Por Pablo Arahuete

Hija única (2016) es el cuarto opus de Santiago Palavecino, sumerge al espectador en un misterioso juego de espejos y expande los elementos del melodrama clásico para encontrar zonas que abarcan los problemas de la identidad, sin dejar de lado una trama rica en subtramas, apoyada en buenas actuaciones y con una notable dirección por parte del propio Palavecino.Hija única: La doble herencia 3

Antes de quedar cautivados con la primera imagen, una consigna arrebatada al francés Michel de Montaigne (1533 – 1592) impacta en pantalla: “¿puede alguien heredar de sus padres sus deseos, culpas, miedos o pensamientos?”, inmediatamente un avión y Ailín Salas como pasajera en una noche lluviosa, acompañada no sólo de ese intenso aguacero, sino también de la música clásica y estridente de Prokofiev.


Luego, imágenes sin conexión aparente, pero con esa música de fondo. Por lo cual, el misterio lejos de resolverse comienza a penetrar de a poco en la historia.

Para introducirse en el universo de Hija única (2016) no se deben perder de vista una serie de leyes: la suspensión de credulidad que hace el verosímil más interesante, la fragmentación como recurso narrativo y temporal y por último, el doble juego entre la correspondencia de una imagen con otra y la no correspondencia en esa posible continuidad.

La que bajó del avión es Delfina (Ailín Salas), en el año 2017 (¿un film futurista?). Ella viene de Nueva York para terminar unos trámites y pasa por el cementerio de un pueblo. Se detiene en la tumba de Julia (Ailín Salas) sin sorprenderse que la de la foto es idéntica a ella.

Ahora bien, en 2005, donde se desarrolla gran parte de la historia, Juan (Juan Barberini), su esposa Berenice (Esmeralda Mitre) y su hija Delfina (Carmela Rodríguez) forman parte de lo que sería una familia común. Sin embargo, transcurrido un tiempo de metraje y algunos comportamientos llamativos de la niña que generan conflictos entre sus padres irrumpe el año 1992, donde el foco de atención se deposita esta vez en Juan. Él va a conocer a su verdadera familia luego de enterarse que es hijo de desaparecidos y que sus apropiadores le ocultaron la información.

La mezcla de tiempos requiere por parte del espectador una atención especial, porque los retrocesos y avances son parte del juego, pero también de la probable desilusión al verse superado por este laberinto.

No obstante, Palavecino, consciente del desafío, propone un relato intenso yHija única: La doble herencia 2 donde la posibilidad de alejar la mirada es prácticamente imposible, tanto por la belleza de las imágenes -donde es de destacar a Fernando Lockett y su aporte en la dirección de fotografía- como así también de una banda sonora, en la que cada tema clásico encuentra su espacio dramático para no pasar desapercibido e impregna a algunas secuencias y decisiones de puesta en escena de un tono singular y acorde a veces al estilo onírico y otras al del puro melodrama. Esto hace de Hija única algo puramente cinematográfico.

Claro que como todo rompecabezas supone atar cabos, son las subtramas las que proporcionan los instrumentos y la información para buscar los distintos caminos, sin embargo, el horizonte nunca deja de ser el melodrama y la apuesta: la suspensión de credulidad.

El elenco se adapta a esa idea y sobre todo Ailín Salas, quien demuestra nuevamente -y con Palavecino especialmente, como ocurriera en Algunas chicas (2013) su misterio, magnetismo y capacidad de mutar en un segundo, tanto desde su rostro como desde su cuerpo.

Interrogantes quedan por resolverse, aunque también eso forma parte de un juego de pistas falsas, porque el misterio en realidad se va diluyendo para que entre en escena otro tipo de conflicto con la identidad y con la herencia, tanto en el orden material como simbólico. Nada de eso está alejado del amor, del dolor, de la ausencia y del irreversible cambio en el instante.

Hija única: La doble herencia 4Título: Hija única
Director: Santiago Palavecino
Intérpretes: Juan Barberini, Esmeralda Mitre, Ailín Salas, Carmela Rodriguez, Luciano Linardi, Stella Galazzi, Susana Pampín
Calificación: Apta para mayores de 13 años
Género: Melodrama
Duración: 110 minutos
Origen: Argentina
Año de realización: 2016
Fecha de estreno: 10/11/2016
Distribuidora: Energía

Puntaje 8 (ocho)

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