krypto, que no tiene otra función en la trama que servir de nexo para que Superman salga o entre de distintas situaciones dramáticas. 2) la negativa inicial del metamorfo a dejar de lastimar a Superman con la kriptonita, y a ayudarlo a escapar de la celda que ambos comparten, bajo pretexto de que Luthor tiene secuestrado a su hijo. Pero resulta que el hijo está encerrado en una caja de cristal justo en frente de la de Superman, y Superman podría perfectamente romper el cristal de la celda suya y aquella en donde está su hijo, cosa que, en efecto, sucederá un poco más tarde, sin que pueda comprenderse del todo porqué esto no ocurrió antes.

Creo que el punto fuerte de la película, el gran hallazgo, es, sin lugar a duda, el refrescante modo en que David Corenswet se apropia del mítico personaje sin intentar imitar modelos precedentes.

Título: Superman. Título original: Idem. Dirección: James Gunn. Intérpretes: David Corenswet, Rachel Brosnahan, Nicholas Hoult, Edi Gathegi, Anthony Carrigan, Nathan Fillion, Isabela Merced, Skyler Gisondo, Sara Sampaio, Maria Gabriela de Faria, Wendell Pierce, Alan Tudyk y Pruitt Taylor Vince. Género: Basado en cómic, Acción, Sci-fi. Calificación: AM 13 años. Duración: 129 minutos. Origen: EE.UU. Año de realización: 2025. Distribuidora: Warner Bros.
Fecha de estreno: 10/07/2025.

Puntaje: 5 (cinco)

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