Por Pablo E. Arahuete

Luego de su paso por el Bafici, Fin de Semana se estrena comercialmente a partir del 4 de Mayo. Tuvimos una entrevista con su director Morocco Colman, donde indagamos sobre aspectos estéticos para una propuesta cinematográfica de fuerte impacto visual y poco convencional en lo que a tratamiento de la imagen se refiere.

Pablo E. Arahuete: -Me llamó la atención en el aspecto plástico la sintonía entre las texturas y las emociones ¿lo pensaste desde el primer momento o fue un trabajo en conjunto con los directores de fotografía?


Morocco Colman: –Lo pensé antes. Al momento de elegir los directores de fotografía, cuando me junté con ellos, ya tenía claro lo que quería y cómo lo quería. Obviamente, a partir de mi propuesta trabajamos en conjunto para enriquecerla. Hay una búsqueda formal muy fuerte. Intenté que trama, conflicto y forma dialoguen como una unidad sólida, y que ésta se vaya transformando según el estado de ánimo interno de los personajes y su vínculo. Soy arquitecto y diseñador gráfico, así que para mí el estudio de las formas y en relación al contenido es algo que siempre lo tengo en cuenta. Te resumo las 3 estéticas:

Bloque 1: claroscuro, ratio 4.3, sonido mono, montaje abrupto.

Bloque 2: A dos luces, roja y azul, saturadas, ratio 2:35.1, sonido 5.1 surround, montaje ágil.

Bloque 3: Luz natural, ratio: 16.9, sonido estéreo, montaje pausado, con transiciones, más contemplativa.

También tenía elegido el lente a usar (50 mm) y el diafragma (f: 2.8). Eso no se podía modificar a lo largo de toda la película. Me interesaba trabajar con un director de fotografía diferente para cada bloque ya que quería que ellos iluminen a su manera. De utilizar uno solo para toda la película, más allá que eran propuestas estéticas muy distintas, iba a suceder que todo iba a estar iluminado con un mismo estilo y yo quería que cada uno trabaje a su forma para obtener resultados bien distintos. De hecho, los pedidos de luces fueron todos diferentes. Uno trabajó con faroles HMI, otro con luces prácticas y fresneles, otro utilizó en su gran mayoría luz disponible. Y a la hora de iluminar rostros y espacios, cada uno lo encaraba de una manera diferente y eso era lo que quería justamente, sin que haya consenso entre ellos, de hecho nunca nos juntamos todos, siempre era por separado. Ellos querían pero yo no. Quería que fueran como 3 películas distintas. Luego yo me iba a encargar de que sea una, buscando unificar con el mencionado lente, diafragma, tipo de plano, música, paso sutil de un ratio a otro, etc.

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P. E. A.: – ¿Siempre estuvo presente la no referencia del vínculo entre las dos mujeres?

Morocco Colman: –El proceso es largo y más allá de que el vínculo fue siempre el mismo, llega un momento en que empezás a pensar cómo querés que el espectador reciba la información. Ahí es donde ajustas el guión, la dirección de actores en rodaje, los diálogos y el montaje en función a cómo querés que se vaya dando la información. Busqué que algunos diálogos den pistas hacia un tipo de vínculo, pero a los pocos minutos otro diálogo haga pensar que es otro vínculo. Dejando todo ambiguo, de manera de tener siempre atento al espectador y nunca dando la información servida. Y de esa forma, según la experiencia de cada uno, el resultado del vínculo iba a ser diferente y así sucedió. Muchos creen que son hermanas, otros amigas, otros madre e hija. Y por ejemplo, el que me dice que para ellos son hermanas, afirma que es imposible que sean madre e hija por el tipo de vínculo que tiene y así viceversa.

P. E. A.: -¿Qué efecto desde el punto de vista narrativo buscaste al trabajar en zonas de ambigüedad en esa relación?

Morocco Colman: –Mi intención era dialogar con el espectador y que él complete la película, por lo que contaba antes. Los personajes no se dicen todo, como ocurre en la vida real. Por momentos los personajes y el espectador saben la misma  información. Carla y Martina no conocen mucho de sus vidas, ya que no se han visto por muchos años y el espectador está recibiendo la misma (poca) información.

P. E. A.: -¿Cómo se trabajaron las escenas de sexo y violencia en relación a la cámara y a la cercanía en el plano?

Morocco Colman: –Quería mostrar las escenas de sexo tal como son, sin evadirlas. Acá en Argentina, en líneas generales, cuando uno muestra genitales la gente se horroriza, hay algo muy puritano en nuestra sociedad. Y a la hora del casting no fue nada fácil encontrar actrices y actores dispuestos a no tener esos pruritos. En el cine Argentino (en la mayoría de los casos) las escenas de sexo se muestran de forma muy poco creíbles. No quería poner un acento en esas escenas, sólo que llaman la atención por nuestra cultura e idiosincrasia. En la historia están justificadas, en el caso de Martina y Diego, ellos tienen ese juego sexual como punto de encuentro y en el de Carla, como Martina, son muy libres al momento del disfrute sexual. Con respecto a la cercanía del plano, la película está filmada en primeros planos y al momento de rodar las escenas de sexo, la idea fue seguir con el mismo criterio que venía trabajando, sin evadirlas, sin alejarme, ni tampoco acercarme más de lo que venía haciendo con la cámara respecto a los personajes.

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