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sábado, 18 julio 2026
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Moscas: La terca resistencia de la empatía

Por Miguel Ángel Leija, corresponsal de Nueva Tribuna España

El zumbido de una mosca rompe el silencio de una casa donde ya no pasa gran cosa. Vuela de un rincón a otro, insiste, se posa sobre un mueble y vuelve a alzar el vuelo. Esa mosca, mínima y terca, es la primera señal de que algo, tarde o temprano, tendrá que sacudir la rutina de quien habita ese espacio. Así empieza Moscas, Premio del Jurado Ecuménico del Festival de Cine de Berlín, el quinto largometraje del director mexicano Fernando Eimbcke.

Nos encontramos con Olga, una mujer jubilada que vive sola en un departamento de la Ciudad de México y cuyos días transcurren entre la espera y el aburrimiento, sin saber bien qué es lo que en realidad espera. Una operación menor en el pie la obliga a reunir dinero, así que decide rentar la habitación libre de su casa, convenientemente ubicada junto a una clínica pública. Ahí aparece un hombre que introduce a escondidas a su hijo pequeño para no pagar una renta doble mientras la madre del niño permanece internada. Así, lo que empieza como un arreglo práctico por conveniencia económica se convierte en la puerta de entrada a un duelo compartido que ninguno de los dos sabía que necesitaba.

Como en Temporada de patos (2004), su ópera prima, Eimbcke vuelve a apostar por un cine de gestos pequeños, alejado por completo de la violencia y el narcotráfico con los que solemos asociar al cine mexicano contemporáneo. Moscas no necesita cadáveres ni sicarios para hablar de un país que no termina de cuidar a los suyos, le basta con una sala de espera de hospital, una habitación rentada y dos personas que no saben cómo pedir ayuda. La verdadera trama sucede en los silencios, en la espera, en esos huecos donde surgen las preguntas que de verdad importan, no en medio del ruido.

Narrativamente, la película exige paciencia: arranca lenta, casi estática, y hay quien podría desesperarse ante la falta de acción. Pero la recompensa llega poco a poco, en escenas de una emotividad genuina que no se anuncian con antelación. Uno de los grandes aciertos del guion es un videojuego de arcade tipo Space Invaders con el que el niño procesa lo que todavía no puede nombrar: el miedo, la enfermedad de su madre, la espera misma. Es la metáfora que utiliza su padre para platicarle que su mamá está luchando contra una enfermedad que poco a poco la va consumiendo. Ese juego termina siendo también el puente por el cual Olga se conecta con él, no desde la lástima sino desde un duelo compartido que ella también carga, aunque la película nunca se moleste en explicarlo del todo. No necesita hacerlo. Eimbcke confía en el espectador: no entrega respuestas finales, entrega información y deja que cada quien decida qué fue lo que pasó después.

El blanco y negro no es un capricho estético: aísla los rostros y los objetos del ruido de la ciudad y obliga a que cada gesto pese más de lo que pesaría a color. Lo sonoro no es decorativo: ni las moscas ni los pitidos del videojuego ni el rumor del edificio están ahí de relleno, todo empuja en la misma dirección, la de un encierro que nunca termina de sellarse del todo. Asimismo, Fernando Eimbcke hace un trabajo notable con la dirección de actores, destacando principalmente a Teresita Sánchez interpretando a un personaje de emociones contenidas y a Bastián Escobar, el niño que evita cualquier tentación de ternura fácil. Aplausos para el elenco.

Si hay algo que define a Moscas por encima de cualquier otro elemento es su manera de entender la maternidad y el reconocimiento del otro a través de la empatía, sin golpes de efecto ni discursos. Olga no se ablanda porque el niño sea adorable, se ablanda porque en él reconoce un dolor que también es suyo. Ese reconocimiento mutuo, construido a fuego lento, es lo que sostiene toda la película.

La comparación con La tumba de las luciérnagas no es gratuita: al igual que en la cinta de Isao Takahata, el niño de Moscas queda a merced de un sistema que no logra darle lo que necesita, obligado a construir su propio refugio emocional con lo que tiene a la mano. Eimbcke, dos décadas después de Temporada de patos, demuestra que su cine de la espera y el microcosmos sigue teniendo mucho que decir, ahora con una gravedad emocional distinta.

En conclusión, Moscas es una película que premia la paciencia con una honestidad emocional poco común: nos habla del duelo, de la maternidad y del cuidado del otro sin necesidad de levantar la voz, apostando por el silencio como su lenguaje principal.

Título: Moscas.
Título original: Idem.
Dirección: Fernando Eimbcke.
Intérpretes: Teresita Sánchez, Bastian Escobar, Hugo Ramírez y Enrique Arreola.
Género:
Drama.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 99 minutos.
Origen: México/ España.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Maco Cine.
Fecha de estreno: 02/07/2026.

Puntaje: 8 (ocho)

Gentileza: Nueva Tribuna España

 

 

 

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