Por Francisco Nieto, corresponsal en España
Para empezar, unir el Lucha o Vuela del inglés Fight or Flight con Sicarios en el aire puede que sea uno de los títulos españoles más originales de lo que va de año cinematográfico. Y es que, aunque parezca mentira, aún no está todo inventado en el tema de las traducciones de los títulos originales.
Josh Hartnett, protagonista absoluto de la peripecia, es uno de esos actores cuya carrera no ha estado exenta de intriga, preguntándonos por qué no se ha mantenido entre los grandes nombres de Hollywood con la cantidad de producciones en las que ha llegado a participar.
Desde finales de la década de los noventa, cuando debutó en el cine con Halloween H2O y The Faculty, hasta principios de los dos mil, cuando se convirtió en una gran estrella gracias a Pearl Harbor y La caída del Halcón Negro, Hartnett recorrió un camino que parecía haberle consolidado sistemáticamente como uno de los nombres más importantes de la industria.
Aunque lo tenía todo, su carrera continua ha revelado a un actor al que probablemente no le importaba tanto consolidarse como estandarte hollywoodiense como tomar decisiones interesantes y, a veces, elegir películas peculiares e incluso arriesgadas. Esto mismo ocurre con este último estreno que ahora nos ocupa.

La trama es de las que te sugieren o sorpresa o incredulidad, o lo que es lo mismo: ¿la veo o me la salto? Un exagente del servicio secreto estadounidense malvive dado de baja en Bangkok. Allí se le ofrece la oportunidad de volver a la acción y redimirse cuando un objetivo no identificado del Servicio Secreto supuestamente está a bordo de un vuelo Bangkok- San Francisco. La agencia le pide que identifique, encuentre a dicho objetivo y lo entregue con vida.
El problema es que en el mismo vuelo hay un grupo de asesinos que también comparte objetivo, en este caso para eliminarlo del mapa, y que cuando sepan que les ha salido competencia no cejarán en su empeño de acabar con uno y con el otro.
Acción trepidante, violencia, combates cuerpo a cuerpo, artes marciales y buen humor hacen del debut como director del especialista en efectos especiales James Madigan (trabajó en Red 2, la primera Megalodón, la última Transformers…): un espectáculo sumamente entretenido, aunque con fisuras de las gordas que deslucen el conjunto.
Las armas, las batallas y las alianzas son extravagantes, pero necesarias porque permiten a los espectadores disfrutar de la masacre. Lo supuestamente serio del argumento se expone en un plis para volver rápidamente a lo que interesa, que son las peleas sin final.
La coreografía se centra en nuevos elementos de lucha, sangre y drogas para mantener al público enganchado en todo momento. Sin embargo, hay que reconocer que el montaje es bastante torpe e incluso si te fijas un poco puedes adivinar a los dobles de acción.
La pléyade de asesinos sanguinarios es muy variopinta y te puedes encontrar a múltiples aniquiladores que van desde un aspirante a bailarín hasta otro con ojos de gato, pasando por un trío femenino de karatecas que actúan de perfectas roba escenas. Un grupo diverso multicultural que ofrece tanto diferentes estilos de lucha como diferentes personalidades.

Por poner otro pero al cóctel explosivo que se nos regala, podríamos hablar de lo limitados que son los roles secundarios que rodean al héroe de la función. Lo cierto es que los actores que pululan por la pantalla podrían ser un poco más creíbles.
Aun así, la película deja clara su identidad de disparate desde el principio, por lo que apenas molestan esas deficiencias interpretativas (además, no duran mucho en pantalla, porque van siendo eliminados a un ritmo trepidante), las lagunas en el guion (¿alguien nos puede explicar cómo no se ha detectado una motosierra en el control de equipajes?) o su textura televisiva, una patología clásica del cine moderno.
El final invita a una posible segunda parte. Sin embargo, pensamos que con una es más que suficiente.
Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que Fight or Flight es una versión de bajo presupuesto de Bullet Train, pero eso no quita que tenga su propia personalidad. Hartnett se encarga de una actuación intensa y muy física, rayando en ocasiones el cartoon más desmelenado, sin escatimar esfuerzos en las escenas de lucha, donde desde luego pone todas sus carnes en el asador.
Lo logra y se nota, lo que automáticamente otorga puntos extra al actor que decide arriesgarse en una producción palomitera donde se ponen a prueba sus dotes acrobáticas, aunque sepamos que no sea su fuerte, pero también consigue elevar el tono de la película con su incontestable carisma, que sin él sería un bodrio de los buenos.
De todas maneras, este estreno viene a ser una más de las muchas cintas de acción que no paran de llegar a las atiborradas carteleras semana sí y semana también. Al igual que ocurría con Love Hurts (aún inédita en Argentina) y Novocaine: Sin dolor, ambas en cartel en este mismo año 2025, es divertida y está repleta de acción desopilante de principio a fin.
Título: Fight or Flight.
Título original: Idem.
Dirección: James Madigan.
Intérpretes: Josh Hartnett, Charithra Chandran, Katee Sackhoff, Julian Kostov, Marko Zaror, JuJu Chan Szeto, Sanjeev Kohli, Rebecka Johnston y Attila Árpa.
Género: Acción, Thriller, Comedia.
Calificación: AM 16 años.
Duración: 102 minutos.
Origen: EE.UU./ Reino Unido.
Año de realización: 2024.
Plataforma: Prime Video.
Fecha de estreno: 09/05/2025.
Puntaje: 6 (seis)
Gentileza: Revista Encadenados
