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domingo, 26 julio 2026
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El amor que permanece: Aprender a soltar también es una forma de amar

Por Iara Reboredo

Las historias sobre separaciones suelen concentrarse en el momento de la ruptura. El director Hlynur Pálmason pone el foco en lo que pasa después, cuando el amor deja de ocupar el mismo lugar, pero sigue presente de otras maneras. El amor que permanece encuentra su mayor fortaleza en esa observación paciente de los vínculos cotidianos, de los silencios y de lo que queda incluso cuando una pareja ya tomó caminos distintos.

La trama sigue a Anna y Magnus durante un año marcado por el proceso de divorcio y la crianza compartida de sus tres hijos. Sin recurrir a grandes conflictos ni escenas de confrontación, la película construye un relato donde las emociones se manifiestan en acciones mínimas: una comida familiar, un intento de acercamiento, una conversación incómoda o el simple paso del tiempo. Ese enfoque convierte la cotidianeidad en el verdadero motor de la historia y permite que el espectador complete lo que los personajes muchas veces prefieren callar.

Uno de los mayores aciertos de la película está en su propuesta visual. La naturaleza islandesa no funciona solo como un escenario de fondo, sino como un reflejo del estado emocional de los protagonistas. El paso de las estaciones acompaña la transformación de los personajes y dialoga constantemente con el trabajo artístico de Anna, cuyas esculturas parecen integrarse al paisaje en lugar de imponerse sobre él. La fotografía privilegia la contemplación y encuentra belleza en espacios abiertos, materiales desgastados y momentos de aparente sencillez. En algunos pasajes, sin embargo, la película se queda en esa búsqueda estética y ciertos recursos rompen el equilibrio narrativo, dejando la sensación de que aportan menos de lo que prometen.

Las actuaciones sostienen con naturalidad ese tono íntimo. Saga Garðarsdóttir compone una Anna contenida, que expresa mucho más desde las miradas y los silencios que desde las palabras, mientras que Sverrir Guðnason construye un Magnus imperfecto y vulnerable, incapaz de aceptar por completo el final de su relación. Entre ambos existe una química que hace creíble el vínculo, incluso en los momentos de mayor distancia. La presencia de los tres hijos, interpretados por los propios hijos del director, aporta una espontaneidad que refuerza la sensación de estar observando fragmentos de una vida real antes que una ficción cuidadosamente calculada.

El amor que permanece marca interés por explorar los vínculos humanos desde una mirada profundamente sensible; es una película que exige paciencia y se toma su tiempo para desarrollar cada emoción, una decisión que puede alejar a quienes busquen un drama más convencional. Más allá de eso, su honestidad, la delicadeza con la que retrata la transformación de una familia y la potencia de su propuesta visual convierten esta historia en una experiencia tan melancólica como genuina.

Título: El amor que permanece.
Título original: Ástin sem eftir er (tcc The Love That Remains).
Dirección: Hlynur Pálmason.
Intérpretes: Saga Garðarsdóttir, Sverrir Gudnason, Ingvar Eggert Sigurdsson, Ída Mekkín Hlynsdóttir y Anders Mossling.
Género: Comedia dramática, Drama familiar.
Calificación: Supervisión parental sugerida.
Duración: 109 minutos.
Origen: Islandia/ Dinamarca/ Suecia/ Francia.
Año de realización: 2025.
Distribuidora: Zeta Films.
Fecha de estreno: 23/07/2026.

Puntaje: 8 (ocho)

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