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sábado, 18 abril 2026
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Cumbres borrascosas: Brontë con el filtro de Los Bridgerton

Por Aleix Sales, corresponsal de Nueva Tribuna España

Las comillas que enmarcan el título ya indican que lo que ha hecho Emerald Fennell es más una reinterpretación que una adaptación al uso de la novela de Emily Brontë, con lo cual ya se puede advertir a los puristas del material que se abstengan, porque no encontraran en ella la versión definitiva. La cineasta inglesa imprime mucha visceralidad en su visión de la trágica y desacompasada relación entre Cathy y Heathcliff, que constituye el eje troncal del film.

Viniendo de dos títulos con potente carga discursiva, en mayor o menor medida, como Hermosa venganza (Promising Young Woman, 2020) y Saltburn (2023), donde ponía sobre la mesa cuestiones como la subversión de los roles de poder en un sistema regido por el heteropatriarcado o la ascensión social, sorprende que Fennell haya optado por focalizarse únicamente en el romance –con sus distintas aristas- y filmar su película menos política con diferencia, a pesar de las múltiples capas y textos de fuerte carga social que ofrece la novela de Brontë. En este sentido, supone una ligera decepción por parte de una artista que, sin ningún tipo de sutilezas, impregnaba sus obras de la rabia de los tiempos actuales, y habría sido un ejercicio de notable interés ver esta aplicación en su primer título de época y, además, basado en material no propio. Fennell, pues, se entrega al romance trágico en una versión alejada de convencionalismos académicos, como la aportación de William Wyler en 1939, de corte más luminoso, y otorgándole un punto más sórdido en el retrato de la dominación y sumisión entre Cathy-Heathcliff-Isabella. La directora pasa el libro de Brontë por el filtro de la posmodernidad de Los Bridgerton, incidiendo fuertemente en el aspecto rosa de la historia, mientras añade toques eróticos más evocadores que explícitos (no, no esperen ver carne). Y esto, para bien y para mal, es una fórmula que funciona para un público mayoritario. Cumbres borrascosas también invoca a referentes de otras adaptaciones deliberadamente anacrónicas y estéticamente fastuosas como Baz Luhrmann, especialmente en un plano musical que combina piezas de corte clásico de Anthony Willis con las composiciones de aura contemporánea de Charli XCX, que por momentos chirrían un poco.

La escogida aproximación de Fennell es eso, una elección, a la que la cineasta saca mucho partido a nivel visual bajo la estimulante óptica de Linus Sandgren, así como un diseño de vestuario (obra de la infalible Jacqueline Durran) y de producción (surgido de Suzie Davies), que ya salen catapultados hacia los Oscar del año que viene, conformando un film imponente, gustoso y muy sensorial. No obstante, entre tanto pasmoso y delicioso preciosismo, una cierta frialdad se acaba instalando y repercutiendo en el corazón de la historia, es decir, en la pasión de los protagonistas. Están los ingredientes, todo está en su sitio, pero falta ese punto de calor para que, más allá de los sentidos, el alma traspase la pantalla. En la disposición de sus elementos, Fennell no termina de lograr que la pasión que el espectador admira a través de sus ojos se convierta en arrebato.

La explicación más lógica para ello se encuentra en un guion de desarrollo un tanto irregular en su conjunto, con una primera media hora desconcertante en cuanto a tono que le cuesta asentarse. Una vez lo hace, la propuesta se encarrila con algún que otro altibajo, agarrando el espectador en todo momento, pero sin llevarlo al éxtasis emocional al que debería llegar. A esos puntos negativos del guion se le suma la distancia ocasionada por los destellos artificiales de la propuesta y una pareja protagonista muy solvente en sus partes individuales, y competente en sus escenas compartidas, aunque no especialmente memorable. Margot Robbie construye una Cathy tan odiosa como frágil, logrando transmitir las contradicciones del personaje (tal vez más de lo que llega el guion); mientras que Jacob Elordi sigue creciendo como intérprete y protagonista encarnando a Heathcliff, aunque en algún tramo parece poseído por un trasunto de Christian Grey del siglo XVIII. El resto del reparto acompaña en armonía a la desdichada pareja, secundando con nota Hong Chau, como la manipuladora criada Nelly, y Alison Oliver, en el papel del segundo plato devaluado que es Isabella.

Con todo dicho, la lectura de Cumbres borrascosas de Emerald Fennell se encuentra en un medio camino entre lo disfrutón y lo grandilocuente, lo cual dificulta su erección como esa gran película profundamente emocionante de la que tenía madera, así como por la desposesión de los elementos más socialmente reivindicativos de la novela, que habrían dado más empaque a un conjunto. Aceptando su falta de pretensiones omnicomprensivas y que, al fin y al cabo, es una mirada parcial a un total inmortal, el film es un entretenimiento suficientemente seductor, puntualmente perverso, notablemente envuelto, que puede, como mínimo, despertar un cierto interés para todo aquél ajeno al texto de Brontë, mientras cae embelesado por los estímulos que Fennell y todo su equipo son capaces de generar. Sobre todo, por los ojos, en el corazón algo menos.

Título: Cumbres borrascosas.
Título original: Wuthering Heights.
Dirección: Emerald Fennell.
Intérpretes: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Shazad Latif, Alison Oliver, Martin Clunes, Owen Cooper, Vy Nguyen y Ewan Mitchell.
Género: Basada en novela, Drama de época, Romance.
Calificación: AM 13 años.
Duración: 136 minutos.
Origen: Reino Unido/ EE.UU.
Año de realización: 2026.
Distribuidora: Warner Bros.
Fecha de estreno: 12/02/2026.

Puntaje: 6 (seis)

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