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domingo, 7 diciembre 2025
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The Rocky Horror Picture Show 50° Aniversario: Un musical escalofriantemente bueno

Por Francisco Nieto, corresponsal en España

Para que nos vamos a engañar. Mientras escribo esta crítica para resaltar el reestreno en cines de todo el planeta de The Rocky Horror Picture Show (NdE: la película fue prohibida en Argentina por la censura y estrenada sin pena ni gloria con el título de Orgía de horror y locura casi una década después de su estreno internacional) con el único motivo de celebrar sus cincuenta años desde su estreno en cines estoy escuchando de fondo y por enésima vez su increíble banda sonora. No sé la razón, pero se trataba de un título que se me había resistido hasta hace bien poco. Pudimos saber que el Festival de cine Fantástico de Sitges tenía previsto proyectar dentro de su vasta programación de su última edición el documental conmemorativo Strange Journey: The Story of Rocky Horror, y aprovechando que el film seminal se puede ver en Disney+ nos dispusimos a disfrutarlo como se merece. Y que les vamos a decir: ¡obra maestra absoluta sin paliativos! Igual exagero, porque a poco que se rasque seguro le vamos a encontrar mil y un inconvenientes, pero lo que es bien cierto es que en su imperfección radica su innegable encanto, y no extraña que se haya convertido en film de culto cocinado a fuego lento.

Aquí vamos a hablar del largometraje y no del documental, pero si tienen la suerte de echar un vistazo al segundo no lo duden, porque es una auténtica gozada que sirve como complemento perfecto para conocer de primera mano un montón de anécdotas sobre la producción del clásico setentero. Desde sus orígenes humildes como obra de teatro underground en Londres, hasta su meteórico ascenso como la película de culto más importante de todos los tiempos, se trata de la historia definitiva de The Rocky Horror Picture Show. Con entrevistas a su creador, Richard O´Brien, y a otros nombres importantes como Tim Curry, Susan Sarandon y Lou Adler, el documental explora, de forma ejemplar, las claves de por qué la obra de teatro y el film son tan singulares y originales.

Recordemos mínimamente la sinopsis: Brad y Janet, una pareja recién comprometida, emprenden un relajante viaje por carretera. Desafortunadamente, sufren un pinchazo en medio de una tormenta, en un lugar remoto. Mientras buscan un teléfono para reportar su percance, terminan en un misterioso castillo donde son recibidos por unas criaturas extrañas e inquietantes, cuyo nombre resulta difícil de precisar. El castillo pertenece al Dr. Frank-en-Furter, un alienígena antropomórfico. Es un científico brillante que crea su propia criatura humana perfecta desde cero. Pero en el fondo, es “un dulce travesti de Transilvania” que ha descubierto el secreto de la vida.

El espectáculo desmesurado de The Rocky Horror Picture Show bebe de fuentes obvias: las películas de monstruos de los años 30, los musicales de rock y el terror de bajo presupuesto conforman la estética del filme, una apoteosis pura y espartana de los orígenes del cine de serie B, que además alberga una historia entrelazada con el puritanismo estadounidense y el brillo de la orgullosa juventud americana que envejece prematuramente. Porque lo que se convierte en objeto de sátira, parodia, sarcasmo (de hecho, de una burla deliciosa) no son los orígenes del género, sino el puritanismo como valor comúnmente aceptado. Así en el film el amor por los orígenes impregna cada fotograma, libre de cualquier atisbo de parodia maliciosa. Por el contrario, la obra de Richard O’Brien, adaptada al cine por el australiano Jim Sharman (con el propio autor como coguionista), da voz a las ideas antidiluvianas simbolizadas por la inocente (interpretada correctamente como desinteresada) pareja de Brad y Janet, fruto del contrato de dos jóvenes que se privan voluntariamente de los placeres de la vida en nombre de la conformidad, una costumbre anticuada, una inercia ancestral.

La cómica aventura que viven los dos jóvenes junto a todos esos seres que les parecían «fenómenos» es el camino hacia la liberación en todas sus formas: moral, sexual y mental, y eso es lo que hace a Rocky Horror tan popular. Un valor constante al que todos pueden recurrir para encontrar la búsqueda de la libertad, una apoteosis del culto que ha escrito su nombre con letras de oro en la historia del teatro y el cine. Un musical con aires de glam rock que refleja la ruptura de su época con el pasado a través de números monumentales (¡Todos a bailar el Time Warp otra vez!).

El hedonismo redentor de los personajes, la vulgaridad pura y descarada de sus diálogos, lo grotesco de sus vestuarios acompañan un aura pansexual que cuestiona el concepto de género dentro de un elenco que brilla como un llamativo espectáculo de reacción y cuestionamiento. Como un cabaret barato con el adorado Tim Curry como anfitrión, invitando al espectador a una perversa autoconciencia, a través de una trama principal descaradamente pretenciosa y, sobre todo, una compañía bisexual y lujuriosa que se mueve al ritmo de la legendaria banda sonora. Ahí es nada…

Título: Orgía de horror y locura. Título original: The Rocky Horror Picture Show. Dirección: Jim Sharman.
Intérpretes: Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard O’Brien, Jonathan Adams, Patricia Quinn, Nell Campbell, Charles Gray y Meat Loaf (Michael Lee Aday). Género: Musical, Comedia negra, Sátira, Película de culto. Calificación: AM 13 años. Duración: 100 minutos.
Origen: EE.UU./ Reino Unido. Año de realización: 1975. Distribuidora: Disney – 20th Century Studios. Fecha de estreno en Reino Unido: 14/08/1975. Fecha de estreno en EE.UU.: 29/09/1975. Fecha de reestreno 50° aniversario: 13/11/2025.

Puntaje: 9 (nueve)

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