Por Mónica Grau-Setó, corresponsal en España
*Se advierte al lector que la crítica podría contener spoilers
Jason Statham lleva años interpretando a tipos duros y a justicieros en numerosas películas de acción y aventura. Además, en sus últimos filmes, se ha convertido en uno de los mejores guardaespaldas y vengadores maduros del cine actual, con el permiso de Liam Neeson. Ejemplos de ello son Justicia implacable (2021), Beekeeper: Sentencia de muerte (2024), Rescate implacable (2025) y El Guardián: Último refugio (2026).
Y ahora interpreta a Cole Reed, un expolicía y experto en seguridad que lleva tiempo protegiendo a la millonaria familia Campallo, con la que ha establecido un vínculo más allá de lo profesional. Ellos son los propietarios de la empresa de logística e importación KMG, encargada de transportar mercancía alrededor del mundo, y su fundador, Manuel Campallo, quiere retirarse firmando la venta de la compañía.
Pero la noche anterior a este traspaso, y tras una lujosa celebración, el vehículo donde viaja el empresario junto a Cole es acorralado en una emboscada planificada, y el empresario es asesinado. Inmediatamente, la policía corrupta culpa a Reed, por lo que su rostro y su nombre aparecen en todas las noticias.

El guardaespaldas toma una decisión: deberá descubrir quién ha ordenado el asesinato. Por ello, decide infiltrarse a bordo del carguero Artemis de KMG, que partía esa misma noche. Cole sospecha que algún tipo de negocio ilegal ha estado sucediendo en los barcos de la compañía y, como polizón, podrá descubrir qué ocultan los que han querido impedir la venta, además de demostrar su inocencia y así limpiar su nombre.
Al inicio, conocemos al protagonista a través de momentos de observación donde la diferencia entre la vida y la muerte está en los detalles. Esto deja claro que es un hombre callado y reservado que analiza y parece leer los rostros de cualquiera que entre en su ángulo de visión.
La acción empieza tras el tiroteo, cuando accede a bordo del Artemis, siendo inevitable la comparación con la mítica película Duro de matar (1988), protagonizada por Bruce Willis. Aquí la historia traslada la acción trepidante del sitiado edificio Nakatomi a un barco, donde un grupo de hombres armados van siendo derrotados, uno por uno, por un enemigo invisible y cuya identidad inicialmente desconocen. Aunque, cabe destacar, el personaje interpretado por Statham no tiene ni el carisma ni el sentido del humor de John McClane/Willis, ni llega a resultar herido en tantas ocasiones.

Entran en juego también otros títulos como Alerta máxima (Under Siege, 1992), con Steven Seagal a bordo del acorazado americano USS Missouri, o la olvidable secuela Máxima velocidad 2 (Speed 2: Cruise Control, 1997), con Sandra Bullock a bordo del crucero de vacaciones Seabourn Legend; filme en el que no llegó a embarcarse Keanu Reeves, quien debió de oler el naufragio en el propio guion.
Por ello, Mutiny entra a formar parte de este tipo de películas de acción que, lejos de mostrar persecuciones y numerosos escenarios, nos encierra junto a los protagonistas en un espacio aislado y sin salida; un escenario perfecto para el juego del gato y el ratón.
Al igual que los dos títulos míticos de los años 90, el protagonista se convierte en héroe al encontrarse ante una situación límite que pone en peligro a inocentes y recibe apoyo de forma accidental. En esta ocasión, la ayuda viene de Angie Ellis (Annabelle Wallis), la tercera oficial a bordo, quien desconocía la carga ilegal que transporta el barco.
Ellis y Cole estarán en peligro cuando descubran la naturaleza de la mercancía a bordo, asociándose para sobrevivir y moviéndose por un barco lleno de hombres armados. Será el momento de armarse, preparar trampas y distracciones mientras intentan esquivar las balas y liberar a unos rehenes, con la esperanza de llegar al puente y poder contactar con algún barco cercano para advertir de la situación.

La película cumple como título de acción y entretenimiento, pero no logra dotar al héroe de una identidad definida. Apenas sabemos aspectos de su pasado y, por lo tanto, tanto él como la oficial resultan ser personajes bastante planos.
El director francés Jean-François Richet tiene experiencia en el género de acción con títulos como el remake de Assault on Precinct 13 (2005), Blood Father (2016) o Alerta extrema (2023). En este filme aprovecha los espacios limitados del interior de un carguero —desde tuberías y recovecos estrechos hasta las secuencias en la cubierta con persecuciones—, creando elementos defensivos en alta mar junto a juegos de perspectiva. Sin embargo, faltan escenas impactantes y memorables, y tampoco hay una escenografía de lucha que deje con la boca abierta al espectador.
Da la sensación de que Jason Statham, que además de interpretar al protagonista es también uno de los productores del filme, ha encontrado una fórmula demasiado cómoda y repite de nuevo el mismo arquetipo de exmilitar o policía… un solitario que protege o venga a un inocente repartiendo puñetazos o balas, pero a desgana, y que definitivamente no es John Wick.
Título: Código: Venganza.
Título original: Mutiny.
Dirección: Jean-François Richet.
Intérpretes: Jason Statham, Annabelle Wallis, Adrian Lester, Roland Møller, Chaneil Kular, Ramon Tikaram, Arnas Fedaravičius y Jason Wong.
Género: Acción, Thriller.
Calificación: R-17 años.
Duración: 95 minutos.
Origen: Reino Unido/ EE.UU.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: BF+Paris Films.
Fecha de estreno: 10/09/2026.
Puntaje: 4 (cuatro)
