Por Juan Alfonso Samaja
*Se advierte al lector que la crítica contiene spoilers
La tierra ha sido devastada por la caída del mega meteorito Clarke, y un grupo de sobrevivientes ha podido subsistir en un bunker durante 9 meses. Dadas la escasez de las provisiones deciden salir a la búsqueda de nuevos territorios, con la expectativa de llegar a un nuevo reservorio donde ha vuelto a florecer la vida en la tierra.
Crítica
La historia que se narra es la continuación de Greenland (2020), aunque es justo mencionar que esta secuela resulta perfectamente inteligible aun en el caso de no haber visto la primera entrega. Y esto es el primer punto a favor que tiene esta película. He insistido en notas anteriores sobre el defecto de algunas secuelas que desconocen el formato específico de las condiciones de exhibición cinematográfica. En efecto, lo que se conoce como espectáculo cinematográfico -instituido en los años ´30- opera con una dilatación temporal muy extensa en comparación con la producción del folletín de las primeras décadas del cine, que anidará varios años más tarde en el discurso seriado de la televisión y que actualmente sobrevive en las plataformas de streaming. Lo propio del formato cinematográfico es la autonomía narrativa y la garantía de inteligibilidad en el tiempo de expectación. Sobre este particular, nos hemos vuelto a pronunciar en nuestra crítica sobre Exterminio: El templo de los huesos.

El segundo punto a favor de esta saga es la duración moderada y el foco narrativo de su argumento; el relato no se excede innecesariamente ni propone líneas divorciadas del propósito central de los sobrevivientes. La premisa es clara y unitaria: deben salir del bunker y hallar el hueco que ha dejado el cráter mayor, donde, presumiblemente, habrá vuelto a florecer la vida en el planeta.
El aspecto más flojo de la propuesta es la debilidad dramática de los acontecimientos, y la muerte demasiado repentina de personajes que podrían haber enriquecido la historia, como la Dra. Amina y Obi.
En relación a la debilidad dramática es muy llamativo lo que ocurre con esta segunda entrega, sobre todo si la comparamos con la producción del 2020. Un buen cine catástrofe es aquel que no delega en el desastre natural toda su fuerza dramática, si no el que entiende que esto sólo es una anticipación ominosa de un desastre humano que se avecina y amenaza con la destrucción del tejido social básico, llevando a cada individuo a una actitud extremadamente egoísta. La producción de 2020 ostenta un equilibrio impecable en este sentido, y casi todas las situaciones que enfrenta la familia cuando interactúa con otros seres humanos resultan indefectiblemente alteradas de modo violento y dramático, y son estas situaciones y no el cometa que se avecina, lo que mueve el dramatismo del film.

Por el contrario, en esta segunda entrega todas las situaciones que el grupo enfrenta se resuelven sin conflictos; como si el grupo fuese tranquila y plácidamente escalando peldaños hasta llegar al desenlace. Todos los episodios que –potencialmente- podrían haber movilizado el dramatismo narrativo (la confrontación con los sobrevivientes fuera del búnker; con los ciudadanos en Liverpool, con los soldados en Francia, etc.) o bien no alcanzan el desarrollo suficiente para que se instale de manera concluyente el conflicto, o, directamente, se omite el conflicto mismo. Lo más cercano a un conflicto con la dimensión humana son las escenas de los botes en la costa (donde los sobrevivientes del búnker y los restantes disputan la entrada a los botes), el enfrentamiento con los soldados de Liverpool, y con los insurrectos que intentan robarles el vehículo. Ninguna de ellas se ha desarrollado lo suficiente como para dar lugar a la duración del componente dramático. Otras situaciones en cambio se presentan sin conflicto alguno, es decir, donde sería esperable que aparezcan obstáculos, interferencias, mezquindades y egoísmos, todo sale bien, tal como ocurre con la amabilidad de Obi, el encuentro con MacKenzie en la casa de cuidados de los ancianos, el encuentro con la familia francesa, y con los soldados.
Si la película anterior es un hallazgo narrativo de conservación y acumulación de disonancias que van configurando el territorio del conflicto humano, esta segunda entrega es una larga sucesión de acumulación de reposos y sonidos agradables, pero que no generan tensión. Si la primera película lleva la angustia in crescendo no sólo en relación al meteorito, sino fundamentalmente a los obstáculos que van surgiendo por la dimensión humana del desastre, esta última producción ha decidido que no quiere ya angustiarnos, únicamente darnos palmaditas en la espalda y ofrecer una visión ingenuamente optimista y cursi de la realidad.
Título: El Día del Fin del Mundo: Migración.
Título original: Greenland 2: Migration.
Dirección: Ric Roman Waugh.
Intérpretes: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Amber Rose Revah, Sophie Thompson, Trond Fausa Aurvåg y William Abadie.
Género: Thriller, Ciencia-ficción, Acción.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 98 minutos.
Origen: Reino Unido/ EE.UU.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Diamond Films.
Fecha de estreno: 05/02/2026.
Puntaje: 6 (seis)
