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lunes, 24 agosto 2026
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La hora de los valientes: ¿Veinte años no es nada?

Por Maximiliano Curcio

La realización de La hora de los valientes por parte de un cineasta argentino como Ariel Winograd, a exactas dos décadas del estreno del emblemático título original de Damián Szifrón —segundo largometraje de una carrera en franco ascenso—, se plantea como un posible diálogo intergeneracional del cine argentino. Con estreno directo en Netflix, la nueva versión, protagonizada por Luis Gerardo Méndez y Memo Villegas, parece apostar por un riesgo artístico cuidadosamente dosificado, más cercano a la estrategia industrial que a la verdadera reinvención.

Producción de K&S Films, el proyecto constituye la cuarta experiencia de Winograd en México, consolidando una trayectoria paralela a la desarrollada en Argentina con títulos como Vino para robar y Permitidos. Sin embargo, los motivos que impulsan este regreso exceden los de una remake convencional: aquí se advierte la intención de hacer latir nuevamente una historia en otro tiempo y contexto, aunque el impulso no alcanza la intensidad necesaria para sostenerse. Que un director argentino retome la obra de otro compatriota podría haber significado un gesto de continuidad dentro de una tradición viva, un intercambio fértil con una memoria cinematográfica compartida. No obstante, el resultado se percibe insuficiente, incapaz de trascender la repetición o de proponer una lectura verdaderamente reveladora.

La película fracasa al intentar capturar aquella combinación precisa de humor, riesgo y reflexión que convirtió al film original en objeto de culto. Configurada como buddy movie de manual, guiada más por fórmulas que por intuición, pierde terreno frente al carisma de la dupla integrada por Luis Luque y Diego Peretti, diluyendo la picardía marcadamente argentina que definía a sus personajes. Y no se trata únicamente de una cuestión de idiosincrasia: el sentido de la comedia, el ritmo narrativo y la concepción misma de la acción, reformulados bajo parámetros industriales ajenos al espíritu inicial, terminan por alterar aquello que otorgaba identidad y vitalidad a la propuesta precedente.

Si a priori el traslado de la narrativa a otro territorio prometía explorar cómo temas como el coraje, la ironía o la sensibilidad social se resignifican en un contexto distinto, lo reflejado en pantalla dista de lo mínimamente aceptable. La reflexión sobre qué nos vuelve valientes —y sobre cómo las historias argentinas pueden enriquecerse al desplazarse geográficamente— ofrece más vacilaciones que hallazgos. El sentido artístico se diluye en una actualización superficial que no encuentra una necesidad expresiva clara ni una perspectiva propia que justifique su existencia. Más que dialogar con su antecedente, la película queda atrapada en su sombra, evidenciando que no toda revisitación implica renovación y que, sin una mirada capaz de reconfigurar lo heredado, el regreso puede volverse estéril.

Frente a esta versión, las preguntas emergen con mayor nitidez: ¿qué aporta realmente?, ¿por qué volver sobre este material?, ¿para qué reabrir una obra si no es para tensionarla, expandirla o contradecirla? Resulta relativamente sencillo enumerar los argumentos que evidencian el carácter prescindible de esta nueva versión. ¿Qué pudo haber atraído al director, autor de títulos significativos del cine nacional, a embarcarse en semejante empresa? El desconcierto no sólo impide formular certezas, sino que deja abiertos los interrogantes, suspendidos en una irresolución que la propia película no consigue disipar.

Título: La hora de los valientes.
Título original: Idem.
Dirección: Ariel Winograd.
Intérpretes: Luis Gerardo Méndez, Memo Villegas, Christian Tappán, Noé Hernández, Iván Aragón, Enrique Arreola y Verónica Bravo.
Género: Remake, Policial, Comedia.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 107 minutos.
Origen: México/ Argentina.
Año de realización: 2025.
Plataforma: Netflix.
Fecha de estreno: 19/12/2025.

Puntaje: 4 (cuatro)

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