Por Pablo Arahuete

Tomas Lipgot se sumerge desde Vergüenza y Respeto, su más reciente documental, en la intimidad de una comunidad gitana en la Provincia de Buenos Aires, atento a sus costumbres y con la intención de derribar todo preconcepto y prejuicio. En esta entrevista exclusiva, el director de El árbol de la muralla -2012- nos detalla los pormenores de su nuevo film.

verguenza y respeto foto2


P.E.A.: – ¿Cómo lográs construir desde la distancia una mirada lo suficientemente sólida para ser testigo de la intimidad de esta comunidad, en apariencia cerrada a todo estímulo del afuera?

verguenza y respeto aficheTomás Lipgot: – No sabría responderte con precisión, pero creo que la confianza cumple un papel fundamental en esto. La confianza ganada y entrega por ellos quizá sea lo que permita transmitir esa visión.

También esto está vinculado con lo cerrado hacia afuera. Es comprensible, visto desde una vara histórica con todas las constantes persecuciones que han sufrido, que estén replegados y desconfiados del “mundo exterior”.

 

P.E.A.: – ¿Qué fue lo más dificultoso desde tus propios preconceptos sobre la cultura gitana?

Tomás Lipgot: – Hice todo lo posible en dejar de lado mis preconceptos y prejuicios porque creía que si eso se traslucía y desembocaba en la película iba a afectar lo que quería contar. No es que no los tuviese pero todo el tiempo intenté dejarlos de lado.

 

P.E.A.: – ¿Tuviste reparos o censura de alguno de los miembros familiares que aparecen durante el documental?

Tomás Lipgot: – Para nada. Hubo una instancia previa al corte final donde quedaron algunas escenas fuera de la película, pero eso era algo consensuado. Era material más bien vinculado con la intimidad de algunas costumbres, que me pareció prudente dejarlas afuera del relato.

 

P.E.A.: – ¿Notaste en alguna ocasión cierta impostura frente a cámara?

Tomás Lipgot: – No. Era un gran temor que tenía antes de empezar el rodaje. Si bien intuía que eran grandes personajes los de la familia Campos, no sabía que iba a pasar frente a cámara, donde las cosas suelen ser distintas. Trabajamos sobre la consigna de que ellos tenían que hacer de sí mismos, pero que no tenía que notarse. Afortunadamente, lo entendieron a la perfección y “actuaron” increíblemente, con mucha espontaneidad y frescura.verguenza y respeto foto3

P.E.A.: – ¿Cuáles fueron tus motivaciones para acercarte a esta comunidad?

Tomás Lipgot: – Siempre sentí afinidad por el pueblo gitano. Hace un par de años, yo estaba filmando para mi documental anterior, El árbol de la muralla -2012- y fui a visitar el pabellón gitano. Ahí mismo comenzó la idea, volví y me puse a trabajar en esta película.

 

P.E.A.: – ¿Qué representa para vos la Ley gitana, algo que resume el título de este film?

Tomás Lipgot: – Para mí en lo personal no mucho porque no estoy sujeto a esa Ley. Pero es muy importante para los gitanos ya que regula el ordenamiento de lo que ellos consideran necesario para poder vivir y mantener sus costumbres como pueblo.

 

P.E.A.: – Si uno repasa en tu filmografía, la memoria es un elemento de resistencia y hasta contra cultural ¿Considerás que para los gitanos esa memoria es esencial para que no se pierda el legado y la tradición en un mundo en constante cambio?

Tomás Lipgot: – Yo creo que sí. En este caso particular de los gitanos estamos hablando de memoria oral, que siempre fue como se transmitió el legado de generación en generación. El pueblo gitano es ágrafo y tradicionalmente la oralidad cumplió un papel importante en la transmisión de la memoria. El tema de mantener la ley en un mundo en constante cambio y vertiginosidad es un conflicto muy fuerte en el seno de la comunidad gitana contemporánea.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here